La justicia del estado se ha convertido en un sistema ineficiente y sin ningún sentido de restitución ni de justicia misma, simplemente de castigo y miedo, donde el estado tiene el poder de implementar leyes que vayan en contra incluso de la propiedad misma, su propia financiación ya atenta contra ést. Tengamos en cuenta estos dos ejemplos: Note la diferencia entre «justicia para la víctima» y «castigo criminal». La justicia para las víctimas requiere que los delincuentes compensen a sus víctimas. El castigo penal requiere que los contribuyentes, incluidas las víctimas, proporcionen apoyo financiero a los presos, así como a la policía, las cortes y las burocracias penitenciarias ineficaces.
Aunque seamos la víctima, la mayoría de las veces no se nos devuelve nuestra propiedad, y aunque esa persona esté presa nosotros seguimos manteniéndola. Sin ningún incentivo a que ésto cambie, las prisiones son absurdas, los jueces no debrían poder declarar el tiempo que podrá estar una persona en contra de su voluntad esclavizada, y más por delitos que realmente no son delitos, como las drogas o me atrevería a decir, la evasión de impuestos. Y sin embargo atentan contra ellos, si vemos incluso las estadísticas del por qué menores están en estás aberraciones retenidos, no es por atentar contra alguien o la propiedad, sino por hacer cosas que un adulto tendría permitido, y sin embargo son castigados por comportarse como adultos (el único caso, sería por el consentimiento o el abuso por parte de un adulto), pero como hemos visto los menores que están ahí, no lo están por realmente ser un peligro para la sociedad.
¿Y qué sucede con psicópatas o personas donde la restitución no pueda acabar con el problema? En la mayoría de casos la restitución daría la solución sin necesidad de violencia o cárceles, ni relativas o aleatorias estancias en la cárcel, pero también podrían existir prisiones privadas, dónde el agresor pueda pagar su crimen y a la vez estar en un trabajo que de beneficios tanto a él, la empresa y la víctima, como plantea Robert P. Murphy en su libro La Teoría del Caos.
“Sin impuestos coercitivos, los presos productivos son la única fuente de ingresos y ganancias para las empresas penitenciarias privadas. Esto incentiva a los propietarios de las prisiones a tratar bien a los presos y a crear condiciones como las que se describen en el experimento de pensamiento anterior”.
También desde una sociedad privada hipotética habría un contrato de por medio, dónde esté ese apartado si comentes un atentado contra la propiedad de otro, por lo que el agresor estaría consiente del riesgo que conllevaría sus actos, sin necesidad de un castigo y la mayoría de los delitos podrían ser resueltos sin necesidad de celdas que no han funcionado ni jamás funcionaran.