0. ANTECEDENTES
El tema de este proyecto retoma un ejercicio planteado durante mi estancia erasmus en la Escuela de Arquitectura de Montpellier, ENSAM. Originalmente se trataba del desarrollo de una pequeña escuela universitaria, genérica —compatible con varios tipos de enseñanza o carreras— si bien como modelo de necesidades o funcionamiento se tomaba el caso de una escuela de arquitectura (de ahí la importancia de los talleres, por ejemplo) como la propia escuela de Montpellier, edificio por lo demás muy interesante y muy representativo de una época.
El desarrollo funcional de este programa dio lugar a un agrupamiento de los espacios propuestos en función de su posible autonomía, de manera que la escuela en su conjunto se configurara como la agregación y ordenación de unos contenedores de usos que puedieran ser utilizados tanto de manera conjunta como independientemente. En el caso de las salas de conferencias o la biblioteca esto perseguía un fin práctico, ya que permitiría su funcionamiento al margen de las jornadas laborales docentes o de los días lectivos, pudiéndose ofertar así como servicios más generales para la comunidad; del mismo modo, y por ser un espacio que presta un necesario servicio auxiliar a los dos primeros, se plantearía que la cafetería cumpliese con los mismos requisitos de flexibilidad y autonomía. Posteriormente, a partir de la experiencia personal en el uso de la escuela de Montpellier, este criterio se aplicó también a los talleres: efectivamente, como respuesta a los tan asentados históricamente modos de trabajo de los estudiantes de arquitectura de cualquier parte del mundo (pero también como promoción de vicios nefandísimos y de prácticas aberrantérrimas, cuyas consecuencias se dejan notar incluso actualmente en la falta de coherencia en el ritmo circadiano de los arquitectos), allí las aulas gráficas permanecían abiertas durante las venticuatro horas del día en las semanas de entrega (¡bastaba meramente que un alumno se hiciera cargo de las llaves del edificio!). Estos criterios se aplicaron tanto a la primera propuesta, desarrollo de lo presentado en Francia como proyecto de curso, como a la presente, una vez aquella fue desechada (era, efectivamente, un desecho finalmente deshecho). Igualmente desde el principio se ha considerado el espacio abierto del muelle, naturalmente sin menoscabo de su caracter público y urbano, como parte del espacio del proyecto, integrándolo en el mismo como definidor y articulador de estos espacios y usos diferentes.