13/03/2013
La deuda pública en máximos históricos. Un gráfico para una deuda impagable.
La deuda del conjunto de las administraciones públicas alcanzó los 884.416 millones de euros en 2012, lo que equivale al 84,1% del PIB, su nivel más alto de la serie histórica, que arranca en 1990, según datos del Banco de España. Para 2013, el Ejecutivo espera que la deuda escale al 90,5% del PIB. Algo me dice que alguién no está gestionando bien a esta empresa que podríamos denominar España.
Primero, unos conceptos básicos de cómo funciona el mercado de deuda pública:
El funcionamiento del mercado de deuda pública primario es sencillo: los estados emiten en subastas en las que previamente anuncian un rango de volumen y los interesados pujan pidiendo una rentabilidad y el emisor decide dependiendo de las peticiones y de sus precios si emite en la parte alta o baja de ese rango. El tipo de interés lo fijan los solicitantes en subasta porque evidentemente el emisor siempre prefiere dar la rentabilidad más baja. La inmensa mayoría de los que van a estas subastas son bancos que pretenden (aparte de lo que se quieran quedar para la cartera de inversión) básicamente colocar ese papel a sus clientes o a otros bancos a mejor precio. Para que estas subastas tengan la liquidez suficiente es muy importante la cobertura que ofrecen los futuros ¿Por qué? Porque un banco va a solicitar a varios precios un importe a una subasta pensando en que después lo podrá colocar en su red de sucursales o sus comerciales lo venderán a fondos de pensiones y compañías de seguros (los clientes finales de deuda pública más típicos) o incluso que los podrá negociar a mejor precio con otros bancos pero la cobertura en futuros inmediata tras la adjudicación en subasta garantiza que el riesgo de que el tipo de interés varíe mucho hasta que lo coloque, quede minimizado. Un banco medianamente grande acude a subastas todas las semanas, un día son bonos a 10 años, otro a 3 años, otro son letras a 18 meses, y cada vez se suman nuevas emisiones con diferentes vencimientos. Gracias a la cobertura en futuros puede unificar la posición y no hay problema en acudir a todas a pujar por un precio que el trader considere interesante ya que si compra más de lo que esperaba, al estar neutralizado el riesgo, lo único que tiene que hacer es negociarlo mejor en el mercado secundario. Es decir, irónicamente gracias a los futuros los estados pueden financiarse con mayor facilidad.
Evidentemente esto funciona en circunstancias normales, de poco sirve esto si por efecto del riesgo país la rentabilidad del bono portugués –por ejemplo- adquirido se dispara ya que el futuro en Europa está referenciado al bono alemán (de ahí la enorme importancia del diferencial con el bund). Entonces la cobertura no sirve y habría que recurrir a los CDS. Es por eso que es tan preocupante que aumente la desconfianza, no sólo los inversores que quieren comprar exigen más rentabilidad al estado emisor, además desaparecen todas las compras de los que iban a subasta confiados en neutralizar el riesgo con los futuros. Por efecto bola de nieve eso provoca que haya menor demanda de papel en la subasta y por lo tanto si el estado quiere colocar un volumen importante aún tiene que mejorar más la rentabilidad.
En cuanto al mercado secundario de deuda pública, puntualizar que al menos en España la liquidez, incluso en estos momentos de crisis, es muy alta (no así el de renta fija privada) y que, gracias al sistema de market makers, siempre hay precios en el mercado entre bancos para poder comprar y vender bonos ya emitidos en rangos razonables y todas las operaciones se publican en Banco de España. A pesar de las mentiras de algún medio sensacionalista en ningún momento se ha quedado la deuda española sin precios de compra y estas compras nunca han superado los 2 puntos de rentabilidad sobre la que ofrecía en ese momento el bund alemán.
Pasemos ahora al por qué estamos en una burbuja de deuda pública:
Las conclusiones del prestigioso Banco de Pagos Internacionales en un documento que analiza la política fiscal en una serie de países combinada con las implicaciones del gasto relacionado con la edad (las pensiones públicas y la asistencia sanitaria), determinando los niveles de deuda en términos del PIB futuros, recogidas por John Mauldin, son demoledoras: “Nuestras proyecciones de los ratios de deuda pública nos llevan a concluir que el camino elegido por las autoridades fiscales en varios países industrializados es insostenible. Drásticas medidas son necesarias para controlar el rápido crecimiento de los pasivos actuales y futuras de los gobiernos y reducir sus consecuencias para el crecimiento y la estabilidad monetaria.” Y el propio BPI duda mucho que se pueda reducir la deuda cuando dan por hecho que es poco probable que el empleo y el crecimiento regresen a sus niveles anteriores a la crisis en el futuro previsible. La previsión a futuro que hace este organismo establece que dentro de 25-30 años muchos países estarán comprometiendo el 20% de su PIB sólo para pagar los intereses de toda la deuda que se está generando ahora.
Mi impresión es que las dudas sobre la solvencia griega son sólo el comienzo, sólo hay dos caminos: o admitimos que debemos reducir el gasto y por tanto asumimos bajo crecimiento y alto desempleo o seguimos como hasta ahora, quizás consiguiendo no quebrar, quizás consiguiendo un crecimiento puntual del PIB, quizás deteniendo la sangría del empleo pero hipotecando el futuro durante décadas. Muchos han minimizado el caso griego por lo pequeño del país, en población y en PIB, pero ya se ha comprobado lo sencillo del contagio y ya se escuchan voces que apuntan a Japón: su estado debe el doble de lo que produce y su estructura demográfica es peligrosísima ya que el envejecimiento de la población implica menores ingresos y más gastos. Y Japón no es precisamente pequeño…
No tengo dudas, hay una burbuja de deuda pública enorme y recomiendo a todos los inversores que no participen de ella, me parece muy peligroso invertir en “renta fija” por una renta muy baja (en cuanto la inflación se coloque en niveles históricos ésta será incluso negativa), y sin la “seguridad total” que ya nadie garantiza (que provoca que lo de “fija” se convierta en algo irónico) como están indicando las agencias de rating y los CDS. Además, los que mandan en el mundo tienen las armas para defenderse de todas esas previsiones del BPI: consciente o inconscientemente el mantenimiento de tipos bajos lleva a que los estados puedan colocar su enorme volumen de deuda pública a tipos atractivos, esto ya lo estamos viendo y premeditadamente o no, hay una forma de reducir toda esa deuda: generando inflación. Cuanto menos valor tenga el dinero, el que lo debe (en este caso los estados) tiene más facilidad para devolverlo. Es una espiral peligrosa: la inflación es el impuesto de los más pobres (afecta al consumidor por igual, sin distinguir de ingresos), unos tipos más altos –consecuencia de la inflación- serían peligrosísimos para los que necesiten nuevos créditos o los tengan en términos variables (la mayoría de hipotecados)…pero bueno, de momento es sólo una hipótesis.
El caso es que lo lógico es que los tipos de la deuda suban, y las primas para los países con más dudas de su solvencia también. Todos sabemos que los tipos oficiales bajos tienen fecha de caducidad y que el volumen de deuda pública excede lo razonable y que incluso si se garantiza la solvencia de todas las emisiones de deuda que inundan el orbe la rentabilidad no es atractiva. Y si pienso esto de la deuda pública, suplico mucha prudencia al que pretende comprar renta fija privada, subordinadas, preferentes etc.
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Los neoliberales no se rinden y sacan pecho con la tragedia griega y lo dicen bien alto, ¿lo veis?, la culpa de la crisis es de la socialdemocracia, y bueno, sí, es verdad, no vamos a negar que hay buitres en la economía de la especulación pero el problema principal es el despilfarro público y la solución es pegarle un drástico tijeretazo algasto social. Hasta Yorgos Papandreu, primer ministro socialista de Grecia, lo ha reconocido: “El enfermo es el sector público”. Y mientras los economistas de la estatofobia claman por políticas de austeridad y planes de ajuste y recortes asistenciales y subrayan la inutilidad de la interferencia de los gobiernos en los procesos de mercado, los profetas de la estatofilia acusan a gestores de hedge funds, calificadores de riesgos de impagos, especuladores de shorting y comerciantes de credit default swaps. Estamos en las mismas disputas de tantas otras depresiones y de tantos otros periodos de expansión y poca ciencia económica hay en este eterno debate pues lo único científicamente cierto es que el Estado no es perfecto y el mercado tampoco y en situación de liberalismo puro o de regulación pura siempre habrá estafas y abusos, pillajes e injusticias.
Es evidente que el capitalismo se ha convertido en un lamentable casino fuera de control y que de alguna manera hay que frenar todo este cachondeo de los productos de innovación financiera que solo sirven para que una minoría se enriquezca a costa del empobrecimiento de la mayoría, como también es evidente que se han producido fallos de mercado clamorosos que el pensamiento neoliberal ha justificado, promovido y potenciado,llevando al mundo a unas desigualdades sociales no solo vergonzosas desde la perspectiva de la moral sino sumamente tóxicas desde un punto de vista puramente macroeconómico. Pero también es evidente que hay Estados pesimamente gestionados que incurren en trampas, corrupciones, clientelismos y burocracias sobredimensionadas, y entre los Estados que más incurren en tan irritantes prácticas destacan los socialismos mediterráneos, o sea los socialismos chapuceros y de amiguetes.
En la patria de Diógenes el cínico ha llegado a formarse una casta de funcionarios perezosos o incompetentes que cobran su sueldecito estatal sin pegar un palo al agua, y los gobiernos helenos se han dedicado a facilitar la burocratización abrumadora de la administración así como todo tipo de prebendas y otros chanchullos de los que siempre se vieron favorecidos ciertos grupos afines con el poder. O sea como en España pero peor. Acostumbrados a un bochornoso estado de podredumbre alimentado lo mismo por la derecha que por la izquierda, los funcionarios griegos decidieron, para dar el pego y entrar en la zona euro, manipular sus cuentas, y con la estimable y bien pagada ayuda de los chicos de Goldman Sachs, expertos en contabilidades de escaparate, engañaron a los supervisores europeos presentando un déficit fiscal cercano al 4% del PIB cuando en realidad superaba el 13%. Así pues, el drama griego viene a ser resultado de la combinación de los abusos propios del estatismo intervencionista con los excesos que caracterizan a la especulación enfermiza en la que siempre terminan cayendo los mercados financieros desregulados.
Pregúntale ahora a algún ciudadano griego de clase media o baja si merecieron la pena aquellas urgencias y trapicheos por entrar en la Unión Europea, pues no es solo que el paso del dracma al euro haya reducido el poder adquisitivo de los trabajadores, es que encima ha convertido a sus gobernantes en peleles doblegados no solo ante los especuladores de las compañías financieras transnacionales sino también ante los lobistas de Bruselas. En esto España también se parece muchísimo a Grecia. Zapatero, dice la oposición, es un inútil que no hace nada. Como Papandreu. Lógico. Tanto Grecia como España han perdido capacidad de maniobra una vez entregadas sus políticas monetarias a la UE, y la salida de la crisis pasaría por la devaluación de las divisas nacionales pero eso es ahora una quimera.
Toda esa gente indignada que hemos visto en las últimas ediciones de los telediarios tirando piedras o palos a las sucursales bancarias de Atenas cuando no esquivando porrazos de la policía se acordará perfectamente de cuando sus gobernantes les hablaron de las maravillas de entrar en la zona euro. Qué bonitas parecían aquellas estampillas que solo han servido para acentuar las desigualdades sociales de las economías griega o española, y mientras ingleses o japoneses, a pesar de tener déficits fiscales monumentales están en condiciones de defenderse de los ataques especulativos de los mercados gracias a la autoridad emisora de sus bancos centrales, los países que cayeron en el aparentemente maravilloso embeleco del euro se han convertido en cuasiestados-cuasisoberanos que deben esperar de brazos cruzados a que la UE se digne a crear un Tesoro europeo con potestad de emitir deuda y establecer impuestos. Porque no es tanto que la movilidad global del capital financiero esté mermando la capacidad de gestión de las economías nacionales, es que al no haber sido creada la Unión Europea con una política fiscal común, las socialdemocracias se hacen cada día más inviables y los Estados se ven obligados a aplicar medidas de austeridad, lo cual es resultado de establecer una moneda única con argumentos monetaristas y no con argumentos fiscales, como bien explica Marco Antonio Moreno en este interesante post de El Blog Salmón.
Abandonada la dirección de la política monetaria griega a cargo de una estructura burocrática supranacional que está al margen del control democrático de los ciudadanos, a Papandreu solo se le ha ocurrido pedir sacrificio a los griegos pues es hora de pensar “en el sentido del deber y la dedicación al esfuerzo”. No queda otra. A trabajar más horas por menos euros, ésa es ahora la solución, de forma que la clase trabajadora se va a encargar de pagar el costo social resultante tanto de la golfería de los gobernantes como de la codicia de los especuladores. Y mientras los capitalistas tienen la posibilidad de refugiarse en paraísos fiscales e invertir en países con costes salariales ridículos, los trabajadores tienen que aceptar planes de ajuste draconianos y apretarse todavía un poco más el cinturón y encima escuchar explicaciones como las que ha ofrecido Papandreu, o peor aún, como las que se ha atrevido a pronunciar Theodoros Pangalos, vicepresidente griego: “Los 10 millones de griegos hemos robado”. He aquí la curiosa fórmula del nuevo socialismo europeo del siglo XXI consistente en la individualización de la rentabilidad y del mérito y la socialización del latrocinio y de la culpa.
Lo que ahora está por ver es si realmente va a ser bueno para Grecia tanto sacrificio privado. Irlanda comenzó a recortar el gasto público en 2008, lo cual solo ha servido para contraer su actividad económica e incrementar su déficit fiscal, y además de otros ejemplos parecidos, tras el crash de 1929 las medidas de austeridad de Herbert Hoover no hicieron más que agravar la crisis, llevando a los Estados Unidos a la Gran Depresión. Sobre las erróneas o reduccionistas ideas neoliberales en relación a la deuda pública son imprescindibles y clarificadores los siguientes tres artículos que enlazo, uno es de Juan Torres López, “Las lecciones del gobernador del Banco de España”, otro es de Marshall Auerback, “Dejemos que el neoliberalismo muera con el euro”, y el tercero lleva la firma de Vincenç Navarro, “Las políticas promovidas por la Unión Europea son ineficaces e injustas”, del cual destaco el siguiente párrafo:
Nunca se ha salido de ninguna depresión y gran recesión en el siglo XX (como la actual) sin que haya habido una enorme expansión del gasto público y crecimiento de la deuda. La Gran Depresión se resolvió con el New Deal y el enorme incremento del gasto público durante la II Guerra Mundial. En Europa, la reconstrucción de las economías casi destruidas como consecuencia de la II Guerra Mundial se basó en unas enormes inversiones públicas fiscales y sociales, facilitadas por el Plan Marshall. Creerse ahora que se puede salir de esta enorme recesión sin tal crecimiento del gasto público en toda la UE es ignorar las lecciones de la historia.
Así que no nos confundamos ahora con las noticias que llegan de Grecia. Que hay socialdemocracias muy mal gestionadas nadie puede discutirlo pero la difícil situación actual no está provocada tanto por el despilfarro estatal como por la caída de la demanda agregada a la cual colabora en gran medida el galopante empobrecimiento de las clases medias y bajas. Lo que pasa es que para salir de la crisis necesitamos superar definitivamente la era neoliberal y ésta se encuentra dando sus últimos y más patéticos coletazos. Tal vez, como pasó en tiempos de la Gran Depresión, haya que esperar a que la cosa se estropee un poco más antes de sanear la banca internacional por medio de una profunda reforma financiera a escala global, antes de refundar la Unión Europea para entre otras cosas poner en su sitio a los descontrolados comerciantes de bonos, y antes de dar paso a nuevas fórmulas económicas para redistribuir rentas y mejorar condiciones laborales, lo cual pasa por construir una neosocialdemocracia global que aprenda de los errores de la historia y promueva políticas sociales justas, eficientes e innovadoras. Es posible, aunque me temo que aún tendremos que soportar, esperemos que no por mucho más tiempo, la hedionda halitosis del neoliberalismo crepuscular.
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Año 2.013
El Tesoro Público y las empresas del Ibex 35, afrontan para el 2013 vencimientos de deuda que superan los 320 mil millones de euros. El Tesoro Público realizará emisiones brutas por valor de 207.173 millones el año que viene que servirán, en parte, para afrontar los vencimientos de más de 121.000 millones pendientes para 2013, según datos del mercado primario.
De hecho, el Presupuesto del Estado para 2013 contempla la emisión bruta de 207.173 millones, de los que 48.020 millones corresponden a las necesidades de financiación neta, un 30% más que en 2012. El Gobierno espera que aumente la participación de la deuda a corto plazo en la cartera de deuda, en detrimento de instrumentos más largos como los bonos o las obligaciones, ya que los inversores muestran preferencia por los plazos más cortos.
Los vencimientos de deuda, por su parte, ascenderán a 121.780 millones el año que viene, un 6,3% menos que los 130.344 millones de 2012. En este caso, 61.419 millones del total vencido corresponderán a letras y 60.361 a bonos y obligaciones. En concreto, el organismo afrontará cuatro momentos clave a lo largo del año (enero, abril, julio y octubre), los meses de más vencimientos, aunque también los de más ingresos fiscales, como suele ocurrir cada ejercicio.
Vencimientos Enero 2013: 19.842 millones de euros.
Vencimientos Abril 2013: 21.587 millones de euros.
Vencimientos Julio 2013: 17.552 millones de euros.
Vencimientos Octubre 2013: 22.155 millones de euros.
En cuanto a los intereses, el Gobierno estima que, en términos de caja, los pagos asciendan a 38.589 millones, el 3,63% del PIB. En contabilidad nacional, estos gastos se sitúan en 36.460 millones, el 3,43% del PIB.
Con estas emisiones y teniendo en cuenta el impacto de instrumentos como el plan de pago a proveedores o el crédito para la refinanciación de la banca, la deuda pública aumentará del 85,3% que preveía el Gobierno para el cierre de 2012 al 90,5% del PIB.
En cuanto a las empresas del Ibex 35, si aún incluimos a Bankia entre las elegidas, para el 2013 deben afrontar vencimientos por 116 mil millones de euros. De esta cifra el grueso, unos 90.2258 millones de euros, como no podría ser de otra manera, corresponde a nuestra banca (Santander, BBVA, Caixabank, Popular, Bankinter, Sabadell, Bankia). Fuera de la banca, destacan los vencimientos que afronta FCC, con 2.120 millones de euros o el 27% de su deuda. Mapfre con 664 millones de euros o el 24% de su deuda o Red Eléctrica con 800 millones de euros o el 22% de su deuda.
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