El nacionalismo se ha infiltrado silenciosamente en todo tipo de movimientos supuestamente a favor de la libertad sin contar que este pensamiento es incluso más peligroso que el socialista que tanto atacan. La anarquía es incompatible con la nación filosóficamente, sin embargo como en la religión no se busca prohibir que cualquier individuo puede clasificarse o ser parte de lo que quiera. El problema radica en las consecuencias que surgen por este pensamiento hacia los demás, y el principal es invalidar el accionar individual y reducir todos los logros en base a la nación. Si las personas espontáneamente se unen para cooperar en el mercado y crecer económicamente se reduce a que es el país el que merece el reconocimiento, o peor aún, el estado. Juzgar a un individuo por el hecho de nacer en cualquier lugar, en base a estereotipos y acciones del estado, terminará afectando directamente si alguien algún día busca viajar o escapar.
La nación busca expandirse y dogmatizar a sus habitantes para sentir orgullo por su rey, que actualmente es simbólico (el estado), y dar tu vida como peón de ajedrez por viejos tiránicos que solo te ven a ti como un número o un punto de su juego de estrategia, dónde el estado si quiere en cualquier momento te puede obligar a tí y tus familiares a participar en un suicidio colectivo que ellos llaman guerra, y que en la mayoría de los casos son por mero capricho de los líderes, o por disputas políticas en las cuales la población no tiene que ver, y sin embargo son quienes reciben las consecuencias.
Las millores de muertes que se le atribuyen al comunismo no tienen nada que pedir a las muertes relacionadas a los atributos nacionalistas y políticos que han dado paso a grandes expansiones de imperios, juegos para descubrir cuál líder es más arrogante y tiránico al usar a sus esclavos, y al momento de ganar coronarse como un ser ejemplar, usando todo su poder en su conveniencia dejando a todos los individuos en segundo plano como herramientas para simular ser Dios. Y no solo esto se representa en la edad media o tiempos antes de Cristo, actualmente aún hay quienes buscan tener esa relevancia como juez de la vida de todos los demás.
“nadie que busque el poder de controlar a otros puede considerarse como buena persona”
Y que no se mal entienda, sentir orgullo por tus tradiciones o costumbres no significa que seas un esclavo de tus propios ideales, pero pueden ser utilizados tanto en tu contra como en contra de la propia nación.