clase 16.09.2025
Durante esta semana he continuado trabajando en la construcción del personaje de un asesino o psicópata. El enfoque ha estado centrado en la observación de comportamientos y en la búsqueda de gestos o movimientos que puedan asociarse a este tipo de figura. Aun así, se trata de un perfil poco común en la vida cotidiana, lo que me ha limitado la posibilidad de encontrar referentes en personas reales por la calle, en el metro...
La acción cotidiana que estoy desarrollando consiste en tomar un café. Tal y como se aprecia en el video he procurado que toda la atención recaiga en este acto específico. En la sesión anterior, Nerea me indicó que debía concentrarme exclusivamente en la acción de sorber el café, evitando cualquier otra actividad paralela como abrir la botella u otros gestos que restaran precisión y claridad a la acción principal.
Para esta semana me toca empezar a pensar la actividad extra cotidiana, y reconozco que me parece un poco complejo. Es un personaje muy alejado de mí y, precisamente por eso, resulta tan interesante trabajarlo. Al no ser común, me impulsa a buscar estigmas, movimientos o gestos que lo definan, y eso me motiva a observar con más detalle.
Además, empezar a leer La canoa de papel de Barba y su antropología teatral me ha abierto muchos caminos para enfrentar este proceso de construcción del personaje y entender cómo darle cuerpo, coherencia y presencia escénica.
clase 23.09.2025
En esta primera práctica de la acción cotidiana , debo reconocer que me he sentido poco orgullosa del resultado. Durante el proceso de creación no logré comprender del todo el sentido profundo del ejercicio ni focalicé toda la atención que merecía. Esto provocó que la acción quedara incompleta y vacía, algo que también fue señalado en el feedback de la profesora.
Mi propuesta consistía en llevar más allá la acción de beber agua, transformándola y explorándola desde un punto de vista menos literal. Para ello decidí hacerlo a través de una jeringuilla, intentando que el gesto cotidiano adquiriera una dimensión diferente, casi extraña o poética. Sin embargo, al revisarlo con más distancia y tras los comentarios recibidos, comprendí que el resultado se quedó a medio camino: ni alcanzó del todo la organicidad de una acción cotidiana, ni logró la energía o la precisión que caracterizan a las acciones extracotidianas según lo planteado por Eugenio Barba.
Barba insiste en que las acciones extracotidianas deben transformar el uso habitual del cuerpo, intensificando la presencia y la calidad del movimiento. En mi caso, aunque la idea inicial tenía potencial, la ejecución no logró esa transformación real: la acción no trascendió lo cotidiano, sino que permaneció en un terreno intermedio, un poco flojo, sin la energía ni la intención claras que requiere este tipo de trabajo.
A partir de los comentarios de la profesora, entendí la importancia de seguir desarrollando la acción, de no quedarme en la primera idea, sino de profundizar más en cómo se puede evolucionar una acción aparentemente simple como “beber agua”. En los próximos ensayos, quiero intentar llevarla un paso más allá, trabajando desde la atención, la escucha del cuerpo y la calidad de energía que propone Barba, para descubrir nuevas posibilidades físicas y expresivas dentro de lo cotidiano.
En definitiva, aunque el resultado de esta primera práctica no fue del todo satisfactorio, considero que ha sido una etapa necesaria de aprendizaje. Me ha permitido reconocer mis carencias en la comprensión y la precisión del trabajo físico, y me ha dado un punto de partida más consciente para seguir explorando cómo transformar una acción cotidiana en una experiencia escénica con mayor presencia y profundidad.
clase 30.09.2025
Comenzamos la clase con nuestro calentamiento habitual, con el objetivo de activar el cuerpo y despertar la energía antes del trabajo escénico. Realizamos un ejercicio especialmente dinámico que consistía en crear movimiento a partir de la música, permitiendo que el ritmo guiara nuestras acciones. No se trataba simplemente de bailar o moverse de forma natural, sino de explorar un tipo de movimiento rítmico y consciente, en diálogo con la estructura sonora. Desde mi interpretación, esta práctica tenía relación con los principios de la biomecánica de Meyerhold, donde el ritmo, la coordinación y la precisión del gesto corporal se convierten en el motor de la acción teatral.
Ese mismo día realizamos las exposiciones en clase, y nuestro grupo presentó el tema de Jerzy Grotowski y su propuesta del Teatro Pobre, basándonos en los estudios de su discípulo Thomas Richards. Además, desarrollamos un ejercicio práctico inspirado en los Mystery Plays, lo que nos permitió trasladar la teoría al cuerpo y comprender más profundamente la búsqueda esencial del trabajo grotowskiano. Fue una experiencia muy enriquecedora, ya que pude poner en práctica los conceptos teóricos, observar cómo se manifiestan físicamente y entender mejor la relación entre el sacrificio del actor, la presencia y la verdad escénica.
En conjunto, esta sesión me ayudó no solo a reforzar mi entrenamiento actoral, sino también a continuar el proceso de construcción de mi personaje desde un lugar más físico, orgánico y consciente. Sentí que la práctica fue un puente entre la reflexión teórica y la experiencia corporal, lo que me permitió seguir evolucionando tanto técnica como creativamente.
Al finalizar la sesión, comprendí la importancia de mantener una atención plena en el cuerpo y en la intención de cada acción. A veces, en el proceso creativo, la búsqueda técnica puede distraer de lo esencial: la conexión viva entre el impulso interior y su expresión física. Este trabajo me recordó que el entrenamiento no solo desarrolla habilidades, sino también una sensibilidad más profunda hacia el propio proceso y el de los demás. Mi objetivo para las próximas sesiones es seguir afinando la precisión de la acción y encontrar mayor verdad en la simplicidad del movimiento.
Clase 07.10.25
En esta clase, el contacto con mi personaje surgió principalmente a través de la improvisación. Trabajamos con diferentes combinaciones vocales y expresivas: acción acompañada de onomatopeya, acción con un idioma inventado y finalmente acción utilizando mi propio idioma. Este ejercicio me resultó muy útil y enriquecedor por varios motivos. En primer lugar, el objetivo principal era descubrir una nueva musicalidad a través de la voz, salir de los registros habituales y cotidianos. En segundo lugar, el uso del idioma inventado permitía explorar una comunicación más libre, lúdica y creativa, abriendo posibilidades expresivas que luego podrían trasladarse al habla del personaje. Finalmente, el ejercicio ayudaba a vincular el trabajo vocal con la construcción escénica, encontrando cómo suena y se expresa realmente el personaje dentro de mi propio lenguaje.
En mi interpretación, este trabajo busca romper con la voz personal la del “yo” cotidiano para conectar con la voz del personaje, con su energía y su identidad sonora. Durante el proceso, me encontré con ciertas dificultades: en ocasiones, me costaba mantenerme dentro del personaje o encontrar diferentes estrategias para alcanzar mi objetivo en escena. En este sentido, comprendí que podía continuar mi acción principal, pero explorando nuevas maneras de conseguir mi propósito dramático.
Intenté además mantenerme en personaje de forma constante, tanto en los momentos en los que perseguía mi objetivo como en aquellos en los que debía reaccionar ante el otro. Procuré responder siempre desde la mente y la psicología de mi personaje, que en mi caso tiene rasgos psicopáticos, adaptando mis reacciones y mi energía a esa condición. Este trabajo me permitió descubrir que mi personaje posee un amplio rango de comportamiento, capaz de relacionarse con personalidades muy distintas y reaccionar ante múltiples situaciones. Fue una experiencia reveladora, ya que nunca antes había explorado a fondo cómo mi personaje se transforma a través del contacto con los demás.
Aunque el ejercicio no funcionó plenamente en las primeras repeticiones, con la práctica fui notando una mejora considerable. Aprendí que la repetición constante, como señalan muchos maestros del teatro, es la clave para que el trabajo evolucione. Gracias a la perseverancia y al entrenamiento, comprendí que incluso los ejercicios que al principio parecen no funcionar pueden convertirse en oportunidades de crecimiento actoral.
Clase 14.10.25
Psicópata (sin ser estereotipado)
Biografía de Jorge
Jorge se despierta todos los días exactamente a las 8:30 de la mañana. Nunca antes, nunca después. El sonido que marca el inicio de su rutina es siempre el mismo: el tono “radar” de su despertador. Es un hábito que repite con precisión casi mecánica, como si ese sonido fuese el pistoletazo de salida de un día que siempre transcurre igual. Al levantarse, va directo al baño, se lava los dientes con meticulosidad y se moja el pelo con agua fría, sin peine, sin secador. Luego aplica dos gotas exactas de su colonia Victorio & Lucchino, una detrás de cada oreja, como un pequeño ritual de orden personal.
A la hora de vestirse, Jorge suele escoger camisas o pijamas de cuadros. Los cuadros parecen darle seguridad, como si el patrón repetido de la tela representara también la estructura de su vida. Se pone sus gafas de pasta blanca, un accesorio que ya forma parte de su identidad, y baja a la cocina. Allí prepara siempre el mismo desayuno: un café solo, fuerte, sin azúcar, acompañado de una tostada con aceite. Después se sienta en el sofá durante una hora y media exacta para leer el ABC. Nunca otro periódico. Dice que los demás “distorsionan demasiado la realidad”.
Pasado ese tiempo, se coloca su gorra, que lleva incluso en días nublados, y sale de casa para hacer la compra. Va siempre al mismo supermercado, recorre los pasillos en el mismo orden y observa a la gente con detenimiento. No mira por mirar: observa los gestos, las bolsas, las caras cansadas. Le gusta imaginar las vidas de los demás, como si fueran pequeños relatos que solo él puede descifrar. Regresa a casa alrededor de las 13:00 y, sin demorarse, se dirige a casa de su madre para comer a las 13:30. Es una costumbre que mantiene desde hace años, incluso después de independizarse.
Después de comer vuelve a su piso, un pequeño apartamento ordenado hasta el detalle. Todo tiene su lugar y nada parece fuera de sitio. A las 16:00 exactas se recuesta para dormir la siesta: una hora y cinco minutos. Ni uno más, ni uno menos. Cuando se despierta, se ducha con agua tibia, evitando el agua caliente porque le “adormece los reflejos”, según dice. A las 19:00 sale de casa para dirigirse a la coctelería donde trabaja. El trayecto le lleva unos 55 minutos, por eso calcula cuidadosamente el tiempo: debe llegar a las 19:55, cinco minutos antes de comenzar su turno.
Jorge trabaja como coctelero de lunes a sábado, desde las 20:00 hasta las 00:00. Le gusta su trabajo porque le permite observar sin tener que hablar demasiado. Conoce a muchos clientes por sus costumbres de bebida: quién pide siempre lo mismo, quién cambia de trago cuando está nervioso, quién bebe solo para ser visto. Él no bebe mientras trabaja; solo sirve, escucha y asiente con breves sonrisas. Pero los días impares, al terminar, se permite una excepción: se toma una copa de whisky en el bar de la esquina de su casa. Dice que lo hace “para cerrar el ciclo del día”.
Al volver, se pone su pijama de cuadros y dedica quince minutos exactos a la lectura. Siempre el mismo autor: Edgar Allan Poe. Hay algo en esos relatos que lo tranquiliza, como si el orden de su vida necesitara el caos ajeno para mantenerse en equilibrio. Después apaga la luz y se duerme.
Episodio de Jorge
Durante una de sus jornadas en la coctelería, Jorge se cortó los dedos al partir un limón. El accidente fue rápido, casi absurdo, pero suficiente para dejarle tres dedos inmovilizados durante varios días. Esa limitación física altera por completo su manera de trabajar: cada movimiento que antes ejecutaba con precisión y ritmo como agitar una coctelera, exprimir una rodaja, servir una medida exacta ahora le exige más tiempo, atención y esfuerzo. La coordinación ya no es la misma, y la frustración aparece cuando el cuerpo no responde a la exactitud que él siempre ha controlado.
Aunque el corte no es grave, sí representa una grieta en su disciplina. Lo físico y lo emocional comienzan a mezclarse, sobre todo porque, de forma inesperada, Jorge empieza a sentir un cambio interior. En los últimos días ha conocido a alguien, y ese vínculo que empieza a nacer lo desestabiliza tanto como la herida. Sin buscarlo, está experimentando algo parecido al enamoramiento, y eso modifica su energía, su concentración y su forma de estar en el trabajo.
El daño en los dedos se convierte así en un reflejo de su propio estado emocional: una interrupción en la perfección de su rutina. La herida le obliga a adaptarse, a moverse distinto, a aceptar el error. Al mismo tiempo, el nuevo sentimiento que empieza a crecer dentro de él le hace actuar de manera más humana, menos controlada, más vulnerable. Ambos estímulos el físico y el emocional alteran su acción principal, la de hacer cócteles, pero también revelan un cambio más profundo: Jorge, por primera vez, no tiene todo bajo control.
CLASE DEL 28.10.2025
En esta clase hablamos profundamente sobre cómo construir una historia y, sobre todo, cómo dar vida a un personaje. Comprendimos que un personaje no existe por sí solo, sino que está rodeado de circunstancias, experiencias y decisiones que lo conforman.
1. Acontecimiento
Son los hechos cotidianos que le ocurren al personaje. No provocan grandes cambios en su interior, pero forman parte de su día a día y construyen su contexto.
ACONTECIMIENTO DE JORGE: ya ha tenido su primer encuentro con la chica. Siente que le gusta aún más y eso provoca un cambio de actitud en él.
2. Presión y Deseo
PRESIÓN DE JORGE: tener a alguien que le quiera
DESEO DE JORGE: estar con ella/ conocerla
Toda acción nace de un deseo y de la expectativa de conseguir algo. Cuando esta expectativa no se cumple, aparece la decepción, el desvío o el vacío, como explica Robert McKee. Es allí donde se genera conflicto y movimiento dramático.
3. Las cuatro facetas de Syd Field para construir un personaje
Objetivo: Qué quiere el personaje y de quién espera obtenerlo.
OBJETIVO DE JORGE: estar con ella/ conocerla. ESTRATEGIAS: enamorarme y el objetivo es
Punto de vista: Cómo ve el mundo, cuál es su percepción de la realidad .
PUNTO DE VISTA DE JORGE: negativo, es como su proyecto de vida.
Cambio: En toda historia debe haber algo que provoque una transformación: un acontecimiento que modifique su visión o su forma de actuar
CAMBIO DE JORGE: un beso de ella
Actitud: Es la manera en que el personaje se comporta frente al mundo: su forma de reaccionar, su energía (puede ser desafiante, sumisa, arrogante, insegura, etc.)
ACTITUD DE JORGE: agresiva
La herencia creativa
También reflexionamos sobre cómo nuestra propia vida influye en lo que creamos. Nuestro país, cultura, entorno social y experiencias personales conforman lo que llamamos herencia creativa. Todo esto se filtra en nuestra forma de escribir y en cómo imaginamos y construimos personajes e historias.
4/11/25
En esta clase hemos profundizado en el trabajo sobre el texto, especialmente en cómo desglosar la voz del intérprete para descubrir lo que realmente comunica más allá de las palabras. A partir de esa reflexión surgió la figura de Yoshi Oída, un referente imprescindible cuando se habla de presencia, de precisión y de texto en cuanto a la organicidad en el trabajo actoral. Indague después de la clase sobre algunos de sus libros más conocidos y, personalmente, me quedé con mucha curiosidad por leer "El actor invisible", porque parece ofrecer una mirada muy profunda y práctica sobre cómo integrar cuerpo, voz y energía en un único flujo expresivo.
Otro punto importante de la sesión fue cómo integramos el sonido como un todo dentro del texto. No solo como acompañamiento o atmósfera, sino como un elemento estructural, casi como si fuera otro intérprete más. Entender el sonido así, como un tejido que acompaña y transforma la palabra, nos permitió afinar nuestra escucha colectiva y pensar en la escena de forma más amplia. Probamos además diversos ejercicios de respiración y hablamos de la gran utilidad de la meditación a la hora de iniciar un calentamiento actoral.
El resto de la clase lo dedicamos a seguir puliendo y montando elementos de la muestra final. Poco a poco se va notando que existe una base sólida y una estructura clara, pero lo que más destaca es la energía del grupo y las ganas reales de trabajar. Esa combinación hace que el proceso se sienta vivo y que cada sesión aporte un pequeño avance, tanto individual como colectivo. Es bonito ver cómo todo va encontrando su lugar y cómo, a pesar del cansancio o la incertidumbre propia de los procesos creativos, la motivación se mantiene firme y compartida.
Para la próxima clase, debemos tener claro nuestro A2: aplicar los cuatro vacíos (acción, texto, emoción y silencio). Este es el esquema/guion que me he hecho para tener una estructura clara y empezar a practicar a raíz de ahí.
(El coctelero está preparando un cóctel. Movimientos precisos, casi quirúrgicos. Mira los utensilios como si fueran objetos valiosos. Prueba el aroma. Percute el shaker con demasiado entusiasmo. Todo muy profesional pero con un toque inquietante.)
Sin dejar de preparar el cóctel, dice en voz baja:
“Yo no soy así.
Te lo juro que yo no soy así.”
Culpa contenida.
No es culpa grande y dramática, es algo pequeño y reprimido, casi involuntario
El personaje termina el cóctel.
Lo observa.
Se queda completamente quieto.
Respira.
Algo en sus ojos delata que algo está pasando por dentro… pero no se dice nada.