1.5. ENERGÍA
En el diseño del edificio se ha buscado reducir al máximo en la medida de lo posible su impacto medioambiental. Así se han optado por aquellas soluciones que permitan su correcto funcionamiento con el mínimo consumo energético primando, por ejemplo, la iluminación natural sobre la artificial, la ventilación natural frente a la forzada, el acondicionamiento de los espacios mediante estrategias pasivas de diseño bioclimático frente al empleo de maquinaria…
A veces estas estrategias son incompatibles entre sí; por ejemplo: un edificio muy compacto puede tener, por su factor de forma, un mejor comportamiento térmico, en tanto reduce la superficie de intercambio de energía con el exterior, pero esto puede ser contraproducente si lo que se pretende es reducir la carga térmica interna (mediante ventilaciones cruzadas, por ejemplo) o se pretende privilegiar una determinada orientación para la apertura de huecos en función de su comportamiento térmico o ante la luz solar.
La forma de la parcela impone una geometría alargada a la edificación, que va contra la deseable compacidad que demanda la limitación de las pérdidas térmicas pero favorece las ventilaciones cruzadas. En el diseño del edificio se ha potenciado esta característica, negativa para el factor de forma pero positiva tanto por las condiciones locales, que imponen como estrategia más importante la limitación de las ganancias en verano. Un adecuado diseño de la ventilación ayuda a conseguir este objetivo mediante técnicas de diseño pasivo que no requieren el consumo de energía.
La dispersión de los usos en volúmenes independientes permite el acondicionamiento individualizado de cada espacio, reduciendo el consumo energético en tanto sólo se demanda la energía que cada uso requiere, en muchos casos sin depender de una instalación general. Tal es el caso de la climatización de los talleres, que se consigue gracias a un sistema de paneles radiantes, útiles tanto en verano como en invierno, que se nutren de una instalación individual que utiliza el agua del canal para reducir su consumo energético, en tanto la temperatura de ésta, tanto en invierno como en verano, es más favorable que la del aire. Del mismo modo esto permite individualizar el consumo de cada usuario, una cuestión importante dentro del programa que el edificio ofrece.
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