Periodo que transcurre desde la proclamación de Octavio Augusto como Emperador 27 a.C hasta la desaparición del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d.C. Numerosos fueron los Emperadores que dirigieron Roma, unos mejores y otros peores. Durante el Imperio se suavizaron las diferencias entre clases, se alcanzó la máxima expansión territorial (de la mano de Trajano) y se vivió la Edad de Oro de Roma durante el Siglo II d.C. con los Cinco Buenos Emperadores (Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio). Durante el reinado de Diocleciano, se produjo una separación ficticia del Imperio según la cual había dos Emperadores que dirigían dos mitades del imperio, una en Occidente y otra en Oriente. La separación se hizo oficial cuando en el año 395 d.C. tras su muerte, Teodosio repartió el Imperio entre sus dos hijos. Surgían entonces el Imperio Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente.
En el año 395 murió el emperador Teodosio I, dejando en herencia el trono a sus dos hijos. A Arcadio le correspondió Oriente y a Honorio Occidente. A partir de ese momento, el imperio romano quedó definitivamente dividido a efectos administrativos en dos mitades, que, a medida que fue aumentando la presión de los bárbaros sobre las fronteras a lo largo del siglo V, empezaron a reaccionar de manera significativamente distinta. El año 395 constituye, pues, un auténtico momento crucial en la definitiva separación de Oriente y Occidente.
La mitad Occidental con las penínsulas península Itálica y la península ibérica, las Galias, la isla de Gran Bretaña, el Magreb y las costas de Libia correspondió a su hijo Honorio. Ya desde hacía tiempo, la mitad occidental del Imperio Romano había estado sumida en continuas guerras civiles por el poder, con generales que se rebelaban cada pocos meses y se autocoronaban emperadores alternativos.
A este complicado cuadro que hacía tremendamente difícil mantener el gobierno sobre el Imperio de Occidente se unían las continuas injerencias de los pueblos bárbaros, que se ponían alternativamente a las órdenes de unos u otros contendientes o rompían con todos entregándose al saqueo según les convenía. Por todo ello, Occidente sufrió de forma mucho más contundente las consecuencias de la crisis del siglo III.
Tras la caída de Rómulo Augústulo, el territorio occidental del Imperio romano quedó en manos de numerosas tribus bárbaras, las cuales dieron lugar a varios de los reinos medievales que impusieron su dominio en la Edad Media y que más tarde se consolidaron como Estados en Europa.
El Imperio romano de Oriente corresponde en gran medida al territorio que ocupan países del norte de África, Asia occidental y Oriente Próximo. El Imperio de Oriente tardaría casi 1.000 años en llegar a su fin, y fue escenario de luchas religiosas, culturales y políticas durante la Edad Media.
A diferencia del Imperio Romano de Occidente, que fue destruido por los germanos en el año 476 d.C., el Imperio Bizantino logró sobrevivir a la amenaza germánica. Por eso perduró por casi diez siglos, hasta el año 1453 en el que los turcos otomanos ocuparon su capital, Constantinopla. A lo largo de diez siglos, los bizantinos, que eran en realidad una pluralidad de pueblos, lograron fusionar la cultura de los griegos y romanos, los elementos religiosos de cristianos y paganos y las costumbres occidentales y orientales.
Aunque hablaban griegos, los bizantinos se llamaban así mismos romanos, pues consideraban herederos de este antiguo imperio. Por eso a Constantinopla se le conocía también como la nueva Roma. El término “Bizantino” deriva de Byzancio, una antigua colonia griega fundada por un hombre llamado Byzas.
En el año 476 tiene lugar la caída del Imperio Romano en Occidente. El Imperio Romano de Oriente, posteriormente llamado Imperio Bizantino, sobrevivió hasta 1453, fecha de la caída de Constantinopla la actual Estambul.
En la actualidad Roma ha tenido una gran influencia, con respecto a lo social, lo cultural, arquitectónico, artístico, el lenguaje y la religión.
Uno de los legados más importantes de los romanos y que está muy presente entre nosotros es el idioma español. La nuestra es una lengua derivada del idioma hablado en Roma: el latín. También se derivan el portugués, francés, rumano e italiano.
El latín se usa para dar los nombres científicos de plantas y animales. La Iglesia católica, que se proclama heredera de Roma, todavía tiene el latín como idioma oficial en la actualidad.
Los trajes época romana, togas para los hombres y túnicas para las mujeres, también han inspirado algunas corrientes de moda moderna. Algunos cortes se mantienen en colecciones de diseñadores actuales.
No obstante, son las sandalias romanas aquellas que tienen mayor presencia entre los gustos de las mujeres. Sus diseños con tiras aún se mantienen en varios tipos de calzado.
Uno de los legados más importantes de los romanos es el Derecho. Las leyes romanas formaron la base del desarrollo en las leyes de los estados modernos, del mundo contemporáneo.
En el derecho romano se distingue lo siguiente: Derecho político, que regula las relaciones entre el Estado y los ciudadanos; Derecho privado, que regula las relaciones entre los ciudadanos; derecho internacional, que estableció las relaciones entre los diferentes pueblos.
En la arquitectura, los romanos construyeron templos, anfiteatros, puentes, arcos de triunfo, acueductos y varios monumentos, muchos de los cuales se conservan hasta nuestros días.
Varias de las técnicas arquitectónicas y de ingeniería civil desarrolladas por ellos fueron utilizadas por las siguientes sociedades; muchas de las cuales aún están presentes hoy en día en edificios, casas, iglesias, etc.
La idea de la República y sus instituciones, como el Senado y las Asambleas, instituidas por los romanos, formaron la base de la organización política de la mayoría de los estados en el mundo actual.
Términos como república, dictadura, senado, plebiscito, cónsul y magistrado, por ejemplo, son de origen romano.