Micaela G. Berger
Becaria Postdoctoral CONICET
El secuestro de carbono atmosférico por parte de los suelos es una de las estrategias disponibles a nivel mundial para disminuir la concentración de dióxido de carbono atmosférico y mitigar los efectos del cambio climático. Se estima que los suelos agrícolas del mundo pueden incrementar un 50 % sus contenidos actuales de carbono, contribuyendo de esa manera a una disminución del 6 % del carbono atmosférico total.
En la provincia de La Pampa, por las características propias de los suelos, se estima que los contenidos de carbono se pueden incrementar en casi un 100 %, particularmente en lotes destinados a maní. Esta situación favorable se origina en dos condiciones muy particulares: por un lado, la cosecha de este cultivo requiere de una labranza profunda del suelo (el “arrancado”) para que sus frutos, ubicados en sus raíces, se dispongan en la superficie del suelo y puedan ser luego cosechados; por otro lado, muchos suelos del este provincial destinados a maní poseen texturas más finas en profundidad que en superficie, por lo que el arrancado produce una remoción del suelo, reubicando materiales más finos subsuperficiales en la porción superior del perfil. Se produce, de esta manera, un cambio textural, incrementándose significativamente las fracciones finas en superficie, principalmente limo y arcilla, lo que aumenta también su capacidad de secuestro de carbono. Ha sido largamente demostrado que suelos texturalmente más finos poseen mayor capacidad de secuestro de carbono que suelos arenosos. Los cambios que produce la labranza profunda en suelos de La Pampa se han representado en la Figura 1 en tres etapas. De la misma se desprende que, antes del arrancado (precosecha) (Figura 1a), el horizonte superficial contiene un 40% de limo más arcilla (L+A), y posee una concentración inicial de carbono orgánico (CO) del 1 % en los primeros 10 cm del perfil. Esto equivale a aproximadamente 12 toneladas de carbono por hectárea (Figura 1a). Luego del arrancado del maní (postcosecha) (Figura 1b), aumenta la cantidad de partículas finas en superficie (>40% L+A) y, con ellas, la capacidad del suelo para almacenar carbono. En estas condiciones, el potencial de secuestro de carbono del suelo dependerá de la cantidad máxima de carbono que éste pueda acumular. Si dicha capacidad se estima en un 1,5 %, el suelo podría alcanzar un stock de aproximadamente 18 toneladas de carbono por hectárea, lo que representa un incremento potencial de 6 toneladas de carbono por hectárea respecto del contenido inicial, equivalente a un 50 % más de carbono que el almacenado inicialmente.
Figura 1. Representación de los cambios en la proporción de limo + arcilla (L+A, en %, capacidad máxima de secuestro de carbono) y C orgánico (en % Cx10) producida por la extracción de maní. a) Situación del suelo antes del arrancado, (b) mezcla de materiales subsuperficiales más finos hacia la superficie luego del arrancado y (c) posible evolución del almacenamiento de C luego de cuatro años bajo una pastura perenne. Los 40 cm indican la profundidad de la labranza.
Sin embargo, estas 6 toneladas adicionales de carbono representan un potencial y no significa que se incorporen inmediatamente al suelo postcosecha del maní. Para que se pueda acumular más carbono, se necesita realizar nuevos aportes de materia orgánica. Una alternativa para lograrlo sería implantar pasturas perennes después del cultivo de maní, la que aportaría materia orgánica, y por ende carbono orgánico.
Por ejemplo, en la Figura 1c, si luego del arrancado se implantara una pastura perenne durante cuatro años y ésta contribuyera al secuestro de aproximadamente 1 tonelada de C por hectárea, las reservas de carbono del suelo aumentarían de 12 a 13 toneladas de C por hectárea. Si bien este valor aún se encontraría por debajo de las 18 toneladas de C por hectárea correspondientes a su capacidad potencial de almacenamiento, la incorporación de la pastura permitiría incrementar progresivamente las reservas de carbono orgánico del suelo. De esta manera, el mezclado del suelo postcosecha de maní podría aumentar su capacidad para secuestrar carbono, mientras que la implantación de un manejo adecuado luego de la cosecha del maní permitiría incrementar sus contenidos.
El incremento de las reservas de carbono orgánico del suelo puede expresarse también como una cantidad equivalente de CO2 secuestrado. En términos de masa, 1 tonelada de C almacenada en el suelo equivale aproximadamente a 3,67 toneladas de CO2. Así, en el ejemplo anterior, un incremento de 1 tonelada de C por hectárea asociado a la implantación de una pastura perenne representaría potencialmente el secuestro de unas 3,67 toneladas de CO2 por hectárea.
Este potencial de secuestro de CO2 podría, además, adquirir valor económico mediante los mercados de carbono. Cuando el aumento de las reservas de carbono pueda ser cuantificado, monitoreado y verificado de acuerdo con los requisitos de una metodología o estándar reconocido, el CO₂ secuestrado puede, eventualmente, traducirse en créditos o bonos de carbono comercializables. De esta manera, las prácticas de manejo que favorezcan el incremento y la estabilización del carbono orgánico en el suelo podrían generar, además de beneficios ambientales, una potencial oportunidad de valorización económica.
A fin de analizar esta temática investigadores del Incitap han iniciado el proyecto "Un beneficio para el ambiente y la agroindustria: incrementar la capacidad de secuestro de carbono de suelos de La Pampa luego del cultivo de maní"* el que cuenta con financiación de la Fundación Williams y ha sido avalado por la Dirección de Agricultura del Ministerio de la Producción de la Provincia de La Pampa.
*Participan de este proyecto Antonela Iturri (Directora), Daniel E. Buschiazzo, Marcelo A. Zárate, Adriana Mehl y Fernando Avecilla (Investigadores del INCITAP), Micaela G. Berger (Becaria Postdoctoral del INCITAP), Rocío Comas y Claudia Montoya (Personal de Apoyo del INCITAP), Florencia Lorenzo (Docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNLPam).