En el Museo Arqueológico de Cáceres se encuentra una figura conocida como “El Astronauta del Casar de Cáceres”. Fue encontrada a principios del siglo XX por un labrador en las inmediaciones del Casar de Cáceres. Al enseñársela al párroco de la localidad, le mandó empotrarla en el exterior de una tapia del cementerio, como si mirase al cielo. Permaneció allí durante años hasta que en 1977 unos historiadores convencieron a las autoridades para trasladarla al Museo Arqueológico de Cáceres. Esta extraña figura no se parece en nada a las representaciones sobre piedra que se hacían en aquellos siglos, solo se parece al conocido “Astronauta” de Nazca, al sur de Perú. Esto lleva a pensar en un tiempo en el que quizá los extraterrestres visitaron algunos lugares de la tierra y los hombres quisieron representarlos sobre piedra para recordar el suceso. La leyenda, a partir de la inscripción tallada en la estela funeraria, recrea esta fantasía mediante una historia con una familia prerromana que acoge en su casa a nuestro personaje. Un día una hormiguita se encontró un centimito mientras barría su casa y no sabía en qué gastarlo. Decidió emplearlo en una cinta para el pelo, con la que estaba bellísima. Tan guapa se encontraba que un perro que pasaba por allí le dijo que se casara con él, pero la hormiguita se negó. Varios animales (toro, gato, gallo y carnero) le proponen matrimonio, si bien la respuesta es siempre la misma. En último lugar pasó por allí un ratón y le preguntó si querría casarse con él, a lo que la hormiguita respondió que sí, ya que el ratón cumplía con sus expectativas.
Príncipe de un reino galáctico lejano que fue enviado por sus padres a la Tierra para protegerlo de la guerra que mantenían con otro reino. Fue encontrado por una familia de vetones que lo cuidó como a un hijo hasta que una gran nave espacial regresó a por él. Fue bautizado por la familia con el nombre de Eniracillo.
Encuentra la estela del astronauta en las inmediaciones del Casar de Cáceres y se la muestra al párroco de la localidad.
Al ver la figura del astronauta, manda empotrarla en el exterior de una tapia del cementerio mirando al cielo.
Cuidan del príncipe extraterrestre durante su periodo en la Tierra. Lo tratan como a un hijo más.