"Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos" Fernando Pessoa
Previo al receso invernal se aprobó por unanimidad el protocolo federal para la vuelta a clases presenciales, donde se establece la posibilidad del retorno según cada jurisdicción. En él, se enuncian pautas de trabajo para el regreso a clases presenciales considerando los criterios de salud y seguridad, y cuestiones ligadas a la organización pedagógica y curricular. Se establece un mínimo de requerimientos, como por ejemplo: el distanciamiento físico, el tiempo de exposición, la higiene personal; y los mismos podrán adecuarse según la realidad y el contexto jurisdiccional e institucional.
Los acuerdos y desacuerdos no se hicieron esperar respecto a lo que establece dicho protocolo. La situación epidemiológica, las condiciones edilicias de las escuelas, las condiciones sociales y familiares, son puntos claves para la discusión de "vuelta sí, vuelta no".
Frente a esta situación, sabemos que cualquiera sea la decisión, nos enfrentaremos a nuevos desafíos. Ya sea continuando con la modalidad de "escuela en casa" (con lo que implica haber atravesado ya la mitad del año y aquellas complejidades que han surgido de esta modalidad) o bien, frente al retorno a la presencialidad (asumiendo las condiciones con las que cada escuela cuenta).
En relación a esto último, no podemos negar que muchas de nuestras instituciones no cuentan con las condiciones requeridas para que el retorno sea el adecuado, cuidado y seguro; y lograr esto implicará grandes esfuerzos. Por otro lado, también sabemos que el retorno será a través de un escalonamiento progresivo, en grupos, y bajo una bimodalidad. Desafiándonos a "desdoblar" las propuestas, y amigarnos con el modelo "bimodal" que propone el protocolo.
Los lineamientos propuestos también comprenden la capacitación y formación del personal docente y no docente, y la preparación de estudiantes y familias frente a la nueva "normalidad de las aulas". Más allá de eso, no podemos evitar pensar en esa nueva "normalidad". Ya Freire nos decía que "enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción ". Y ante esto no dejamos de preguntarnos ¿Cómo crear esas posibilidades? ¿Cómo hacerlo en la virtualidad como en la presencialidad?
En este tiempo y más que nunca hemos valorado el espacio de la escuela como encuentro humano, porque si la educación es social, es con otros/as. Por eso el valor del encuentro, por eso el aula como un lugar primordial para construir, para aprender juntos/as. Y también hemos sabido valorar a la tecnología, que se nos presenta como una herramienta muy valiosa para lograr esa "enseñanza poderosa" de la que nos habla Mariana Maggio.
En este tiempo que nos toca vivir, muchas veces nos angustia la incertidumbre, el no saber qué pasará, cuándo podremos volver a encontrarnos. Sabemos que la escuela se conforma en nuestra sociedad como el lugar donde podemos tener una segunda oportunidad, donde soñamos con más y mejores oportunidades para nuestros/as estudiantes. Pero como dice un gran pedagogo, Meirieu, en una conferencia que dio en nuestro país ya hace algunos años, no podemos renunciar al porvenir. La ambición de todo educador y educadora, nos dice, es esa: no renunciar al porvenir, no podemos ni tenemos derecho a hacerlo, la presencia de los chicos y las chicas nos obliga a "levantar la cabeza". Y debemos hacerlo a pesar de que eso sea la tentación de la modernidad: vivir en el presente, en la inmediatez, en el tiempo del "ya y ahora" en donde "nuestros deseos son órdenes", en el corto plazo. (Meirieu, 2006). Como educadores y educadoras remamos en contra de la corriente y la educación debe incluir el aprendizaje para la renuncia a la omnipotencia: el aprendizaje de la alteridad.
Ese es y seguirá siendo, cuando volvamos al aula, nuestro gran desafío, el aprendizaje del rostro del otro. Y también, como dice este pedagogo francés, los y las docentes debemos refabricar la mesa redonda: "La escuela podría ser ese lugar en donde todos dejan la espada en la puerta, su espada física pero también su espada mental, la escuela podría ser ese lugar donde la búsqueda de la verdad, de la precisión, del rigor, vaya delante de la ley del más fuerte" (Meirieu, 2006, p. 5).
Para finalizar, y siguiendo con las ideas que nos aporta Meirieu en la conferencia desarrollada en el Ministerio de Educación de la Nación en 2006, "El significado de educar en un mundo sin referencias", esa "falta" o "desaparición" de referencias puede ser una gran oportunidad para crear nuevas. Sin dudas, la situación inédita que estamos vivenciando y aún debemos vivenciar, nos abrió un sinfín de reflexiones, ideas, propuestas que, si volviéramos a las aulas de la misma manera en las que las dejamos, entonces no habremos aprendido nada.
Nota Deseo de color: Que las experiencias vividas, los aprendizajes construidos vuelvan a florecer y resignificarse en el reencuentro y retorno a las aulas.