Siempre dentro
pues dentro reside todo lo que nos toca.
Allí anida la sangre enturbiada
el empacho
la emanación del recuerdo que nos incomoda.
Y así, inesperadamente
descubres al otro
y una ola de alivio te recorre.
Llegados este punto
no te es posible negar
tu vocación depredadora.