3 NOVIEMBRE 2020
FRECUENCIA QUINCENAL
Hoy se celebran elecciones en los Estados Unidos: la principal economía del mundo y también principal socio comercial de México.
Una elección de circunstancias inéditas como celebrarse en medio de una pandemia global y un Presidente que ha roto todos los esquemas, resquebrajando una institucionalidad política y civilidad democráticas que hasta hace algunos años se consideraban baluartes.
El principal mensaje de Trump durante las últimas dos semanas de campaña fue poner en duda la legitimidad del proceso, anticipando que no aceptará con facilidad los resultados de la elección, lo que abre escenarios de alta inestabilidad política.
La elección del año 2000 se considera una de las más cerradas en la historia de EEUU: el candidato demócrata Al Gore ganó el voto popular por apenas medio punto porcentual, pero perdió en el Colegio Electoral tras un recuento en Florida y una decisión de la Suprema Corte, que un mes después diera el triunfo al republicano George W. Bush.
Hay dos grandes diferencias con la elección del 2000: la primera, todas las encuestas y modelos probabilísticos dan a Biden una ventaja considerable (poco más de 8 puntos porcentuales) sobre Trump y segundo, y más importante, en aquél momento nadie dudaba de que el respeto a las reglas y al sistema estaba por encima de cualquier otra consideración. Con Trump, esa certidumbre se ha esfumado.
Aunque no se puede descartar una sorpresa, es un hecho que Biden llega a la jornada electoral como el favorito.
Sea cual sea el resultado, es un hecho que el COVID-19 se volvió el escenario de este momento histórico, y la forma en que el actual gobierno ha enfrentado la pandemia -tanto en políticas como en discurso- podría terminar siendo uno de los factores decisivos para el electorado.
Hasta el 2 de noviembre, de acuerdo a la OMS, Estados Unidos registraba más de 9 millones de casos confirmados y rebasaba las 228,000 muertes.
Estas cifras lo convierten en el país con mayor número de contagios y muertes a nivel global.
El dato de los fallecimientos por Covid en EEUU se dimensiona cuando se analiza en proporción: el país concentra alrededor del 4.25% de la población mundial, pero el 20% de los decesos por este virus a nivel global.
Como es lógico en toda reelección, existe la tensión entre continuidad y cambio, pero en este caso, la continuidad está determinada por el juicio hacia Trump y su administración por el manejo de la pandemia.
De acuerdo al portal FiveThirtyEight, en promedio más del 57% de los norteamericanos desaprueba la gestión de la pandemia que ha realizado el Presidente Trump, mientras que un 40% lo aprueba.
La combinación única de factores (es lengua común entre consultores electorales el mantra de que cada elección es diferente) como la crisis de salud, la crisis económica, las tensiones raciales e ideológicas, parecen haber generado un efecto movilizador: más personas están votando.
El sistema norteamericano permite la votación anticipada. Al llegar a la elección del 3 de noviembre ya habían votado más 100 millones de personas.
La cifra es un récord, pues esta cantidad de votos significa dos terceras partes de los emitidos en la elección de 2016. De seguir esta tendencia, podría darse una participación récord en una elección presidencial.
Históricamente, la votación anticipada tiende a ser favorable a los demócratas, mientras que la votación del “Día-D” beneficia a los republicanos. Otro factor observable ha sido el aumento considerable de votantes jóvenes.
Adicional a la pérdida de vidas, el Covid ha significado un golpe económico para EEUU.
A día de hoy, en promedio más del 85% de los estadounidenses se dicen algo o muy preocupados por la economía, lo cual será uno de los factores principales al momento de tomar la decisión electoral.
Trump había recargado gran parte de su fortaleza discursiva y aprobación el desempeño de la economía previo a la pandemia. EEUU registraba una tasa muy baja de desempleo (la menor en 50 años).
La pandemia provocó que en el segundo cuarto del año el PIB norteamericano cayera más de 30%, cifra que no se alcanzaba desde la Gran Depresión, mientras que el desempleo llegó a casi 15%, su tasa más alta desde la era de la posguerra.
Actualmente, hay más de 6.8 millones de desempleados más que en febrero de este año, antes que comenzara el confinamiento masivo.
El modelo predictivo de FiveThirtyEight concluye que el ambiente general favorece a los demócratas:
En 89 de 100 escenarios Biden resulta ganador.
Trump, solo en 10 de 100, pero eso no significa que no tenga posibilidades.
En promedio, Biden está 8.4 puntos arriba de Trump en el poll of polls o acumulado de encuestas.
Pennsylvania es el estado identificado como tipping point o punto de inflexión, es decir, el territorio clave para inclinar la balanza del colegio electoral (el conteo de puntos asignados a cada Estado, que es lo que finalmente determina la victoria).
Los demócratas tienen un 72% de probabilidades de alzarse con la victoria en los 3 espacios federales que están en juego: la presidencia, el Senado y la Cámara de Diputados (House).
Pie de la infografía: Biden es el preferido para ganar la elección
Simulamos la elección 40,000 veces para ver quién gana más seguido. La muestra de 100 escenarios te da una buena idea de la cantidad de escenarios que considera nuestro modelo (ver infografía)
La tendencia favorece a Biden y al partido demócrata en lo general, sin embargo, no puede descartarse una sorpresa a favor de Trump, aunque es considerablemente menos probable.
Un factor clave será cuan cerrada sea la pelea por los votos electorales, pues de no haber una diferencia holgada o notoria, es probable que Trump no reconozca los resultados y comience un conflicto poselectoral.
Aunque existen consideraciones en apariencia pragmáticas, como la interpretación de que AMLO y Trump se llevan “bien” y por tanto convendría a México la elección del republicano, desde esta casa consultora consideramos que ni a nuestro país ni al mundo beneficia la continuidad de un régimen que polariza, tolera -incluso alienta- a grupos racistas, atropella derechos humanos de migrantes, niega la evidencia científica y apuesta por regresar a una economía de carbono en plena crisis de cambio climático. Los norteamericanos tendrán la última palabra.
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