«El pecado de Yemsid» aparece primero en el periódico El Imparcial y más tarde en la colección Cuentos sacroprofanos, publicada en 1899, en la que se recogen sucesos curiosos, muchas veces con componentes mágicos o religiosos. Este relato es de tipo moral-fantástico y tiene el típico ambiente orientalista de las Mil y una noches, incluyendo el motivo de los persas como civilización culta pero decandente y orgullosa y los árabes como pueblo más sencillo, pero más puro. La escritora debió inspirarse para escribirlo en fuentes bíblicas y orientales. En ese sentido, recuerda a «Los dos reyes y los dos laberintos» de Borges.