A lo largo de los siglos de dominio romano sobre las provincias de Hispania, las costumbres, la religión, las leyes y en general el modo de vida de Roma, se impuso con muchísima fuerza en la población indígena, a lo que se sumó una gran cantidad de itálicos y romanos emigrados, formando finalmente la cultura hispanorromana.La civilización romana, mucho más avanzada y refinada que las anteriores culturas peninsulares, tenía importantes medios para su implantación allá donde los romanos querían asentar su dominio, entre los cuales estaban:
La creación de infraestructuras en los territorios bajo gobierno romano, lo que mejoraba tanto las comunicaciones como la capacidad de absorber población de estas zonas.
La mejora, en gran parte debido a estas infraestructuras, de la urbanización de las ciudades, impulsada además por servicios públicos utilitarios y de ocio, desconocidos hasta entonces en la península, como acueductos, alcantarillado, termas, teatros, anfiteatros, circos, etc.
La creación de colonias de repoblación como recompensa para las tropas licenciadas, así como la creación de latifundios de producción agrícola extensiva, propiedad de familias pudientes que, o bien procedían de Roma y su entorno, o eran familias indígenas que adoptaban con rapidez las costumbres romanas.
Los municipios
Aunque la influencia romana tuvo gran repercusión en las ciudades ya existentes en la península, los mayores esfuerzos urbanísticos se centraron en las ciudades de nueva construcción, como Tarraco (la actual Tarragona), Augusta Emerita (hoy Mérida) o Itálica (en el actual Santiponce, cerca de Sevilla).
Para emprender cualquier obra a cargo de los fondos públicos era necesario contar con la autorización del emperador. El patriotismo local impulsaba a las ciudades a rivalizar para ver cuál construía más y mejor, animando a los vecinos más pudientes de los municipios. La sed de gloria hacía que sus nombres pasasen a la posteridad asociados a los grandes monumentos.
TARRACO
Tuvo su origen en el campamento militar establecido por los dos hermanos, consulares, Cneo y Publio Cornelio Escipión en 218 a. C., cuando comandaron el desembarco en la península ibérica, durante la segunda guerra púnica.
EMERITA AUGUSTA
Fue fundada en 25 a. C. por Publio Carisio, como representante del emperador Octavio Augusto como lugar de asentamiento de las tropas licenciadas de las legiones V (Alaudae) y X (Gemina). Con el tiempo se convirtió en una de las ciudades más importantes de Hispania.
ITÁLICA
Fue la primera ciudad puramente romana fundada en Hispania. Al finalizar la segunda guerra púnica, Escipión el Africano repartió entre las legiones romanas parcelas de tierra en el valle del río Betis (actual Guadalquivir),
CARTHAGO NOVA
Fue fundada alrededor del año 227 a. C. por el general cartaginés Asdrúbal el Bello con el nombre de Qart Hadasht ('Ciudad Nueva'), sobre un posible asentamiento tartésico de nombre Mastia. Situada estratégicamente en un amplio puerto natural desde el que se controlaban las cercanas minas de plata de Carthago Nova.
Lógicamente, los romanos imponen el uso de su lengua, y los conquistados, en Hispania y otras regiones del Mediterráneo la hacen suya por necesidad, imposición y también por conveniencia. No olvidemos las ventajas de que en un espacio tan amplio se hable el mismo idioma: para la difusión de la cultura, el comercio, etc. Cuando los hispanos conocen la lengua latina, la romanización toma un impulso definitivo. La principal desventaja de la expansión del latín en Hispania es la desaparición de las lenguas autóctonas. De hecho, sólo nos ha llegado el euskera, y de la lengua ibérica sólo sabemos su pronunciación, aunque no podemos traducir su contenido… ¿Cómo se iban a molestar los romanos en registrar para la posteridad un lenguaje que consideraban inferior? La xenofobia de los romanos era notable, menospreciaban la mayoría de las costumbres de los bárbaros o extranjeros, excepto las que eran provechosas para ellos. Muestra de la rápida difusión del latín es que ya tenemos importantes intelectuales en lengua latina en Hispania a principios del s. I d.C., como el cordobés Séneca.
El Derecho Romano: hoy día, gran parte de nuestras leyes mantienen una gran influencia de la obra legislativa romana. Una parte muy importante del control de Roma sobre sus territorios era el ejército, pero tras la conquista, el orden lo ponían las leyes romanas. No sólo suponen la plasmación por escrito de las leyes, algo menos ambiguo que la transmisión oral de las mismas, sino también conllevarán la división entre ciudadanos, los que tenían derechos y se regían por unas leyes, y el resto (sin muchos derechos, sobre todo políticos). Sin embargo, con el paso del tiempo y la extensión de este derecho gracias a la romanización de la población, el emperador Caracalla concederá la ciudadanía a todos los súbditos del imperio a principios del s.III d.C., lo que suponía una mayor igualdad e integración de las gentes que lo componían.
La religión romana es sincrética, es decir, toma aspectos de otras culturas. De hecho, asume como suyos los dioses griegos (olímpicos) que añade a deidades propias menos conocidas (por ejemplo el dios Jano, de dos caras). Por ello, sus dioses conviven con otras creencias politeístas de tierras conquistadas sin suponer una ruptura con ellas, incluso se mezclan, hasta que el paso del tiempo hace que las primeras se vayan perdiendo. Con la llegada del Imperio con Augusto se impone el culto al emperador como otra divinidad más, creándose templos para el mismo. Las imágenes religiosas, o de figuras políticas, que se colocan en las ciudades, como los edificios públicos, su decoración externa e interna… también son vehículos de transmisión de la estética romana, sus formas de pensamiento, mitología, vestuario, etc. El arte romano también toma aspectos de territorios conquistados, sobre todo del arte griego, perfeccionando sus técnicas en todos los ámbitos (escultura, cerámica, mosaico,…), tanto, que se acaban imitando pero no por imposición forzosa.
Las calzadas romanas su función es conectar Roma con todos los lugares para controlar el territorio, y poder llevar sus tropas a cualquier lugar que sea necesario. También servían para intercambios de comercio.