Isabel II (1830-1904) fue reina de España de 1833 a 1868, un periodo conocido como el reinado isabelino. Sucedió a su padre, Fernando VII, en el trono, pero su reinado estuvo marcado por la inestabilidad política, guerras civiles y el exilio.
Nació en el Palacio Real de Madrid el 10 de octubre de 1830, hija del rey Fernando VII y de su cuarta esposa, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Su infancia estuvo marcada por la intriga política y las disputas sucesorias que desembocarían en la Primera Guerra Carlista.
Nacimiento y sucesión al trono
Pragmática Sanción: Apenas unos meses antes de su nacimiento, su padre, Fernando VII, promulgó la Pragmática Sanción de 1830. Esta ley derogaba la Ley Sálica, que impedía a las mujeres heredar el trono, con el objetivo de asegurar la sucesión a su descendencia directa en caso de no tener un hijo varón.
Minoría de edad: Isabel II fue proclamada reina a los tres años tras la muerte de su padre, Fernando VII, en 1833. Su ascenso al trono provocó un conflicto dinástico, ya que su tío, Carlos María Isidro, no aceptó la Pragmática Sanción que permitía a las mujeres reinar. Esto desencadenó la Primera Guerra Carlista, que enfrentó a los partidarios de Isabel (isabelinos) contra los de Carlos (carlistas).
Proclamación prematura: La infancia de Isabel terminó de forma abrupta. En 1843, el general Espartero fue derrocado y, para evitar una nueva regencia, las Cortes decidieron adelantar la mayoría de edad de la reina a los 13 años.
Reinados y etapas políticas
Regencias: Debido a su minoría de edad, España estuvo gobernada por dos regentes:
María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1833-1840), madre de Isabel II.
General Espartero (1840-1843).
Mayoría de edad y reinado efectivo:
Década Moderada (1844-1854): Predominó el liberalismo conservador del Partido Moderado.
Bienio Progresista (1854-1856): Breve periodo de gobierno del Partido Progresista.
Crisis final (1863-1868): El autoritarismo, el centralismo y la corrupción crearon un creciente malestar político y social.
Matrimonio y exilio:
Matrimonio concertado: La casaron con su primo, el infante Francisco de Asís de Borbón. El matrimonio fue concertado y se celebró el 10 de octubre de 1846, cuando ella cumplió 16 años, pero fue infeliz desde el principio. Francisco de Asís era ampliamente conocido por su homosexualidad, y la reina le rechazó en su noche de bodas.
Debido a la infelicidad de su matrimonio, la reina Isabel II tuvo numerosos amantes, lo que fue un secreto a voces y causó grandes escándalos en la Corte de la época. Su agitada vida sentimental alimentó las habladurías y contribuyó a su impopularidad. Aunque es imposible saber el número exacto, algunos de los amantes más conocidos incluyen:
Francisco Serrano y Domínguez: Un general liberal y uno de sus primeros y más influyentes amantes.
Enrique Puigmoltó y Mayáns: Se rumoreaba que este capitán era el padre biológico de Alfonso XII, el futuro rey de España.
Miguel Tenorio de Castilla: Poeta y secretario de la reina.
Carlos Marfori y Calleja: Sobrino del general Narváez y su último favorito antes del exilio.
José Ruiz de Arana: Conocido como "el Pollo Arana", fue otro de sus amores y se especula que era el padre de la infanta Isabel.
Estos amoríos extramatrimoniales, que involucraron a militares, políticos y personajes de la corte, no solo fueron un escándalo social, sino que también tuvieron implicaciones políticas y generaron dudas sobre la legitimidad de sus hijos, lo que fue explotado por sus oponentes.
En 1868, apareció un polémico álbum de caricaturas políticas llamado Los Borbones en pelota, son unas serie de ilustraciones en las que aparece Isabel II en pelota con sus amantes, también aparece su marido Francisco de Asis y en una que aparece con un burro. Aunque su autoría fue atribuida a Gustavo Adolfo Bécquer, la crítica no ha logrado ponerse de acuerdo en si él fue el autor o no.
Destronamiento: En 1868, la conocida como Revolución Gloriosa, un pronunciamiento militar y civil, puso fin a su reinado. La reina se exilió en Francia.
Abdición: Isabel II abdicó en 1870 en favor de su hijo, Alfonso, quien se convertiría en Alfonso XII con la Restauración de la monarquía en 1874.
Isabel II
Isabel II
Pago por hijo
Sobre la afirmación de que Isabel II pagaba a su marido, Francisco de Asís de Borbón, para que reconociera a los hijos que tenía con sus amantes es una leyenda histórica muy extendida, pero no está confirmada por pruebas documentales sólidas. Lo que sí es cierto es que el matrimonio real fue extremadamente infeliz y estuvo lleno de escándalos y rumores. El matrimonio, concertado por intereses políticos en 1846, fue un fracaso desde el principio. Se sabía públicamente que Francisco de Asís era homosexual (apodado despectivamente "Paquita Natillas" en la corte) e Isabel II tenía numerosos amantes. Isabel II tuvo 12 embarazos, de los cuales cinco hijos sobrevivieron a la infancia. Existía una creencia generalizada y extendida en la época, incluso a nivel popular, de que el padre biológico del futuro rey Alfonso XII y de sus hermanas no era Francisco de Asís, sino alguno de los amantes de la reina.
Aunque no hay constancia de pagos por cada hijo, los historiadores sí mencionan que Francisco de Asís pudo haber recibido grandes sumas de dinero o prebendas a cambio de su silencio, su conformidad y su papel como rey consorte oficial, reconociendo a todos los hijos como legítimos de la Corona.
La idea de un "pago por hijo" es probablemente una simplificación o exageración de los acuerdos económicos y políticos más amplios que permitieron a la pareja mantener las apariencias y asegurar la línea de sucesión al trono, a pesar de sus vidas maritales separadas y escandalosas.
Legado
El convulso reinado de Isabel II estuvo marcado por la lucha entre absolutistas y liberales, y el afianzamiento del sistema liberal en España, aunque bajo un clima de gran inestabilidad y pronunciamientos militares. Su figura histórica es compleja, a menudo calificada como la "reina de los tristes destinos".
El legado del reinado de Isabel II (1833-1868) es complejo y contradictorio, marcado tanto por una profunda inestabilidad política como por una importante modernización económica y social. A pesar de su figura impopular y la corrupción que salpicó a su Corte, su reinado fue crucial para la transición definitiva de España hacia el estado liberal.
Legado político
Consolidación del Estado liberal: Durante su reinado, se consolidó el régimen constitucional con la promulgación de la Constitución de 1837, de carácter progresista, y la de 1845, más conservadora. A pesar de los constantes conflictos entre moderados, progresistas y la Unión Liberal, el sistema liberal se afianzó frente al absolutismo carlista.
Fragmentación política: Sin embargo, su reinado se caracterizó por una gran inestabilidad. Los partidos políticos eran facciones lideradas por generales que recurrían a pronunciamientos militares para alcanzar el poder, en lugar de respetarse las vías parlamentarias.
Pérdida de prestigio de la monarquía: La intromisión de la reina en la política, a menudo influenciada por su camarilla de cortesanos, socavó el prestigio de la institución monárquica. Su vida personal y los escándalos de corrupción contribuyeron a esta percepción negativa.
Exilio y Restauración: La Revolución de 1868 la derrocó y la obligó al exilio, demostrando el agotamiento del modelo político. Su posterior abdicación en su hijo, Alfonso XII, facilitaría la Restauración borbónica de 1874, con una monarquía más limitada y constitucional.
Legado económico y social
Modernización y crecimiento: España experimentó una importante modernización económica durante su reinado, a pesar de los vaivenes políticos.
Infraestructuras: Se impulsó la expansión del ferrocarril y el telégrafo.
Reformas: Se llevaron a cabo reformas fiscales y administrativas (1845) y se legisló la desamortización de Madoz (1855), que afectó a bienes de la Iglesia y Ayuntamientos.
Urbanismo: Las ciudades de Madrid y Barcelona experimentaron un gran crecimiento.
Creación de Instituciones: Se crearon Instituciones clave para el Estado moderno, como la Guardia Civil (1844), para mantener el orden en el campo, el Banco de España (1856) y el Canal de Isabel II (1851), que aseguró el abastecimiento de agua a Madrid.
Crisis y descontento social: A pesar del progreso, las crisis económicas y las desigualdades sociales generaron un creciente descontento popular y el auge de nuevas fuerzas políticas como demócratas y republicanos.
Legado cultural
Impulso cultural: Su reinado también vio un notable desarrollo cultural, incluyendo la inauguración del Teatro Real de Madrid (1850), la expansión del Museo del Prado y la fundación de la Biblioteca Nacional.
Impacto duradero: La Época Isabelina marcó el comienzo de una nueva etapa en la cultura española, con un mayor intercambio de ideas y una ampliación de las instituciones educativas.
En resumen, el legado de Isabel II es un reflejo de una España en transición. Su reinado, caótico y polémico, fue el crisol donde se forjó el Estado liberal moderno, con avances significativos en lo económico y social, aunque también con profundas grietas políticas que acabarían forzando su exilio.
Muerte y entierro
Fallecimiento: Murió en su residencia parisina el 9 de abril de 1904, a los 73 años, a causa de una neumonía. Aunque pudo regresar a España en 1876, lo hizo por breves períodos y no en la capital, por lo que su residencia habitual continuó siendo en Francia. La reina emérita pasó sus últimos años en París, manteniendo una vida social activa y recibiendo a diversas personalidades, aunque lejos del poder político.
Entierro en El Escorial: A pesar de haber fallecido en el exilio, sus restos fueron trasladados a España. En 1904, fue enterrada en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial, junto a otros monarcas españoles.
Francisco de Asis, marido de Isabel II
Francisco de Asís de Borbón (1822-1902)
Rey consorte de España: Fue el marido de la reina Isabel II, con quien se casó el 10 de octubre de 1846.
Vida y figura: Era primo hermano de Isabel II y también ostentó el título de Duque de Cádiz. Su matrimonio fue concertado por motivos políticos y resultó muy infeliz, en parte por la presunta homosexualidad de Francisco y la agitación sentimental de Isabel.
Rumores y apodos: En la corte y entre el pueblo, Francisco de Asís era objeto de burlas y rumores debido a su amaneramiento, voz atiplada y gustos refinados. Era conocido con apodos despectivos como "Paquita" o "Paquito Natillas".
Salud y sexualidad: Se ha debatido mucho sobre su sexualidad. Padecía de hipospadias, una malformación de nacimiento en la uretra, lo que alimentó los rumores y los chistes sobre su virilidad. Aunque nunca lo declaró, los testimonios de la época y su correspondencia sugieren que era homosexual, lo que generaba fricciones con su esposa.
Exilio y fallecimiento: Acompañó a Isabel II en su exilio a Francia tras la Revolución de 1868. Vivió en París a pesar de las desavenencias con su esposa, falleció en 1902 en Épinay-sur-Seine.
Amantes: Históricamente, se ha rumoreado que mantuvo relaciones con otros hombres. No obstante, debido a la falta de documentación detallada de la época y a los prejuicios existentes, los detalles específicos sobre sus supuestos amantes son escasos. Gran parte de la información disponible procede de chismes, caricaturas de la época y especulaciones, y no de pruebas históricas verificadas.
María Cristina de Borbón-Dos Sicilias
La madre de Isabel II, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (cuarta esposa de Fernando VII), fue una figura central en los escándalos de su época, tanto por su matrimonio secreto como por su implicación en acusaciones de corrupción y enriquecimiento ilícito.
Matrimonio secreto y escándalo
El principal escándalo personal de María Cristina fue su matrimonio secreto con el sargento de la Guardia de Corps, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, celebrado solo tres meses después de la muerte de su esposo, el rey Fernando VII, en 1833. Este matrimonio era un problema por varias razones:
Rapidez: La extrema rapidez con la que volvió a casarse tras enviudar (estando embarazada) fue vista como una falta de respeto al difunto monarca.
Desigualdad social: Muñoz era un militar de rango inferior y origen humilde, lo que se consideraba indigno para una reina regente de España.
Regencia: Como regente, su estado civil y su vida privada tenían implicaciones políticas, y este matrimonio socavó su prestigio y legitimidad. La existencia de este matrimonio y los numerosos hijos que tuvo con Muñoz (llegó a tener más de una decena de hijos en total) se mantuvieron en secreto oficial durante años, aunque eran un secreto a voces en la corte.
Corrupción y negocios
Durante su regencia (1833-1840) y también tras su exilio, María Cristina fue acusada de utilizar su posición para acumular una inmensa fortuna personal, lo que le valió el apodo de "la reina de la corrupción".
Red de negocios: Formó una red de negocios y tráfico de influencias con su segundo marido y su círculo cercano, el "clan de Tarancón" (Muñoz fue nombrado Duque de Riánsares).
Concesiones y finanzas: Se benefició de concesiones de obras públicas, contratas de suministro al ejército, negocios ferroviarios y otras operaciones financieras, a menudo obtenidas de manera poco transparente.
Uso de fondos públicos: Hubo denuncias en las Cortes (especialmente durante el Bienio Progresista de 1854-1856) sobre el uso de fondos públicos para sus empresas privadas y el enriquecimiento personal de su familia. En 1869, un ministro de Hacienda denunció incluso la desaparición de 78 millones de reales en valores y el robo de joyas de la Corona, vinculando estos hechos a María Cristina e Isabel II.
El escándalo de su matrimonio secreto y las acusaciones de corrupción contribuyeron enormemente a su impopularidad y, finalmente, a que tuviera que exiliarse de España en varias ocasiones.
María Cristina de Borbón Dos Sicilias
Los Borbones en pelota.
En 1986, la Sección de Bellas Artes de la Biblioteca Nacional adquirió dos portafolios con un total de 89 acuarelas de temática satírico-política que incluían un alto porcentaje de imágenes claramente pornográficas. Entre estas, destacaban las referidas a la reina Isabel II en posturas indecentes junto, entre otros y en parecidas posturas, a su confesor el padre Claret, a sor Patrocinio, la llamada «Monja de las Llagas», al rey consorte Francisco de Asís, al último presidente del consejo de ministros isabelino, Luis González Bravo, y al notorio amante de la reina en las vísperas de la Revolución de 1868, Carlos Marfori, sobrino del general Narváez. Consultados los especialistas, las acuarelas y sus leyendas fueron atribuidas inicialmente a dos personajes improbables: los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer, la crítica no logró ponerse de acuerdo sobre quien fue su autor.
Las tres guerras carlistas
Primera Guerra Carlista (1833-1840)
Inicio: Estalló tras la muerte de Fernando VII en 1833.
Desarrollo: Las principales batallas tuvieron lugar en el norte de España, con tácticas de guerrilla por parte de los carlistas. Destacaron líderes como el general carlista Zumalacárregui y el liberal Espartero.
Final: Terminó con la derrota de los carlistas. El Convenio de Vergara en 1839 permitió la reintegración de oficiales carlistas en el ejército liberal y prometió respetar los fueros, aunque la lucha continuó en el Maestrazgo hasta 1840.
Segunda Guerra Carlista (1846-1849)
También conocida como "Guerra dels Matiners": Fue un conflicto de menor escala que se desarrolló principalmente en Cataluña.
Causas: Resurgió tras el fracaso de los intentos de casar a Isabel II con el pretendiente carlista Carlos VI, finalmente se casó con su primo Francisco de Asis Borbón.
Tercera Guerra Carlista (1872-1876)
Inicio: La inestabilidad política, con la caída de Isabel II en 1868 y la abdicación del rey Amadeo I, fue aprovechada por el pretendiente carlista Carlos, el hermano de Fernando VII, para iniciar un nuevo levantamiento.
Desarrollo: Los carlistas establecieron una estructura estatal en los territorios bajo su control y llegaron a sitiar ciudades como Bilbao, sin éxito.
Final: Con el apoyo del nuevo rey Alfonso XII, las fuerzas gubernamentales derrotaron a los carlistas. En 1876, el pretendiente fue al exilio y se abolieron definitivamente los fueros de las provincias vascas y Navarra.
Consecuencias de las guerras carlistas
Impacto duradero: Las guerras carlistas causaron una gran devastación económica y debilitaron al Estado español, lo que acentuó las tensiones regionales.
Polarización política: La sociedad española se dividió profundamente entre dos visiones del país: la tradicionalista y la liberal.
Influencia militar: El papel del ejército en la política se reforzó, y los pronunciamientos militares se convirtieron en una práctica habitual para derrocar gobiernos.
Supervivencia del carlismo: A pesar de las derrotas, el carlismo persistió como una fuerza política marginal, y sus simpatizantes se unieron al bando sublevado durante la Guerra Civil Española (1936-1939).
A Isabel II, le sucedió su hijo Alfonso XII.
VÍDEOS: Isabel II