Lunes – Juan 1:14
La Palabra personal de Dios fue hecha carne.
Martes – Juan 13:34
La ley resumida
Miércoles – Romanos 8:3
Limitaciones de la ley
Jueves – Mateo 5:22-28
El maltrato verbal es pecado
Viernes – 1 Reyes 21:9-10
El falso testimonio demuestra mala intenciones
Sábado – Mateo 5:17-18
La ley se cumplirá completa
Jesucristo vino para revelar estos preceptos, para revestirlos de una forma viviente, y para consagrarlos en la reverencia, afecto y carácter de los hombres.
«La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.»
1. Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:
2. Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
3. No tendrás dioses ajenos delante de mí.
4. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
5. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,
6. y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
7. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.
8. Acuérdate del día de reposo[a] para santificarlo.
9. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;
10. mas el séptimo día es reposo[b] para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.
11. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo[c] y lo santificó.
12. Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.
13. No matarás.
14. No cometerás adulterio.
15. No hurtarás.
16. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
17. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.
El Decálogo, término que significa "diez palabras" y, efectivamente, los judíos lo llaman "Las Diez Palabras", aparece en Éxodo 20:1-17 y Deut. 5:6-21, y consta de diez mandamientos divididos en dos "tablas". Los tres primeros mandamientos tratan de la relación con Dios. El 4° y probablemente el 5° tienen también una base religiosa. Los otros cinco tienen un propósito social.
Esta íntima relación entre la religión y la vida, distingue al Decálogo de otros códigos, por ejemplo, el de Hammurabi, los cuales se preocupan de la ley civil y criminal, especialmente de la defensa de la propiedad.
Aunque sabemos que estaba inscrito en dos tablas, el texto no indica cómo fue dividido entre las dos. Por el contenido, se puede hacer la división después del 4° o del 5°. Los autores evangélicos optan, en general, por esta última división; por ejemplo, un escritor reconocido, W. S. Bruce, quien ve en los primeros cinco mandamientos el deber del hombre para con Dios, expresado en una progresión que comienza por la adoración del corazón, pasando por las palabras a las acciones. Dios debe ser honrado en su persona (1°), en su culto (2°), en su nombre (3°), en su día (4°), y en sus representantes (5°), mandamiento que sirve de eslabón con la 2ª tabla, ya que tiene también una relevancia social. La segunda tabla trata de la relación del hombre con su prójimo, procediendo en orden inverso, de acciones a palabras y pensamientos. El prójimo debe ser respetado en su vida (6°), en su mujer (7°), en sus bienes (8°) y en su reputación (9°), y todo esto desde dentro del corazón, además de por medio de acciones externas (10°).
El capítulo 20 de Éxodo comienza con un prólogo que proclama la existencia de Dios, y su obra salvadora, como motivos de la obligación del pueblo del pacto para con Él.
I. El no tener dioses ajenos es el fundamento de la Teología y de la Ética hebreo-cristiana. La Ética tiene que estar basada en la religión, y no en el interés personal, ni siquiera en una preocupación por el bien del prójimo. Lo primero es la obediencia al Dios santo, la cual implica el respeto a la justicia y la práctica de la misma (Lev. 11:44; 1 Ped. 1:15-17).
II. En el 2º mandamiento tenemos la prohibición de un culto parecido al de Egipto y de Canaán. Como ninguna imagen material podía ser adecuada para el culto a Dios, se prohíben todas, para evitar la materialización del culto y, por ende, de la conducta. El peligro es ejemplarizado en el caso de los cananeos, cuya conducta bestial era influida por su culto sensual al toro, así como en el caso de la degradación de la moral israelita, retratada por los profetas, al corromperse el culto, y en la conducta del mundo pagano, como consecuencia de su rechazamiento de Dios, descrita por Pablo en Rom. 1:22. Además el mandamiento se aplica a cualquier cosa que pudiera usurpar el lugar de Dios como objeto único del culto y del servicio del hombre (como, por ej. las riquezas —Mt. 6:24; Col. 3:5).
III. El legalismo judío procuraba —y procura— guardar este mandamiento evitando la pronunciación del nombre sagrado (Yahveh o Jehová). Pero, más que una prohibición de usar el nombre de Dios, o de jurar por dicho nombre (lo que es hasta recomendado en Deut. 10:20), se trata de que se cumpla lo prometido bajo tal juramento (Sal. 15:4c; 24:4c). Como quiera que el nombre representaba el carácter mismo de la persona (Ex. 33:19; Sal. 8:1), este mandamiento prohíbe cualquier conducta en el pueblo de Dios que pudiera deshonrar Su nombre (Sal. 30:9 —el robo; Amos 2:7 —la inmoralidad). El profesor A. R. Osborn, opina que aquí se incluye también la hipocresía religiosa.
IV. Se trata de observar el día de Yahveh (o Jehová). Comparándolo con Deut. 5:12-15, se pueden destacar tres propósitos: 1) religioso: la conmemoración del reposo divino después de la creación, y de la redención de Egipto (Deut. 5:15); 2) social: una oportunidad para hacer bien al prójimo y dar libertad a los esclavos (Deut. 15:12-15; 16:12; 24:17- 22; Mt. 12:12); 3) personal: recreación y descanso del trabajo de la semana (Gen. 2:3; Ex. 23:12; Deut. 5:14).
V. En el Antiguo Testamento, los padres son los responsables de instruir a los hijos acerca de Dios (Deut. 4:9-10; 6:7; 11:19; 32:46; también Ex. 12:26; Deut. 6:20-25; Jos. 4:6-7), y el respeto a los mayores es vinculado con el temor de Dios en Lev. 11:32. El mandamiento es repetido en el Nuevo Testamento en Mt. 15:4-6; Ef. 6:1-4; Col. 3:20-21. Es el único mandamiento que encierra una promesa: "para que tus días se alarguen en la tierra", lo cual implica que la desobediencia a los padres puede ser a la vez señal y causa de la ruina social; de aquí que los casos extremos merecían la pena de muerte (Deut. 21:18). La falta de respeto a los padres implica rebeldía contra la ley que ellos enseñan.
VI. La palabra de Dios enseña el carácter sagrado de la Vida humana desde la muerte de Abel en adelante, "porque a imagen de Dios es hecho el hombre" (Gen. 9:6). El homicidio es uno de los pecados más graves, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento (1 Jn. 3:15). El mandamiento no comprende la pena jurídica de muerte (Ex. 21:12), ni la matanza en la guerra (Deut. 7:2; 20:13-18).
VII. El alto concepto que del matrimonio aparece en la Ley, se ve ya en Gen. 2:21-24. Este mandamiento implica la protección del hogar y de la vida familiar. La pena era la muerte (Lev. 20:10).
VIII. Este mandamiento presupone el derecho a la posesión de objetos legítimamente adquiridos. "La propiedad —dice W. S. Bruce— es la exteriorización y ampliación de la propia personalidad del hombre".
IX. Se trata aquí de proteger la reputación del prójimo. El falso testimonio denota malas intenciones, procurando lograr de una manera más sutil lo que uno no se atreve a hacer abiertamente (por ej. la falsa acusación de blasfemia a Nabot, con el fin de matarle y robarle —1 Rey. 21:9-10).
X. Se reconoce que la codicia es la raíz de otros pecados, como el robo y el adulterio. Enseña que también el deseo es pecado (comp. con Mt. 5:22-28).
a) Sus puntos fuertes:
(i) Fundamenta la conducta ética en la religión (aunque queda superado en el Nuevo Testamento por el amor).
(ii) Es a la vez breve y comprensivo. Incluye la conducta social, las relaciones familiares, y las relaciones con Dios.
Prohíbe cada ofensa en su grado más alto, y así comprende las transgresiones menores; por lo tanto,
(iii) es capaz de ampliación.
b) Sus limitaciones:
(i) Es principalmente negativo, con excepción de los mandamientos 4º y 5º. El escritor W. S. Bruce hace la siguiente observación (pedagógicamente discutible): "En la infancia de una nación, igual que en la de un niño, la parte primitiva de su formación moral debe siempre consistir en preceptos concretos, expresados en forma de prohibiciones". Y el escritor C.F.H. Henry añade: "Su forma negativa pone en claro que están dirigidos al hombre en un estado de desobediencia."
(ii) Su aplicación es externa, con excepción del 10º. Habla más de las acciones que de la vida interior del pensamiento y del deseo. Sería posible obedecer la letra, negando el espíritu. Podríamos decir que el Decálogo ataca directamente a los frutos del pecado, mientras que el Sermón del Monte ataca más directamente a las raíces del pecado.
(iii) Es limitado en su alcance. Por ejemplo, no dice nada de las responsabilidades del hombre para con la autoridad política, a menos que el 5º mandamiento se extienda a todos los que tienen autoridad.
(iv) Carece de dinámica para su cumplimiento. Por eso, Pablo llama a la Ley "débil" (Rom. 8:3).
Los decretos bosquejados por Dios eran para regir la relación de Israel con él. Representan los requisitos principales que Dios puso sobre el pueblo de Israel para el establecimiento y la mantención de la relación de pacto entre ellos. El pueblo debía ser de una sola mente en su devoción a aquel que los había liberado de Egipto. Ellos debían adorarle sólo a él. Además, su conducta social debía seguir un modelo que ponía una alta prioridad en los derechos del individuo en relación con la vida, el matrimonio y las posesiones. Debían obedecer estos mandamientos por amor a Dios.