Por: Juan Andrés Melo
En el mes de agosto del 2017, un historiador llamado Charles Kenway encontró una libreta en las ruinas del templo de Vespasiano. Parecía ser el diario de un soldado por su relato en primera persona, aunque seguramente fue escrito por varios de ellos ya que estos se desarrollan en diferentes épocas. Este descubrimiento ha sido vital, porque la información que se extrajo de ella, le permitió a Kenway tener más claridad sobre la caída del Imperio Romano y reflexionar sobre nuestros días. He aquí algunas de sus páginas.
“Es el año 285 después de cristo, Roma se ha dividido en dos partes: el occidente y el oriente. Para algunos, este cambio parece adecuado. Sin embargo, esto causa que la población y los recursos disminuyan bastante. Creo que en verdad solo es el principio del fin. Todo empezó cuando me trasladaron al occidente. Al llegar vi como los impuestos eran muy elevados, había días en donde el mercado parecía un desierto y lo que más noté, fue que había mucha gente sin empleo.
No le puse mucha atención a eso pues mi trabajo no se relacionaba con la situación. Eso no fue lo único que logré observar. Corrían muchos rumores sobre el emperador. Cada vez escuchaba más cosas sobre el cristianismo y cómo la gente divulgaba que el emperador no era el verdadero Dios.
Decían que el verdadero Dios era Cristo. Esto causó que mucha gente contemplara la figura del emperador como débil y con menos poder y por culpa de eso, ya no se interesaban en la vida militar, lo que produjo que cada vez hubiera menos rigor en el ejército y que se volviera más débil. Un día, al llegar a entrenar en el campo, pude ver cómo el general contrataba mercenarios para que hicieran parte de nuestras líneas de batalla.
Esto me daba mala espina y era porque esos mercenarios no tenían ninguna lealtad a Roma, solo les importaba el dinero. Este ambiente influyó en la corrupción política. Fue tanta la corrupción que hasta la salud bajó a un nivel preocupante. No me agrada nada la situación, he visto cómo la gente se muere de hambre por las calles y las enfermedades aumentan, incluso he caído enfermo, pero parece una pequeña fiebre, espero no sea algo muy grave.
Siento que estoy dando mis últimos respiros en esta vida. Aun así puedo lograr entender que el imperio de occidente también va dando sus últimos respiros.
(…) Me encuentro en el campo de batalla, luchamos contra los pueblos bárbaros. He oído que Odoacro, jefe de la tribu germánica de los hérulos, depuso a Rómulo Augústulo (el último emperador romano). Al mirar a mis alrededores, puedo notar que mis compañeros caen ante las manos de los barbaros. Intento correr, pero por mi fiebre, no llego muy lejos. Al voltearme veo como un bárbaro me asesina con su espada envuelta en pieles, mi hora ha llegado, veo a los bárbaros avanzar sin piedad hacia Roma. Lo único que puedo decir es que muero en batalla en el año 476 después de cristo, igual que Roma de occidente”.
En las notas finales de la libreta se logra leer:
“No sé muy bien cuál es la situación en el occidente y si te soy sincero, tampoco me importa mucho. En este momento el oriente está pasando por una situación complicada. La corrupción, las enfermedades, la falta de poder militar y otras cosas están acabando con el imperio. Me encuentro en frecuentes guerras civiles y cada día veo como nuestro ejército se llena de mercenarios, te podría decir que en este momento hay más mercenarios que romanos.
Me trasladaron a Constantinopla. Al llegar allí puedo ver cómo las calles están vacías, la gente está asustada porque según nuestros espías, se aproxima el temible ejército de los turcos. No te voy a mentir, el ejército de los turcos se puede definir en tres palabras. DOMINAR ASESINAR TORTURAR. Son las únicas palabras que encuentro para poder describirlos.
En el transcurso de la semana pude enterarme que Muhammed II se dirigía para acá. Se volvió muy popular por sus conquistas en Europa Asia y África. Ya están aquí y nuestro ejército está muy débil, pero lo intentaremos. Ya ha pasado un mes desde que los turcos llegaron y cada vez veo cómo nuestras líneas mueren poco a poco y los turcos entran a la ciudad. Es el año1453. Han derrocado al último emperador bizantino.
He tenido que irme de Constantinopla y por mis heridas, creo que no saldré de esto. Ha caído el Imperio de Oriente. Es duro para mí aceptarlo, pero es la verdad y tengo pocos días de vida. Esta libreta quedará en las ruinas del templo Vespasiano. Ojalá alguien la encuentre y sepa cómo el gran Imperio Romano fue destruido y así aprendan de nuestros errores”.
Kenmway, acomplejado por la lectura, se pone a reflexionar. Sus pensamientos le dan vueltas todo el día: ¿acaso si aprendimos como el soldado romano quería, o seguimos estancados en el año 285?
Después de una tarde investigando, se da cuenta de que el mundo solo ha cambiado estéticamente.
Se puede ver la hambruna en todo el planeta:
La corrupción toma cada vez más terreno, como el caso Oderbrecht en Colombia: durante muchos años esta compañía pagó sobornos a gobernantes, partidos políticos, empresas y personas naturales. Así se puede leer en el Colombiano, julio de 2015:
“El fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, anunció que los sobornos que pagó Odebrecht alcanzaron los 84.105 millones de pesos para la Ruta del Sol II, hecho que es relevante, porque inicialmente se pensaba que eran 11 millones de dólares, es decir, alrededor de 21.550 millones de pesos”.
La pobreza de la población está extendida. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): “en el Informe sobre Desarrollo Humano de 2015 se presentan estimaciones para 101 países en desarrollo que, en total, suman 5.000 millones de personas (el 75% de la población mundial), de los cuales un 29% (1500 millones) vivió en situación de pobreza multidimensional entre 2005 y 2014”.
Eso quiere decir que casi la tercera parte de la población de países como el nuestro (una de cada 3 personas), ¡vive en la pobreza!
Después de unos días más de investigación llega a la conclusión de que “Esta época no está muy distante al imperio romano pero creo que ahora es más fácil lograr una solución. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: tenemos las herramientas necesarias para poder aniquilar estas situaciones. Si damos una educación de calidad, todo el mundo podrá ser productivo para la sociedad y para sí mismo lo que implica que los ingresos
individuales mejorarán y las personas podrán acceder a vivienda, salud, esparcimiento, habrá una mejor convivencia y así se disminuiría en forma significativa la hambruna y la pobreza en general.
En cuanto a la corrupción es algo un poco más complicado pero no imposible. La solución es que el gobierno se comprometa y que unos moderadores observen los gastos y el destino del dinero”.
Kenway, contento con el resultado, decidió empezar a escribir su propia libreta en espera de que todas estas propuestas algún día sean llevadas a práctica.