Pocos minutos después de la hora señalada la central telefónica de BBC colapsó con los llamados de personas que habían experimentado personalmente dicho fenómeno. Por supuesto que se trató simplemente de sugestión colectiva, pues todo no era más que una broma de April Fools' Day.
Parecía que en vez de acercarnos a la solución a cada paso nos alejábamos más.
Nuestra desesperación era tal que prestamos oídos incluso a una explicación que nos llegó desde el campo de la astrología: «Un aspecto que se denomina traslación de luz y que efectivamente une las energías de Júpiter y Saturno, hace que esos puntos sensibles del zodiaco se movilicen. Sufren en mayor medida los nativos de Acuario, Leo, Tauro y Escorpio, mientras que los de Capricornio, Cáncer, Piscis y Virgo no se ven afectados en absoluto».
Pensamos que ya era como mucho. Obviamente estábamos demasiado perdidos, y decidimos preguntar en la siguiente clase al mismísimo don Igor de qué se trataba de verdad el asunto.
Alguien fue comisionado para plantear la interrogante a nombre de todo el curso.
—Profesor, estamos complicados con esto del efecto Júpiter. Hemos buscado qué significa en los libros, preguntado por todos lados, y no hemos podido dar con una definición convincente.
Don Igor sonrió diciendo algo así como:
—Pues ya era hora de que alguien preguntara… La verdad es que el efecto Júpiter no existe.
Nuestra perplejidad fue total. Si era una broma, no le veíamos la gracia.
—Aquí —prosiguió— estamos formando ingenieros y científicos. En cualquiera de esos dos ámbitos ustedes deben ser personas que cuestionen, que tengan espíritu crítico, que puedan buscar una respuesta a algo desconocido por sí mismos.
Uno que otro apagado murmullo se escuchaba en la sala. Uno de nuestros compañeros mechones, a quien llamaré «el Moro», tuvo la osadía de levantar la mano e increpar en respetuosos términos a don Igor:
—Disculpe, profesor, pero me parece muy poco serio este jueguito.
Un profundo «¡ohhh!» inundó la F10, seguido de un silencio sepulcral. Don Igor miró hacia donde estaba el susodicho y agregó:
—Esto que usted llama «jueguito» tenía por objetivo estimularles la curiosidad, y dado los efectos que ha tenido, me encuentro muy satisfecho de que se lograra plenamente. La educación no es un pasatiempo, y ustedes probablemente no se han dado cuenta aún de cuán privilegiados son.
Hizo una breve pausa mientras recorría la amplia F10 con su mirada fija en nosotros, uno por uno. Luego prosiguió:
—No hay nada de poco serio en ser un privilegiado. Por el contrario, es algo muy serio. Aprovechen todas las ocasiones que tengan para aprender, y de preguntar. No existen las preguntas tontas. Sólo las oportunidades perdidas.
Luego continuó la clase como si nada hubiera pasado.
El Moro descubrió tiempo después que su vocación estaba en otra cosa y dejó la Escuela a fines del primer año. Hoy es un brillante abogado.
No fue sino hasta comienzos de 2020 que nos enteramos de que este método de enseñanza no le había salido gratis a don Igor. En efecto, uno de los profesores auxiliares de aquellos años, con quien luego trabamos amistad y aún tenemos contacto, nos relató que producto de su estrategia don Igor había sido llamado al decanato a dar explicaciones, acusado de fomentar la insurrección y la violencia contra la autoridad.
Conociendo a don Igor no me cabe duda de que debe haber encontrado este llamado de atención absurdo y muy jocoso, y quizás hasta haya dicho: «una torpeza digna del efecto Júpiter».
--Rodrigo SeisdedosIngeniero Civil en Computación, año de ingreso '82