Tras la expulsión/huida de Tarquino a la vecina Etruria, se inicia la República, un período de más de cuatro siglos en los que la organización política romana intenta de muchas maneras huir del poder omnímodo de la monarquía, estableciendo un complejo entramado de instituciones públicas. Dichas instituciones, desarrollan un modelo de poder que busca un equilibrio entre los diferentes grupos sociales. El poder del rey pasó a dos cónsules, elegidos cada año entre los patricios. En esta etapa, Roma se convirtió en una gran potencia con extensos dominios . Lo logró mediante varias guerras.
Estrabón, citando a Fabio Pictor, el primer analista romano que vivió durante la segunda mitad del siglo III a.C., dice que éste consideraba estas expediciones como el comienzo de las riquezas de Roma. Las guerras se desarrollaron en varias fases, con intervalos de relativa tranquilidad y con algunas batallas importantes y la ampliación por parte de Roma del sistema de alianzas.
Las guerras púnicas marcaron la primera etapa de esta expansión. La ciudad de Cartago, situada en la costa del Túnez actual, había creado un imperio marítimo que dominaba todo el Mediterráneo occidental, con colonias en Hispania, Baleares, y sobre todo Sicilia, de donde llegó a expulsar a los griegos. En 264 a. C.. Roma decidió ocupar las colonias cartaginesas en Sicilia. La segunda guerra púnica 218-201 a. C. se desarrolló en Hispania, Italia y finalmente África.
Roma se enfrentó sucesivamente a los monarcas de los estados helenos surgidos del imperio de Alejandro. Macedonia y Grecia se convirtieron en provincias (146). Átalo III de Pérgamo legó su reino a Roma, erigido en provincia romana de Asia. Roma consolidó su dominio de la cuenca occidental del Mediterráneo con el establecimiento de numerosas colonias en la Galia cisalpina, la definitiva conquista de Hispania, y la ocupación de la Galia del sur, que, convertida en provincia, la Narbonense, permitió la unión terrestre de Hispania con Roma por la via Domitia.
Roma consiguió gran cantidad de riquezas (metales, agricultura, botín de guerra) y, sobre todo esclavos, que la terminó por convertir en una economía esclavista (dependía de ellos totalmente y, cuando empiecen a escasear, comenzará su ruina).
De estos nuevos territorios llegaron numerosos impuestos y el comercio se hizo mucho más importante.
En la propia Roma y sus territorios más cercanos también se produjeron cambios. Los patricios acumularon cada vez más tierras (se terminaron quedando con el llamado ager publicus, un tercio de las tierras, que pertenecía al estado romano) que explotaron con esclavos.
Apareció una nueva clase social, los plebeyos ricos o equites, que se dedicaron a comerciar con los botines de guerra y a avituallar al ejército.
Los plebeyos pobres cada vez tuvieron menos oportunidades de trabajo, pues los ocupaban los esclavos y fueron emigrando a las grandes ciudades. Para mantener calmado a este pueblo ocioso recurrieron al panem et circense (reparto gratuitos de comidas y espectáculos en anfiteatros y circos).
El poder deja de ser personal y queda repartido entre una serie de personas con funciones específicas en el gobierno:
cónsules: presidían el senado y la Asamblea, eran jefes del ejército.
pretores administradores de justicia.
ediles administración municipal.
cuestores administración de las finanzas y del Tesoro público.
Asamblea de notables que en principio tenían la misión de aconsejar al rey, posteriormente gestionaban la República. Al principio estaba integrado por patricios pero luego se incorporaron los plebeyos. El número de senadores fue variando a lo largo del tiempo, cien con Rómulo y hasta unos mil al final de la República.
Las decisiones importantes las toma el pueblo, la soberanía radica en el pueblo. SPQR (Senatus Populusque Romanus). Existen tres clases y cada uno tuvo su importancia en su momento:
Curiados
Centuriados
Tributo
La sociedad romana durante la república se dividió en dos clases sociales de ciudadanos:
Patricios. Clase alta romana, descendientes de las familias fundadores de la ciudad. Disponían de muchos privilegios, puesto que eran los únicos que podían ocupar los cargos públicos, tanto en el senado como en las demás magistraturas.
Plebeyos. Pagaban numerosos impuestos y se les llamaba a formar filas del ejército cuando era necesario obligándoles a dejar sus tierras y sus cultivos y originando en ocasiones su ruina. Apenas tenían derechos políticos. Todos estos inconvenientes de su situación les llevaron a emprender diversas revueltas para reclamar más derechos.