23 FEBRERO 2021
FRECUENCIA QUINCENAL
Las desigualdades de acceso a la vacuna para el COVID-19 pueden ser muy visibles hacia dentro de cada país, pero también suceden a nivel internacional entre naciones, con el obvio componente geopolítico que implica.
La principal expresión de estas desigualdades es el acaparamiento de vacunas, un tema que preocupaba al principio de la pandemia (mucho antes de que se aprobaran los fármacos que ya se están aplicando). Ahora, con las campañas de vacunación de países de alto y mediano ingreso ya en marcha, tenemos una medida de qué tan severo es el problema.
Recae en la comunidad internacional cómo gestar un fuerte problema de oferta, demanda y acceso. La OMS y la ONU en general han llamado desde hace tiempo a evitar el acaparamiento por razones humanitarias, pero también pragmáticas: una vacunación equitativa conviene a todos los países, al reducirse las probabilidades de nuevos picos de contagio.
En estos meses habremos de considerar cómo esta pandemia puede causar retrocesos severos para los países de bajo ingreso alrededor del mundo, y cómo debemos balancear el cuidar por nuestros propios ciudadanos y ser, a nivel país, ciudadanos globales responsables y solidarios.
Algunos países de alto ingreso crearon acuerdos de precompra con los manufacturadores de vacunas al principio de la pandemia, provocando una acumulación significativa.
Hubo una tendencia fuerte al acaparamiento porque al principio de la pandemia había incertidumbre alrededor de la variación de las vacunas que se estaban desarrollando.
Ahora, los Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y otros países de alto ingreso tienen más del doble de vacunas necesarias para vacunar a su población más de una vez.
Este acumulamiento es un problema de oferta y demanda porque las vacunas del COVID-19 no son un bien público, sino un producto: aquellos países con el capital suficiente consiguen los primeros lugares para conseguir vacunas. Además de que son los mismos países que ya contaban con la mayor infraestructura, capital económico y humano para realizar investigación.
También es un tema político en términos de percepción: cada país tiene la presión de atender lo antes posible a su población y responder a la crisis dentro de sus fronteras, antes que contribuir a escala global.
Tres cuartas partes de las primeras dosis de vacunas están acaparadas por apenas 10 países, que a su vez representan el 60% del PIB global.
De las 80 millones de dosis distribuidas en el mundo, solo 55 (cincuenta y cinco, no cincuenta y cinco millones) han sido distribuidas en países de bajo ingreso.
En los países de bajo ingreso se estima que los esfuerzos de vacunación solo van a empezar a hacer un impacto real en las dinámicas poblacionales hasta el 2023 por la falta de acceso a vacunas.
Esto puede exacerbar las dinámicas que ya afligen a estos países -pobreza, hambruna, desigualdad de acceso a servicios médicos, entre otros- y puede prolongar la pandemia.
La dinámica no es nueva: durante la pandemia del H1N1 en el 2009 sucedieron los mismos patrones de desigualdad de acceso a las vacunas, sugiriendo que no hubo un aprendizaje colectivo entre las naciones.
La mejor oportunidad que tienen los países de bajo ingreso para conseguir el acceso que necesitan vacunar a su población es a través de acuerdos multilaterales que comparten o facilitan la compra de vacunas
México, un país de mediano ingreso, ha firmado acuerdos con algunas compañías farmacéuticas para asegurar millones de dosis de vacunas para la población de 126 millones de personas.
En el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Marcelo Ebrard, el Secretario de Relaciones Exteriores de México, denunció el acaparamiento de vacunas e instó a los países del G7 y el G20 a hacer más para asegurar el acceso global.
El Secretario General de la ONU, António Guterres, declaró que la situación que mencionó Ebrard es “la prueba moral más grande para la comunidad global”, y llamó por un plan de emergencia global para la vacunación.
Aunque el Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 (COVAX), impulsado por la OMS, se creó como una alianza entre 190 países para compartir el acceso a vacunas, no ha distribuido dosis y está debilitado por las acciones de acumulación de los países de alto ingreso.
No obstante, el tema planteado por Ebrard suscitó presión hacia los países del Consejo de Seguridad: Emmanuel Macron, Angela Merkel y Boris Johnson prometieron mayor compromiso, aunque esto quedó poco claro en términos de una línea de tiempo.
A pesar del espíritu de colaboración global que, al menos en discurso, ha provocado la pandemia, en el plano de las relaciones internacionales los países siguen actuando de maneras afines a su interés propio.
Los efectos de la desigualdad de acceso a cualquier bien internacional se multiplican cuando hablamos de un evento internacional como una pandemia. Si no se aprende de esta dinámica, seguirá sucediendo con eventos globales que requieren acción colectiva.
Los foros multilaterales y los fondos de colaboración parecen ser la vía de mayor posibilidad para algunos de los países con menos ingreso del mundo.
México puede ser un líder abogando en este tema, en particular aprovechando su posición hablando por los países de Latinoamérica y el Caribe en el Consejo de Seguridad de la ONU.
A pesar de la vocería internacional de México alrededor de este tema, sigue siendo un problema procurar y garantizar el acceso equitativo de la vacuna dentro del país, creando una disyuntiva entre lo interno y lo externo.
En efecto, la legitimidad que tendría México para abogar por un acceso equitativo a nivel internacional en buena medida pasa por mostrar eficiencia y avance suficiente en el proceso interno de vacunación, lo cual no ha sucedido hasta ahora.
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