Por la tarde, todo el cielo está cubierto
y un aguacero la arboleda ha cruzado
en silencio y duelo, oscuro y dorado.
Lejano un toque vespertino ha muerto.
Agua helada la tierra ha bebido,
en la linde del bosque un fuego lento,
tal voces de ángeles el suave viento
y me he arrodillado estremecido
en amargos berros en la yerba esteparia.
A lo lejos bogaban en charcos plateados
nubes, puestos de amor abandonados.
La landa era toda inmensa y solitaria.