En las publicaciones anteriores destacamos varios recursos piolas, entre ellos Whatsapp y Twitter. Dos redes que nos permiten interactuar con otros/as y al mismo tiempo compartir información. Sin embargo, aunque insistimos en que dichas plataformas han traído grandes beneficios, hoy queremos hablar de que también han permitido que la información falsa se produzca, difunda y expanda a velocidad y proporciones nunca antes vistas.
¿Te pusiste a pensar en cuántos mensajes, audios, videos y fotos te han llegado estos días? ¿En la cantidad de información que circula por los diferentes medios? ¿Cuántos mensajes podes confirmar que son verdad? ¿De cuántos dudaste su procedencia? ¿Acudiste a sitios confiables para validar esa información? ¿Cuánto sabes en verdad sobre esta nueva pandemia?
Estas preguntas pueden servirnos como grandes disparadores para comenzar a reflexionar y desarrollar estrategias didácticas que favorezcan el pensamiento crítico en nuestros/as estudiantes.
Si bien el término Fake News se puso sobre el tapete en 2016 (fue la palabra más mencionada a raíz del triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas), la circulación de información falsa sobre determinado tema no es algo que haya nacido en nuestros tiempos. La diferencia es que antaño determinados medios de comunicación monopolizaban la producción y difusión de la información -y eran realmente muy pocos-. En la actualidad, el ideal democratizador con que surgió Internet (todos podemos producir contenido y circularlo) hace que la información sea generada por distintas personas y de aquí la necesidad de verificar fuentes, chequear versiones, contrastar con datos. En definitiva: no creer todo lo que nos llega.
Este tema también se puede trabajar de manera transversal y más profunda desde, por ejemplo, Construcción de la ciudadanía, ya que se plantea como una problemática a la hora de abordar cualquier trabajo con nuestros/as estudiantes. Sobretodo cuando se trata de investigar (como lo harán cuando se trabaje con ABP).
¿Por qué esto es tan importante? Porque todas las habilidades relacionadas con la educación cívica que se desarrollen en nuestras clases tienen un impacto directo en la sociedad: tanto en el combate de la desinformación, como en el fortalecimiento de la democracias.
Una publicación del Centro de Información y Comunicación de la Universidad Nacional de Cuyo, llamado "La infodemia y el peligro de la desinformación durante la pandemia" nos plantea que la Organización Mundial de la Salud (OMS), utiliza la palabra "infodemia" para referirse a la sobreabundancia de información falsa y a su vez, a su rápida propagación entre las personas y medios. Al mismo tiempo que analiza los peligros a lo que esto conlleva, por ejemplo la estigmatización hacia los/as que han contraído el virus.
Pero un artículo muy interesante publicado por el diario La Nación el 15 de marzo, escrito por Laura Zommer, directora de la página web chequeado.com, nos propone algunos consejos para protegernos de esa desinformación, y así minimizar los peligros:
Chequear las fuentes y solo compartir aquella que venga de un organismo oficial;
Cuando recibimos cadenas en WhatsApp (en estos últimos días han sido varias, ¿no?), y la misma aparezca con la leyenda "reenviado", prestemos más atención ya que es difícil chequear quién es el autor del contenido o de dónde viene;
Tener cuidado con la información parcial o sacada de contexto;
El título de una noticia o publicación puede ser muy atrapante, pero recordemos leerlo completo antes de compartir, y también "copiarlo y pegarlo" en cualquier buscador para chequear que esté en medios de información considerados confiables;
Al recibir imágenes de las cuales desconocemos su fuente o autenticidad, alcanza con ir a "Google Imágenes", en el icono de "cámara",que permite cargar la misma para chequearla.
En conclusión: evitar compartir "por las dudas", es una forma de contribuir a desalentar la infodemia y recuperar la calma en tiempos de cuarentena.