El sustantivo poesía (poieo) proviene, como tantos otros vocablos, de la antigua Grecia. En tiempos de Homero significaba: hacer, fabricar. La acepción de poieo utilizada como sinónimo de componer, escribir, es utilizada ya con frecuencia por Platón.
En la Grecia Antigua la transmisión de la cultura era fundamentalmente oral y en el modo de entender el mundo se hallaba profundamente arraigado el pensamiento mitológico. A la hora de describir, fabricar y explicar ese mundo parece razonable que se utilizara lo que hoy entendemos por poesía. En este sentido, los primeros poetas (aedos) explicaban el mundo ante sus oyentes utilizando comparaciones, hipérboles, metáforas y otras formas y así podían, en verdad, ser entendidos, dar satisfacción a la sociedad de su tiempo, a una sociedad no sólo en busca de respuestas, sino una sociedad que deseaba estar en paz con el terrible mundo que les rodeaba, lleno de dioses, titanes y maleficios… pero también la poesía les permitía, imaginar, deleitarse, apasionarse, gozar, en suma, de la terrible belleza del mundo.
El poeta irlandés Yeats, en los relatos de su vieja tierra, nos mostró algunas de las «cosas hermosas y significativas de este mundo malogrado y torpe». Quizás estemos borrando la magia del mundo. La poesía es siempre emoción y si no lo es, es otra cosa.