Las ciudades conformaron la estructura civil y social de la civilización romana: se centralizaba el comercio, se relacionaban los distintos pueblos conquistados, y, en general se controlaba a la población.El diseño urbano de las ciudades romanas sigue unas pautas necesarias para el correcto funcionamiento de los servicios públicos y militares.
Básicamente, la ciudad romana está compuesta por una serie de módulos iguales, distribuidos ordenadamente -paralelos y equidistantes- y separados por calles. Entre todos forman un conjunto de diseño rectangular que está rodeado por una muralla perimetral con torres de vigilancia. Todas las calles son iguales, excepto dos: la que va del norte a al sur -kardo maximus- y la que va del este al oeste -decumanus-, que son más anchas y que terminan en las únicas cuatro puertas que tiene la muralla.En el cruce de estas dos calles se ubican el foro de la ciudad y el mercado.
Con estos módulos se diseñan los edificios públicos, el anfiteatro -dos módulos de largo y uno y medio de ancho-, el teatro -un módulo-, el mercado -un módulo-, el conjunto del foro -dos módulos-, etc.
Estas normas urbanísticas se desarrollan durante casi 10 siglos, creando las distintas ciudades
Dentro de las ciudades, los tipos de vivienda se dividían en: casa, domus, la ínsula y la villa. También existieron las casas o viviendas de esclavos y clases bajas, que por sus precarios sistemas de construcción, hoy han desaparecido. Además aparecieron grandes edificios comunitarios como las basílicas, las termas y los importantes conjuntos socioculturales y religiosos llamados foros.
Las murallas eran la defensa de las ciudades, ha sido uno de los principales asuntos con que las distintas culturas se enfrentaban para asegurar el porvenir, no solo de sus habitantes y pertenencias, sino también de su cultura y su forma de vida.Los romanos fueron los que perfeccionaron los distintos métodos de defensa mediante murallas.
En España tenemos múltiples de ejemplos, casi todos de los primero años de dominación de dominación -S.I y S.II a.C.- y muchos de ellos restaurados o remodelados, que atestiguan la importancia que estas edificaciones tenían en el mundo romano. Con la "Pax Augusta", como es lógico, se redujeron las edificaciones de murallas, volviendo a reactivarse en el S.III por la presión de los pueblos bárbaros.Por lo general, consistían en dos paramentos paralelos de sillería -opus quadratum- de tamaño variable, y entre ellos un relleno de mortero, piedras e incluso de hormigón romano. Estas paredes exteriores, a veces tenían los sillares almohadillados, y estaban separadas por 4 metros como mínimo, llegando a los 10 metros es ocasiones excepcionales.
Tarracó(Tarragona)
Segobriga(Segovia)
Lucu Augusti (Lugo)
Corduba(Córdoba)
Las ciudades hispanas del siglo III mantenían su vitalidad. Contaban con una red viaria en buen estado, gracias a las sucesivas reparaciones durante todo el período. Disfrutaban de un elevado urbanismo, financiado en épocas anteriores, que ahora han de mantener. Sus élites locales siguen activas, acaparando grandes fortunas por la explotación de la tierra, y controlando la vida municipal. La ciudad hispana del siglo III d. C. se mantiene como sede de la administración y del gobierno del territorio, así como centro del culto oficial y de las distintas manifestaciones religiosas, además de como centro de producción y artesanado, continuando con una intensa actividad comercial No se puede hablar de disociación entre la ciudad y el campo, ni de un abandono de la ciudad por el campo, sino de un uso alternativo de ambos. En definitiva, durante el siglo III d.C. la mayoría de las ciudades hispanas se transforman, no desaparecen ni se arruinan.
La innovación más espectacular de las vías romanas fue la construcción de puentes de piedra en los ríos de anchura media. Se permitía así la continuidad de la circulación en cualquier circunstancia.
Para mayor fuerza, los pilares se hacían de piedra, pero la cubierta del puente era de madera.El puente de Tréveris (Alemania) era de estos puentes mixtos con pilares de mampostería y cubierta de madera. Hoy en día, los pilares romanos se mantienen, pero la cubierta, más reciente, es de piedra tallada.
Para cruzar los ríos más anchos, los romanos habían desarrollado los puentes de barcas pontones con una zona sólida, construida en cada orilla, a la que se unían los barcos que estaban en el agua. Tenían pilares de anclaje dentro del mismo río, que conferían mejor estabilidad a la totalidad.
A menudo, los puentes eran totalmente de madera, sobre una base de pilotes.Por eso actualmente algunos puentes siguen en pie .
En las calles de la ciudad romana de Pompeya se pueden ver unos elementos que destacan en el paisaje de este complejo arqueológico: Se trata de las grandes piedras labradas que cruzan las calles de un lado a otro.Estas piedras, que actuaban a modo de paso de peatones, permitían a los habitantes de la ciudad cruzar las calles sin mojarse cuando el agua de lluvia las inundaba. El espacio que existe entre cada piedra permitía que las ruedas de los carros pudieran pasar entre ellas.
Para la comodidad espiritual y para colocarse bajo la protección tutelar de los dioses, los viajeros encontraban regularmente a lo largo de las vías romanas lugares de culto, templos o fanum. Oraban a Mercurio, dios del comercio y de los viajeros, a Diana, guardiana de las carreteras o a deidades locales. También se hacían ofrendas monetarias, o de exvotos, sacrificios…
Más grandiosos y, a menudo, erigidos a la gloria de sus donantes, ya fuesen personas ricas o emperadores, los mausoleos y trofeos dan testimonio hoy de la maravillosa arquitectura de los romanos. Los ejemplos más bellos de la Galia romana son el trofeo de Augusto, la Turbie y el mausoleo de Glanum en Saint-Rémy-de-Provence.
Los acueductos tenían como fin el abastecimiento de agua a las ciudades romanas durantes todo el tiempo, para alimentar las fuentes, las termas y para que en las cloacas fluyera el agua que sobrara para mantener el saneamiento de la ciudad. Por lo que el acueducto no solo era el puente que traía el agua sino toda la conducción desde el manantial hasta las cloacas.