Para ir a este restaurante te tiene que apetecer mucho volver al comunismo de los años 70. Es una Varsovia a la que no estamos acostumbrados. Está decorado tal cual lo decoraron el primer día, con ese medio rojo medio marrón de la época, la lámpara setentera y la cómoda de la abuela... La comida está muy buena. Las gambitas nos encantaron.