Dulces colinas acarician
al cielo
con negras crestas salvajes.
Suaves pendientes donde es agradable
resbalar
y volver a ser niño.
Cuenca caliente
y alisada
gracioso retiro
al viajero cansado.
Mas allá de la llanura
un negro bosque le atrae
en su laberinto
húmedo y oscuro.
El va buscando la paz
y el olvido.
Se interna confiado
y loco
y avista en el gran surco de la madre tierra
orgullosas e inaccessibles
paredes de coral.
Prostrado finalmente
yace
a los pies de la lubríca cumbre
a la que anheloso atiende.
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