Lunes – Juan 1:17
La ley de Moisés fue confirmada por Cristo
Martes – Juan 5:46
La ley de Moisés habla de Cristo
Miércoles – Génesis 1:26-28
Autoridad en obediencia a la voluntad divina
Jueves – 1 Samuel 15:23
La desobediencia causa condenación
Viernes – Génesis 22:15-18
Pacto de Dios con Abraham
Sábado – Éxodo 19
Pacto de Dios renovado en el Sinaí
Es un error humano frecuente creer que Dios pasará por alto y perdonará todos los pecados de uno si uno es cuidadoso en asistir al santuario (o culto de la iglesia) y ofrecer sacrificios (o himnos de alabanza). La falsa adoración es el peor pecado que puede haber contra Dios; Samuel dijo que la desobediencia arrogante era igual de mala.
1 Samuel 15:22
Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.
12. Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal.
13. Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.
14. Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos?
15. Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.
16. Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.
17. Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?
18. Y Jehová te envió en misión y dijo: Vé, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.
19. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?
20. Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.
21. Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal.
22. Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.
23. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
El alto nivel ético del Pentateuco ha sido una de las evidencias que se ha pretendido aducir en favor de un origen post-mosaico de la Ley. Sin embargo, no hay dificultad alguna en admitir el origen mosaico de la Ley (Jn. 1:17; 5:46), si se acepta que, desde los principios mismos del pueblo de Israel, Yahveh (o Jehová) se reveló como único Dios verdadero. En este caso, el concepto hebreo de Dios no evolucionó desde un politeísmo primitivo, y la ética expresada en la Ley de Moisés tampoco fue el producto de éticas anteriores, sino que fue directamente revelada y tiene sus bases en el carácter, también revelado, de Dios. El pueblo judío no tenía ningún concepto de la Ética como una disciplina independiente; para él, la Ética no puede separarse de la Teología. Dios es justo, santo; el hombre tiene que serlo también, tanto individual como colectivamente. Precisando más, de la misma manera que el Dios de Israel se distinguía de los demás llamados dioses por su carácter moral, así también tenía que distinguirse su pueblo de los demás pueblos como "gente santa" (Lev. 19:2; 20:26). En los profetas se introduce con más fuerza y énfasis la idea de que la conducta justa y buena se identifica con el conocimiento de Dios (Jer. 9:24; Is. 5:15; etc.). Más aún, este conocer a Dios en respuesta al haber sido conocido por Dios (1 Cor. 8:3), adquiere a lo largo de toda la Biblia un matiz de conocimiento experimental que equivale a una compenetración íntima, marital. Así se comprende la estrecha relación de este conocimiento con la conducta. En Jn. 7:17, dice Jesús: El que QUIERA hacer la voluntad de Dios, CONOCERÁ si la doctrina es de Dios". Y, a pesar de la omnisciencia divina, en este sentido experimental, afectivo, puede decir el Señor a las vírgenes insensatas: "De cierto os digo, que no os conozco." (Mt. 25:12).
La Ética del Antiguo Testamento forma parte del propósito divino fundamental: el establecimiento del Reino de Dios, cuyo concepto completo sólo se revela en el Nuevo Testamento.
Creado a la imagen, de Dios (Gen. 1:26-27), el papel primordial del hombre es señorear la tierra como vicegerente de Dios (Gen. 1:28; Sal. 8:6-8). Pero esta autoridad tiene que ser ejercida en justicia, es decir, en obediencia a la voluntad divina.
El reconocimiento del pecado del hombre es una característica distintiva de la Ética del Antiguo Testamento. Los griegos, para calificar éticamente al hombre, hablaban de "ignorancia"; el filósofo Kant, de "irracionalidad"; los científicos evolucionistas, de un "residuo animal" que aún queda en el hombre y que está llamado a desaparecer; pero el Antiguo Testamento habla de "pecado", es decir, de rebelión contra la voluntad de Dios. Dios ha revelado cuál es la conducta que le complace, y por eso la prescribe, y cuál es la conducta que le desagrada, y por eso la prohíbe; el pecado es, pues, la violación de Su voluntad revelada. El profeta Samuel destaca que la desobediencia es la causa de la condenación (1 Sam. 15:23).
El Antiguo Testamento hace resaltar el principio de la responsabilidad moral del hombre delante de Dios, y el de la justicia retributiva, ya que un Dios santo y justo tiene que castigar las violaciones del orden moral divino. La revelación aumenta la responsabilidad moral del pueblo de Dios (Am. 3:2).
La redención divina es el complemento y ejecución de la justicia divina.
Es el medio destinado a cumplir el propósito divino. Dios hace su pacto con Abraham el escogido (Gen. 12; 15:19; 22:15-18) y lo renueva con sus descendientes en el Sinaí (Ex. 19). Es en este momento cuando la Ley divina es revelada a Moisés. El sentido ético del pacto se nota en la figura del matrimonio, a la cual aluden muchos libros del Antiguo Testamento (por ej. Oseas). Israel es la esposa de Yahveh (o Jehová) y debe ser fiel a Él. Los profetas se quejan de que Israel ha sido infiel yendo tras dioses ajenos, con las consecuencias morales proporcionales a tal infidelidad (por ej. Jer. caps. 2 y 3). El pacto tenía implicaciones sociales, además de las individuales. El amor al prójimo (Lev. 19:18) se expresa en muchas leyes, como, por ejemplo, en las precauciones de seguridad en la construcción (Deut. 22:4,8); en el trato a los siervos (Deut. 15:12-18), a los extranjeros (Lev. 19:33), a los pobres (Ex. 22:26), etc.
A Jeremías le es revelado que el Antiguo Pacto es una anticipación del Nuevo Pacto (Jer. 31:31-34), por medio del cual los propósitos divinos se cumplirán en su plenitud. De nuevo tiene una implicación social: la santidad del pueblo de Dios como tal "pueblo", concepto que en el Nuevo Testamento habría de desarrollarse en la doctrina del Cuerpo de Cristo.