El Simbolismo del Agua
El Simbolismo del Agua
Como madres cariñosas dadnos parte aquí de vuestro jugo benefactor. Aquél a cuyas aguas nos inducís, aguas, será a quien serviremos ¡Oh, aguas, de donde surgimos! Himno del Rig Veda
Sería demasiado largo enumerar todos los mitos, leyendas y costumbres en los que el agua aparece como una imagen o reflejo del alma. El agua, ese elemento indispensable para la vida, es uno de los símbolos arquetípicos. La visión del agua como elemento creador de vida ya nos traslada al útero donde fuimos creados En el AT se menciona el agua como un elemento vital para el hombre.
Por ello, el agua se considera un don benéfico de Yahvé. En el desierto, él proveyó milagrosamente de agua, lo que se recuerda una y otra vez. El primer ritual, y quizá el más importante que se celebra en el Cristianismo, es precisamente el Bautismo, antiguamente, y aun hoy día en algunas religiones sumergiendo al bautizado en las aguas. El verbo griego (baptizó) que traducimos por «bautizar» tiene dos significados: sumergir y mojar según que el elemento, líquido tenga contacto exterior o interior con un objeto. Si el contacto es exterior, significa “sumergir”, (agua destructora); si el contacto es interior, significa infundir, mojar, empapar, como la lluvia, que da la vida El ritual del baño sagrado se practicaba en el culto de las grandes diosas de la fecundidad y de la agricultura. El 27 de marzo tenía lugar el baño de la Diosa Cibeles. La inmersión de la estatua se hacía en un río o en un estanque.
Afrodita, diosa suprema del amor y del erotismo, se dice que nació en Pafos de la espuma del mar. La inmersión del crucifijo o de la estatua de la virgen María y de los santos, para conjurar la sequía y conseguir lluvia, se practicaba desde el siglo XII y se continúa hasta los siglos XIX y XX, a pesar de la resistencia de la Iglesia. En el mundo moderno, a pesar de los conocimientos de que disponemos, todavía no nos hemos dado cuenta que una de las bases más importantes para el mantenimiento de la vida, es la pureza del agua. Esto demuestra el carácter materialista del desarrollo, que dejando aparte la cuestión del agua, es perjudicial para muchas otras cosas, como el alma, o psique. Mientras el equilibrio de la Naturaleza permanece intacto, las aguas de la tierra se purifican permanentemente, pero cuando se rompe este equilibrio tiene como consecuencias la contaminación y la muerte. Por eso no es casualidad que la vida de las aguas simbolice la vida del alma humana. Si nos preguntamos cómo darnos cuenta de la amenaza de la contaminación del agua, se ve que el sentido natural de la belleza, que nos hace distinguir un árbol sano de otro enfermo, también debería funcionar en este caso como señal de alarma. Pero, no ha ocurrido eso, o muy poco.
Lo que puede ser por el hecho de que el hombre moderno separa lo bello de lo útil, así como lo bello de lo real. La belleza representa siempre un equilibrio de fuerzas, interior e inagotable, que sumerge nuestra alma y que no puede ser calculado ni medido de forma racional. El sentido de la belleza puede, permitirnos tener una experiencia directa de estas fuerzas, incluso antes de que nos demos cuenta de manera clara por la razón. En eso, reside nuestro bienestar físico y moral, algo que no se debe olvidar. Ya en la primera frase del Génesis, leemos que mientras se creaba el mundo "el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas". Esto coincide con las teorías científicas que mantienen que la Tierra en su origen fue un mar, una inmensa sopa oceánica, donde la vida -tal como la conocemos- se originó hace tres mil millones de años.
Así y todo, el agua, con su eterno flujo y reflujo; con sus tempestades y crecidas, también ha sido simbólicamente relacionada con las emociones más destructivas.. Un relato bíblico relacionado con el aspecto destructivo del agua, es el del diluvio, donde Noé recibe la orden de construir un arca para ser salvados del diluvio ya que la tierra seria purificada por agua, este relato también es conocido desde la historia babilónica donde el dios Bel (señor de la tierra) solicita para los hombres un terrible diluvio, pero Ea, el dios del mar, avisa al rey Ut, y este se salva en una “Barca”, En el mundo judío, el abismo de las aguas, en particular el mar es símbolo del reino de la muerte
En la filosofía china, el agua es uno de los cinco elementos (madera, fuego, tierra, metal y agua). Se la asocia al planeta Mercurio, al norte, al invierno, al color negro (porque representa a las inundaciones), y se considera que gobierna los riñones. En el Taoísmo el agua representa inteligencia y sabiduría, pero la abundancia excesiva de este elemento causa apego a las cosas La mitología india ha mostrado muchas variantes del tema de las aguas primordiales, sobre las cuales flotaba Narayana (la personificación de Visnú) de cuyo ombligo broto el árbol cósmico.
En la tradición puránica, el árbol se sustituye por el loto, en medio del cual nace Brahma. Las aguas preceden y sostienen toda la creación, toda manifestación cósmica. Y en las Escrituras se puede leer que todos los habitantes de la tierra han nacido del océano primordial (por otra parte bastante acertado) Para Mircea Eliade, “el agua constituye una de las manifestaciones de lo sagrado, esenciales en las culturas arcaicas.
Lo líquido es el receptáculo que contiene el germen que luego florecerá por el acto creador de los dioses. Volver al agua inicial es también regeneración, nuevo nacimiento, regreso al caos primordial”. Simbólicamente, el agua tiene tres características principales:
- Es vital: todo organismo vivo requiere agua para sobrevivir, entre el 60-80% de los seres vivos está constituido por agua y es 75% de la superficie del planeta
- Es purificadora: en muchas culturas se considera que el agua tiene la capacidad de limpiar y alejar impurezas
- Es regeneradora: retorna todas las cosas a su estado original, moldeando y dinamizando la evolución de los organismos vivos.
En el Corán los mitos según los cuales todo fue creado a partir de un mar original lo vemos en este versículo: Sura 35 “Nosotros (Dios) hemos creado toda cosa viviente a partir del agua”. La representación del Espíritu de Dios reposando sobre las aguas es equivalente en el símbolo hindú de Hamsa, el cisne divino que hace que se abra el huevo de oro del cosmos que flota en el océano primordial. Y lo volvemos a encontrar en el Corán, cuando se dice que al principio el Trono de Dios descansaba sobre las aguas. Los cuatro elementos son, las formas más simples de la materia en el orden cósmico. Traspasados al microcosmos humano, son también la imagen más simple de nuestra alma inaprensible, pero cuyas características son comparables a los cuatro elementos. Shuǐ el agua que fluye
En este sentido es como Francisco de Asís glorificaba a Dios en el Cántico al Sol por los cuatro elementos, sobre el agua, dice: «Alabado seas, Señor, por la Hermana Agua, que es muy útil y humilde, y preciosa y casta» Este verso es mucho más que una simple alegoría poética. La humildad y la castidad describen bien las cualidades del agua, que en un río, se adapta a la forma de este, sin perder nunca su esencia.
También en esto se encuentra una imagen del alma, que a pesar de todos los contratiempos y vicisitudes permanece fiel a su propia e indivisa esencia. El agua adquiere un papel fundamental en las escrituras bíblicas, pues es el único elemento cuyo nombre es dado explícita mente y casi de inmediato en el comienzo de los textos bíblicos. Es curioso el hecho de que en los textos no habla de la creación del agua, es más, todos los otros elementos son creados, el cielo la tierra y la luz misma. Sin embargo, el agua no parece haberse creado, es como si hubiera estado siempre allí, y es manipulada por la voluntad divina.
Todos los elementos se crean en los 10 primeros versículos del génesis, a excepción del agua que ya, desde el segundo, inmediatamente después de la creación del cielo y la tierra, está allí, siendo de alguna forma origen de los otros. “El alma humana se parece al agua” escribió Goethe. El alma se parece al agua, igual que el espíritu es comparable al viento o al aire. Hay una historia que nos cuenta que en Grecia, había un filósofo llamado Empédocles que creó la teoría de las cuatro raíces: Supuso que había cuatro elementos primordiales, agua, aire, tierra y fuego, y los llamo “raíces” ya que su combinación da origen a todo lo creado. Estos Elementos están sometidos a dos fuerzas, que quieren explicar el movimiento (generación y corrupción) en el mundo: el Amor, que las une, y el Odio, que las separa.
Pero fue Aristóteles quien más tarde la llamó los “Cuatro Elementos” juntando el agua de Tales, el fuego de Heráclito, el aire de Anaxímenes y la tierra de Jenófanes. En las organizaciones iniciáticas, un factor común de las iniciaciones es el paso por los cuatro elementos Durante la iniciación en nuestra Orden, y después de esa breve estancia en la caverna donde tomamos conciencia de nosotros mismos, nos encontramos en el recorrido del primer viaje, donde el ruido de espadas y las dificultades nos obligan a superar los obstáculos del camino. El viaje se termina haciendo sumergir al recipiendario las manos en una vasija con agua a modo de purificación simbólica. Aquí se hace hincapié en la importancia de la práctica del bien y el abandono de doctrinas erróneas. Es un bautismo filosófico para liberar el alma de sus errores vicios e imperfecciones que son el origen de todo mal. Ser purificados por el agua es volver al origen, con el doble sentido de muerte y renacimiento, en el que el nuevo hombre aparece limpio exterior e interiormente. Es esencialmente una purificación de la imaginación y de la mente, de sus errores y defectos.
V.·.M.·. L. Carlos Morales