Desde antaño y en múltiples obras se equipara a la actual Lécera como la antigua ciudad de Lassira citada por Ptolomeo, habitada por los Sedetanos.
Existen a un kilómetro del actual casco urbano de Lécera los restos de lo que fuera una antigua villa romana o quizá un poblado de esa época, emplazado en un montículo denominado Santo Domingo, nombre que le viene dado por la ermita que allí está edificada bajo la advocación de ese santo, a la que está anexionado el actual cementerio local de esa villa. Ese emplazamiento se halla en la actualidad destruido casi en su totalidad, al menos en sus laderas norte y oeste, por haber sido aterrazadas y labradas para plantar árboles hace unos 25 años por el Ayuntamiento.
Muchos y variados han sido los hallazgos realizados en ese pequeño cerro a lo largo del tiempo, pero aquí nos centraremos en la noticia que encontramos en la Real Academia de la Historia, relativa al hallazgo de unos mosaicos romanos de los que podemos saber el tamaño y dibujo gracias a la documentación que con ese fin envió a la Academia el entonces alcalde mayor de Lécera, don Valentín Bernardo Moratilla (sin duda un alcalde más sensible con las cosas del patrimonio y la cultura que el de los aterrazamientos antes citado), que transcribimos por lo interesante de su redacción y los datos que aporta:
“A resultas de estarse reparando la Posada publica de este pueblo situado en el Reino de Aragón, Partido de Alcañiz, distante de Zaragoza 9 leguas, e inmediato a las Sierras se determinó entre otras cosas hacer una gran Pila y para ello se echó mano de una piedra de buena calidad de ocho palmos de longitud y tres de latitud que se hallaba descubierta en parte por un vecino particular; en efecto habiéndola descubierto enteramente e halló que a línea recta y formando pared seguían otras de igual clase y todas estaban labradas a cuatro caras, llevados del deseo de ver más y más se descubrió como una argamasa basta de un palmo de recta, compuesta de cal arena, y pedazos o fragmentos de vajilla fina y poco más adelante hallamos que esta servía de fundamento a otra argamasa compuesta de los mismos materiales y muy fina. Con este motivo otros y yo convinimos a nuestras expensas descubrir un pedazo para ver lo que era y hallamos un pavimento muy hermoso, como puede inferirse del vasto diseño que remito a V.S. Hemos continuado descubriendo hasta cuarenta pies y medio de longitud, (como resulta del plano), y presentándonos bastante excavación el seguimiento de tal descubrimiento y para ello gastos, no nos determinamos costearlo a nuestras expensas. Pero como sea una cosa muy hermosa digna de la atención de la Academia para importar a la historia, respecto de que estos vecinos en la inmediaciones del otro pavimento han hallado en ocasiones cántaros de extraordinaria figura, tenajas, vasijas muy finas y extrañas y aún han terraplanado algunos huecos cuyas paredes se hallan buenas, e iguales, me parece oportuno comunicarlo a V.S. para que tome las providencias que tenga por oportunas sobre el caso, pero aunque en un principio con arreglo a la Historia presume poder los fragmentos de la antigua Leónica, hallo en ello bastante confusión.
Dios guarde V.S. muchos años. Lécera y febrero 19 de 1807.
Valentín Bernardo Moratilla. Alcalde Mayor.”
La Real Academia de la Historia, imaginamos que interesada en el asunto no demoró su contestación y tan unos días más tarde, el 4 de abril, respondió al alcalde de Lécera dándole las gracias y previniéndole de que preserve ese pavimento mosaico y envíe las monedas que puedan hallarse y copia de las inscripciones con la debida diligencia, mientras desde ese Real Cuerpo se toman las medidas oportunas.
Igualmente y con la misma fecha, la Real Academia de la Historia, envió otro oficio al duque de Lécera, entonces señor de la villa, comunicándole el hallazgo en el que, tras un preámbulo muy diplomático, le exorciza y suplica a que continúe las excavaciones a su costa y preserve los futuros hallazgos, comunicando a la Real Academia el resultado de dicha operación. Tras la búsqueda de datos, no pudo hallarse información del paradero de dicho mosaico. En julio del año 2000, en una inspección ocular del terreno, volvió a localizarse gracias a que las aguas procedentes de una tormenta arrastrasen parte de la tierra que lo había vuelto a cubrir. La coincidencia de su longitud con las aportadas en la citada documentación de 1807 hace suponer que ese era su emplazamiento original, aunque ha desaparecido casi en su totalidad, al menos la parte de los dibujos geométricos que formaban sus teselas.
La investigación dio como resultado que unos meses después fueran encontrados fragmentos del mosaico utilizados para construir la pared que valla un campo cercano a su ubicación original. Son pedazos de diversos tamaños de conglomerado “opus signinun” cuyas teselas formaban unos dibujos geométricos coincidentes con los del mosaico que nos ocupa. Los pedazos de conglomerado con fragmentos del mosaico hallados se encuentran depositados en la Casa de Cultura de Lécera.
Bibliografía y documentación
Bardaviu Foz, Vicente. Historia de la antiquísima villa de Albalate del Arzobispo. Zaragoza, 1914.
Martín Bueno, Manuel Antonio. “Joya de oro procedente de Lécera (Zaragoza)”. Pyrenae, nº 11, pp. 157-160. Barcelona, 1975.
ORENSANZ, Fernando. “Notas sobre materiales arqueológicos aragoneses en época iberoromana”. En revista Caesaraugusta, nº 35-36. pp. 149-155. Zaragoza. 1971-1972.
Real Academia de la Historia. Signatura CAIZ/9/3929/04.