Emilia Pardo Bazán nació en La Coruña en 1851 y murió en Madrid en 1921. Su familia era de la nobleza y contaba con numerosos recursos económicos. Recibió una buena educación en un colegio francés de Madrid hasta los doce años y después seguiría estudiando en su casa de La Coruña con instructores privados. Su padre le inculcó el amor por la literatura, a la que se aficionó desde niña, y fue también quien se empeñó en que no se educara simplemente en temas “femeninos” como era típico entre las mujeres de las clases altas de la España de mediados del siglo XIX. Se interesó especialmente por los estudios de humanidades y los idiomas, pero sentía atracción igualmente por los avances científicos, la filosofía y la mística. Además del francés, aprendió bien inglés y alemán. Sin embargo, no logró entrar en la universidad porque en aquellos tiempos las mujeres tenían todavía prohibida la entrada.
Comenzó a escribir poemas a los nueve años, a los trece compuso una novela y a los quince redactó su primer cuento, titulado “Un matrimonio del siglo XIX”. Un año después se casó con un joven gallego de familia también noble tres años mayor que ella. Durante un tiempo vivieron con sus padres en Galicia, pero luego se instalaron todos en Madrid. En esos años Pardo Bazán empezó a apoyar con fervor el movimiento carlista y, aunque al final de su vida se alejaría de ellos, durante mucho tiempo mantuvo estrechos contactos con el pretendiente al trono Carlos VII y sus más cercanos consejeros. Desde su llegada a Madrid comenzó a publicar cuentos y artículos en numerosos periódicos y revistas y, a partir de 1876, inició su profesión como crítica literaria y novelista. En 1881 se separa de manera amistosa de su marido (algo bastante inusual en esa época) para poder desarrollar mejor sus intereses intelectuales y decide ser independiente económicamente y vivir solo de sus publicaciones, lo cual la llevó a desarrollar una actividad de escritura frenética. Tras la muerte de su padre y heredar la fortuna de este, pues era hija única, su economía mejoró notablemente pero su actividad literaria no decreció.
A pesar de ser una mujer muy católica y conservadora, destacó por introducir en su obra elementos muy modernos, difíciles de encontrar por aquel entonces en la literatura. Pardo Bazán fue, por ejemplo, la primera escritora española en hablar en sus novelas del proletariado y sus problemas. También se mostró partidaria de las teorías darwinistas y feminista. Defendió siempre la necesidad de dar una buena educación a las mujeres y de facilitarles el camino para desempeñar un trabajo y poder ser independientes y apoyó las campañas a favor de la igualdad legal y social entre hombres y mujeres. En 1905 se convirtió en la primera mujer en ser aceptada en el prestigioso Ateneo de Madrid, aunque no logró entrar en la Real Academia Española de la Lengua por ser mujer. En 1016 fue también la primera mujer en ocupar una cátedra en la Universidad Central de Madrid, la de Literaturas Neolatinas. Pero, al mismo tiempo, defendió las ideas antisemitas y racistas de muchos conservadores europeos del momento.
Su obra pasó por una evolución importante: desde el realismo original, pasó al naturalismo y el idealismo y terminó con el simbolismo. Alcanzó una gran popularidad y tuvo gran número de lectores. Además de novelas y cuentos, escribió teatro, libros de viajes, crítica literaria, artículos periodísticos, traducciones, biografías, etc. Viajó en numerosas ocasiones a Francia y otros países europeos, dio numerosas conferencias, participó en debates notorios y fue la introductora en España de la literatura rusa del XIX, algunas de cuyas obras tradujo ella misma. Se movió en un círculo importante de grandes escritores, intelectuales y artistas de la España de la época. En 1891 fundó y dirigió la revista Nuevo Teatro Crítico y un año después creó la Biblioteca de la Mujer. En 1908 el rey Alfonso XIII le concedió el título de condesa de Pardo Bazán como reconocimiento a su labor literaria e intelectual.
Emilia Pardo Bazán es una de las cuentistas más prolíficas y de mayor calidad y variedad de la literatura española. Sin embargo, a partir de los años treinta del siglo XX sus cuentos dejaron de ser conocidos por la mayoría del público. Tampoco fueron muy estudiados por los especialistas ya que la crítica tendió a dar más importancia a sus novelas más famosas (Los pazos de Ulloa, La madre Naturaleza…) y solo en los últimos años se han empezado a valorar otras de sus obras.
La mayoría de sus cuentos aparecieron primero en periódicos, revistas, semanarios, etc. tanto españoles como hispanoamericanos y más tarde fueron recopilados en forma de libros por la propia autora en distintas colecciones que fue publicando a lo largo de su vida (entre 1885 en que apareció la primera recopilación y 1922 en que salió la última, de forma póstuma). Pero hay algunos que no están en esos libros, otros que aparecen repetidos en unos cuantos y varios que aparecieron por primera vez en las recopilaciones. Dado que, además, no se ha realizado aún un trabajo completo de recogida y clasificación de todos sus cuentos, desconocemos con exactitud cuántos escribió y los especialistas no se ponen tampoco de acuerdo. No obstante, se calcula que debió componer alrededor de seiscientos a lo largo de cincuenta y cinco años.
Su ritmo de escritura fue evolucionando: desde 1866, en que publicó sus primeras narraciones, hasta 1879 aparecieron pocos ya que su producción estaba más centrada en la novela y el teatro. Pero, a partir de 1895, retomó con fuerza la creación de narrativa corta y artículos, al mismo tiempo que iba abandonando las novelas. Los cuentos comprendidos entre 1866 y 1892 son generalmente largos, a veces casi novelas cortas, tal vez porque los semanarios donde aparecían le permitían ese formato. Sin embargo, a partir de entonces el tamaño irá disminuyendo, debido a las exigencias de extensión que le reclamaban los diarios y al hecho de tener que publicar algo (ya fuera creación literaria, crítica o artículos periodísticos) casi todos los días. Por eso algunos de los últimos parecen meras anécdotas comentadas. En cuanto a las colecciones, aparecieron de forma bastante regular: en 1885 la primera y luego en 1891, 1892, 1894, 1895, 1898, 1899, 1900, 1901, 1902, 1906, 1907, 1909, 1912 y 1922.
Pardo Bazán se inspiró para escribirlos en tres elementos fundamentales:
1) la narrativa corta francesa contemporánea, que ella conocía muy bien: Flaubert, Mérimée, Gautier, Daudet, Goncourt, Zola, etc. y, muy especialmente, Maupassant.
2) las novelas y relatos cortos de escritores rusos del siglo XIX como Dostoievski, Gorki, Tolstoi o Turguénev, autores que descubrió en sus viajes a París y a los que muy posiblemente leyó en francés y que ella misma se ocuparía luego de traducir y dar a conocer en España.
3) anécdotas reales sacadas de periódicos, contadas por amigos u oídas en diferentes lugares junto con elementos folclóricos, populares, fantásticos o maravillosos.
Pardo Bazán opinaba que el cuento no era un derivado menor de la novela sino un género aparte que debía contar con sus propias reglas: el cuentista tenía que ser objetivo e incluir en el mínimo espacio una gran cantidad de información fundamental, dejando de lado todo lo innecesario. Pero, aunque abogaba por reflejar la realidad de la vida, creía que era imposible que la literatura la mostrara completa porque la vida era siempre mucho más cruda y difícil de creer para el lector que la ficción. Su visión del mundo era pesimista: a pesar de sus firmes creencias católicas, creía que el ser humano no tenía solución pues nunca lograría superar sus debilidades; y, como buena seguidora del naturalismo literario, mantenía que el entorno y la herencia eran determinantes en nuestra existencia. No obstante, sus obras incluyen rasgos irónicos y a veces hasta humorísticos. A menudo aparecen también elementos propios del Romanticismo, como cuando nos muestra que la voluntad decidida de un individuo puede ayudarle en ocasiones a salir adelante. Sin embargo, la mayoría de las veces sus cuentos son melancólicos y los prejuicios, el deber moral, la injusticia, la maldad… acaban ganando. Siempre defendió la independencia creativa y por eso se alejó de los cuentos con fines moralizantes o ejemplares, muy al uso en su época sobre todo entre las escritoras femeninas. Pero eso no quiere decir que sus cuentos carezcan de una cierta carga ideológica.
Su temática es variadísima lo mismo que su galería de personajes y estilos. Tenemos cuentos de casi todo tipo: populares, de terror, de amor, de Galicia, patrióticos, religiosos, trágicos, legendarios, fantásticos, etc. En ellos podemos ver también rasgos de diferentes estilos literarios: romanticismo, realismo, naturalismo, espiritualismo, decadentismo, modernismo, regeneracionismo, incluso expresionismo. Tal vez una de las características más interesantes sea que la evolución estilística de estos relatos no se desarrolló al mismo tiempo que la de sus novelas y otras de sus obras literarias. Toda esta variedad hace que resulten muy difíciles de clasificar. A menudo, el único punto en común que tienen sus recopilaciones es la época en que los cuentos que incluyen fueron escritos. Porque, aunque cada una de ellas lleva un título orientativo de la temática que incluye, la mayoría de las veces no todos los cuentos siguen esa idea. Cada cuento tiene su propio estilo y un vocabulario específico pues Pardo Bazán opinaba que cada tema y cada cuestión en particular debían ser tratados de forma diferente. Muchos de ellos tienden a presentarse al lector como una transcripción de un relato oral que el narrador presenció, en el que participó o que le relataron. Eso lleva a que sean narraciones que llevan a otras, un estilo que nos recuerda la cuentística tradicional y que tiene sus orígenes en épocas muy antiguas. Otras el cuento se centra en un objeto aparentemente sin importancia, alrededor del cual se construye toda la narración y que resultará determinante para el desenlace. Pero quizás lo más interesante sea que, a pesar de esta enorme variedad (de temas, ambientes, estilos, técnicas…), toda su obra cuentística tiene una unidad que la hace fácilmente reconocible como suya.
Por último, es importante recordar que Pardo Bazán realizó una destacada labor de autocorrección a lo largo de su vida que se puede rastrear si comparamos los cuentos publicados en las primeras colecciones con los que se repiten en las posteriores. Generalmente aprovechaba las recopilaciones para quitar erratas, corregir y cambiar numerosos elementos. Pero, de nuevo, todavía no se ha llevado a cabo una buena labor crítica de cotejo de su obra cuentística que nos ayude a apreciar esos cambios y a intentar entenderlos.
Para más información de puede consultar:
Pardo Bazán, Emilia (2006). Cuentos completos, edición de Ángeles Quesada Novás, Madrid, Ediciones Eneida.