18 ENERO 2021
FRECUENCIA QUINCENAL
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de Naciones Unidas ha publicado el análisis “Lo que sabíamos antes, lo que sabemos ahora: Mirando hacia atrás el COVID-19 en 5 gráficos”, donde resume y actualiza los hallazgos que realizó durante el 2020 en el contexto de la pandemia.
La importancia de este breve análisis es que brinda una perspectiva latinoamericana a los efectos del virus, demostrando cómo la región ha sufrido un impacto desproporcionado, al grado de liderar la cantidad de muertes en el mundo a partir del pasado agosto.
Como se sabía, las condiciones de pobreza y desigualdad socioeconómicas, así como la fragilidad de los sistemas de salud y las propias economías de la región, eran un caldo de cultivo para los pronósticos negativos que finalmente se materializaron, siendo las personas más vulnerables quienes más han padecido la pandemia. Estos son los principales hallazgos:
Si bien el virus tardó en extenderse por la región durante los primeros meses del año, a partir del verano 2020 se convirtió en el epicentro de fallecimientos.
La debilidad institucional para la gestión de la pandemia es evidente al contrastar el número de fallecimientos: Asia y América del Norte contabilizan más casos, pero considerablemente menos decesos que en Latinoamérica.
Aunque la contabilización de muertes se ha subestimado en estadísticas oficiales en países como México, los sistemas de reporte han mejorado desde que empezó la pandemia. Aún así, todo indica que los números reales de muertes son mayores a las cifras oficiales.
Durante los primeros meses de la pandemia, la mayoría de la población latinoamericana buscó acatar el confinamiento.
Sin embargo, al convertirse en un proceso tan prolongado, las medidas comenzaron a relajarse, comenzando por una realidad evidente: una gran proporción de la población no podía trabajar desde casa y, por ende, debía salir a buscar su ingreso.
El hallazgo principal es que las personas de todos los países de la región pasan cada vez menos tiempo en casa. Esto indica que las meras órdenes estrictas ya no son suficientes, sino que se requieren aperturas inteligentes que consideren la realidad de las poblaciones.
En este respecto, el PNUD sugiere estrategias como protocolos de protección claros, instrumentos de protección social para compensar la pérdida de ingresos, impulsar la conectividad universal a Internet y la digitalización para promover la inclusión de estudiantes y trabajadores, así como una gobernanza eficaz para llegar a poblaciones vulnerables.
Aunque todas las niñas y niños se han visto afectados, han sido los de menores ingresos quienes pierden más, debido a que muchas veces no pueden acceder a una conexión de Internet o tienen una deficiente, tienen menos acceso a computadoras e incluso a escritorios.
El 50% de las madres de los niños de mayores ingresos tenían educación universitaria, contrastando con un 25% en promedio de los niños más pobres, lo que probablemente afecte más el aprendizaje de los estudiantes, al depender de las habilidades de los padres.
Las pérdidas implican un mayor riesgo de deserción: el PNUD cita cálculos reciente que bajarían la probabilidad de que las y los alumnos completen la secundaria de un 61% a un 46%.
En Agosto, el PNUD encontró que por primera vez en diez años, había más personas fuera de la fuerza laboral que dentro en la región.
Aunque de agosto a la fecha el indicador de empleo ha venido al alza, ningún país ha alcanzado los niveles previos a la pandemia.
A pesar de que las tasas de empleo se han venido recuperando, ha sido mucho más lento en el caso de las mujeres, lo que puede exacerbar las desigualdades ya existentes.
México sólo ha gastado el 0.03% del PIB -siendo el penúltimo lugar de América Latina y el Caribe en este rubro- y se proyecta que la pobreza aumentará en 8.10 puntos porcentuales.
Contrastan casos como el de Brasil, que ha invertido 5.3% del PIB y se proyecta que la pobreza permanecerá prácticamente igual que antes de la pandemia, logrando hasta ahora una contención.
Aún así, no se sabe por cuánto tiempo podrán ser sostenibles estos esquemas.
Lamentablemente, América Latina se ha convertido en la región donde más personas mueren por COVID. Las condiciones estructurales y vulnerabilidades acumuladas -tanto a nivel institucional como de realidades socioeconómicas- crearon una tormenta perfecta.
Es preciso evolucionar los esquemas de restricciones, pues al menos durante la mayor parte de este año, seguiremos entrando y saliendo de aislamientos. La mera “orden” de mantenerse en casa no bastará si no está acompañada de esquemas flexibles e incentivos. En este sentido, Nuevo León podría innovar en un nuevo esquema de aislamiento, pero se requieren recursos para instrumentarlo, en un momento en que las finanzas estatales están muy comprometidas.
Se debe encontrar la manera de disminuir la brecha en acceso educativo, en particular, en acceso a Internet y herramientas digitales. Aún así, la generación que está en edad escolar se verá afectada a largo plazo y deberán diseñarse políticas específicas para atender este rezago.
La pandemia está ensanchando las desigualdades de empleo -y por ende de ingreso y nivel de vida- para hombres y mujeres. Se requiere un enfoque con perspectiva de género en las políticas para atender estas afectaciones laborales.
México ha gastado menos porcentaje de su PIB en políticas de contención y apoyo social de la pandemia incluso que la mayoría de los países del caribe. Si bien es lógico que mantener el ritmo de gasto público será un problema para países como Brasil, la apuesta de austeridad extrema para una economía como la mexicana resulta difícil de justificar, sobre todo ante los niveles de casos y fallecimientos.
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