Estudios de caso: Brasil, Ruanda y China

Capítulo 5: Diseño institucional

Estudio de caso

BRASIL: LAS RESPUESTAS A INCENDIOS E INUNDACIONES EN EL AMAZONAS

Tanto en 2005 como en 2010, el Estado de Acre en la Amazonia brasileña sufrió graves inundaciones calificadas como "las peores del siglo".1 En estos dos años, las consecuencias incluyeron incendios descontrolados provocados, en algunos casos, por quemas para la gestión de los pastos que se descontrolaron, y, en otros, por actividades deliberadas de deforestación.

Los incendios tuvieron lugar entre julio y octubre, y afectaron tanto a selvas vírgenes como a bosques degradados.2 En 2005, las pérdidas económicas, sociales y medioambientales rozaron los 100 millones de dólares americanos. Además, la sequía tuvo un gran impacto en la productividad de los bosques y redujo significativamente las reservas de carbono. Se calcula que la superficie de bosque dañada está entre 267.000 y 41.000 hectáreas.3

Foster Brown, Centro de Investigación de Woods Hole,

Programa de Postgrado en Ecología y Gestión de Recursos

Naturales de la Universidad Federal de Acre

George Pereira Santos, Cuerpo Militar de Bomberos del

Estado de Acre, Brasil; Defensa Civil Municipal de

Rio Branco, Acre, Brasil

Carlos Batista da Costa, Cuerpo Militar de Bomberos del

Estado de Acre, Brasil

Flavio Ferreira Pires, Cuerpo Militar de Bomberos del

Estado de Acre, Brasil

Como consecuencia, la sequía de 2005 dio lugar a una novedosa respuesta centralizada por parte de las autoridades de Acre para controlar los incendios y priorizar los esfuerzos de extinción de incendios. Esta acción fue llevada a cabo de nuevo durante la sequía de 2010 y también fue empleada por el gobierno de Acre para responder a emergencias por inundaciones.

EL GABINETE DE CRISIS

En mayo de 2005 se hicieron visibles los primeros signos de que Acre, el estado más occidental de Brasil, estaba sufriendo una sequía. Sin embargo, las autoridades no prohibieron las quemas para la agricultura hasta agosto. Al mismo tiempo, viendo que los incendios asolaban la región, los directivos pusieron en marcha una respuesta de emergencia, el “gabinete de crisis”, para controlar el estado del fuego, coordinar las actividades de las oficinas pertinentes del gobierno, y concentrar los recursos para la extinción del fuego en las áreas más necesitadas.

Este esfuerzo fue dirigido por la Defensa Civil del Estado en colaboración con el Cuerpo de Bomberos del Estado y la Secretaría de Medio Ambiente del Estado y el Instituto de Medio Ambiente de Acre. El gabinete de crisis se valió de los datos de satélite sobre la actividad del fuego y la información recogida desde avionetas a diario, y mantenía reuniones informativas a diario para coordinar el despliegue de los equipos de extinción, dando prioridad a las poblaciones e infraestructuras rurales.

También colaboraron investigadores voluntarios de la Universidad Federal de Acre, expertos en analizar datos de satélite, y estudiaron imágenes procedentes de fuentes como la NASA o la NOAA* y fotografías aéreas realizadas en el este de Acre.

Debido a la magnitud de los incendios, imposibles de controlar por las unidades de defensa civil estatales y municipales (que sólo disponían de 400 bomberos), el gabinete de crisis se concentró sobre todo en dirigir las tareas de extinción a las zonas en las que tuvieran una mayor efectividad.

Cinco años después, cuando volvieron a aparecer los primeros signos de una importante sequía, el gobierno de Acre, que había aprendido de la experiencia de 2005, respondió con mayor rapidez. Se declaró el estado de emergencia a principios de agosto, y se reactivó el gabinete de crisis. El objetivo volvía a ser, teniendo en cuenta los escasos recursos, concentrar las tareas de extinción en las áreas críticas. En ambas ocasiones, el gabinete de crisis se disolvió en octubre, cuando comenzó la temporada de lluvias y se extinguieron los incendios.

Tanto en 2005 como en 2010, a pesar de que el gabinete de crisis fracasó a la hora de controlar los incendios en las áreas rurales, sí que consiguió su objetivo de proteger el bienestar de la escasa población de las zonas rurales mediante la preservación de las propiedades del pueblo. Con una población de tan sólo entre 30.000 y 40.000 familias rurales distribuidas irregularmente en los 160.000 kilómetros cuadrados del estado (tres veces la superficie de Costa Rica) era de vital importancia dirigir la ayuda a los más necesitados para preservar sus poblados y sus medios de vida.

Basándose en su actuación de 2005, el modelo del gabinete de crisis ha sido adoptado también por otros niveles del gobierno para responder a otros fenómenos meteorológicos extremos. En consecuencia, la ciudad de Rio Branco (capital de Acre) activó gabinetes de crisis a corto plazo en 2006, 2009, 2010 y a principios de 2011 para dirigir las respuestas de emergencia por inundaciones en distintas partes del estado.

LECCIONES APRENDIDAS

Los riesgos de sufrir graves sequías y el hecho de contar con un área deforestada en constante crecimiento (tierras de pasto en su mayoría) han hecho que Acre sea más vulnerable a los incendios y a la escasez de agua. Especialmente, el hecho insólito de sufrir las dos peores sequías en 100 años dentro de un periodo de seis años ha aumentado la preocupación sobre la resiliencia a largo plazo del ecosistema del Amazonas y la conciencia de la necesidad de controlar la quema en las actividades agrícolas.4

Sin embargo, se puede combatir esta vulnerabilidad con políticas públicas novedosas para controlar los incendios y para encontrar alternativas a la quema para la gestión de la agricultura y los pastizales. El gobierno del estado, que lleva en el poder desde 1998, ha respondido a este reto promoviendo políticas públicas nuevas diseñadas para reducir la deforestación y la quema, entre ellas, la estrategia del gabinete de crisis. (Otros ejemplos son el plan estatal de 2008 para controlar la deforestación y el protocolo de acuerdo firmado en noviembre de 2010 por los estados de Acre, California (Estados Unidos) y Chiapas (México), para desarrollar un programa de créditos de carbono para evitar la deforestación).

El éxito del gabinete de crisis a la hora de dirigir las actividades de extinción dependió (aparte de de la dirección del gobierno) de la disponibilidad de datos de satélite precisos y a tiempo real y de la capacidad de utilizar esa información en la toma de decisiones. En este caso, la colaboración del gabinete de crisis con investigadores expertos fue crucial. Todos los técnicos y científicos de la universidad local que ayudaron en los esfuerzos de extinción eran investigadores (antiguos o presentes) del Experimento de Gran Escala de la Biosfera-Atmósfera en la Amazonia (LBA), una serie de estudios sobre el clima regional, los cambios en el uso de la tierra y la dinámica de los bosques.5

La presión ejercida por los medios de comunicación y la sociedad civil para reducir los incendios, que asolaron Acre en 2005 y 2010 y lo envolvieron en una nube de humo peligrosa para la salud, también fue decisiva para que el gobierno diera una respuesta rápida y eficaz. Para futuras respuestas de emergencia y planes de adaptación, se necesitarán estrategias políticas más amplias todavía, debido al aumento de la probabilidad de desastres naturales, tales como inundaciones, sequías, y sus consecuentes incendios.

Las quemas, por ejemplo, son un medio económico y tradicional en Acre, y, hasta la fecha, la difusión eficaz de alternativas a las quemas ha sido limitada. Además, la dificultad de controlar que se cumplan las normas y de demostrar quién las incumple, ha provocado que algunos habitantes de las zonas rurales sean procesados por realizar quemas durante periodos de prohibición, a pesar del gran daño que pueden causar. Las autoridades del estado trabajan ahora con los ministerios del gobierno nacional para eliminar el uso de las quemas como herramienta para la gestión de la tierra y para encontrar alternativas para los agricultores de las zonas rurales.

Notas finales

1 Xu et al. 2011.

2 Brown et al. 2006ª; Observaciones personales del autor.

3 Brown et al. 2006b ; Shimakuburo et al. 2009.

4 Lewis et al. 2011.

5 Selhorst et al. 2003; Mendoza 2003.

*La NASA es la Agencia Espacial Norteamericana. NOAA es la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica de Estados Unidos.

Los datos precisos y a tiempo real de los satélites fueron cruciales para que los esfuerzos de extinción tuvieran éxito.

81

Estudio de caso

RUANDA: Restauración de ecosistemas y energías renovables

En Ruanda, la producción de energía hidráulica es crucial para conseguir los objetivos de desarrollo económico y reducción de la pobreza del país. La "tierra de las mil colinas", con sus numerosos ríos y lagos, es un lugar idóneo para generar energía hidráulica y satisfacer así la creciente demanda de electricidad para abastecer tanto a una población en continuo crecimiento como a las industrias urbanas y a las inversiones agroindustriales en las zonas rurales.

Hilary Hove, Jo-Ellen Parry, Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible

Nelson Lujara, Ministerio de Infraestructura, Ruanda

En 2010, sólo entre un 10% y un 11% de la población de Ruanda tenía acceso a la electricidad. El plan de Política y Estrategia Energética 2011-2017 del país tiene un ambicioso objetivo, el de garantizar el acceso a la electricidad a un 50% de la población para el año 2017.1

Pese a que las centrales hidroeléctricas tienen los costos de producción de electricidad más bajos de Ruanda, existen dificultades para conseguir que ésta sea una fuente de energía de confianza. Una de las dificultades reside en el hecho de que este tipo de generación de energía es vulnerable a los cambios en las condiciones hidrológicas, cambios que probablemente sucedan a medida que se intensifique el cambio climático.

Esta vulnerabilidad quedó demostrada en los años 2003 y 2004, cuando Ruanda experimentó una crisis en el suministro eléctrico que perjudicó sus perspectivas de desarrollo y dio lugar a un fuerte descenso en la producción de energía eléctrica durante varios años. El gobierno respondió con medidas para la restauración de ecosistemas que podrían servir de ejemplo para otras áreas de Ruanda y otros países vulnerables a los cambios en los sistemas hidrológicos debido a diversos factores, entre ellos al cambio climático.

Esta crisis eléctrica fue provocada por un gran descenso en la generación de energía en la central hidroeléctrica de Ntaruka, una de las dos centrales que generaron el 90% de la energía hidráulica del país en 2004, debido a un notable descenso en el nivel del Lago Bulera, el embalse de la central Ntaruka. Este descenso se produjo por una combinación de diversos factores, entre ellos una gestión deficiente de los humedales de Rugezi, la degradación de los alrededores de los humedales Rugezi-Bulera-Ruhondo debido a la fragmentación de la tierra y al cultivo y pastoreo excesivo, el escaso mantenimiento de la central, y el descenso en las precipitaciones en los años previos. El empeoramiento del estado de la cuenca hidrográfica también afectó negativamente a las actividades de subsistencia, tales como la pesca, el transporte y la artesanía.

El descenso en la producción de electricidad de Ntaruka obligó a Ruanda a instalar generadores diesel, cuyos costos de operación eran de 65 dólares americanos al día.2 Las tarifas de electricidad se duplicaron de 2004 a 2005, de 7 a 14 centavos de dólar por kilovatio-hora, y volvieron a subir en 2005 y 2006 a 22 centavos de dólar kilovatio-hora.

En 2004, el gobierno de Ruanda emprendió acciones para restaurar la cuenca degradada interrumpiendo las actividades de drenaje en los humedales de Rugezi. También prohibió las actividades agrícolas y de pastoreo en las orillas de los humedales, así como en las inmediaciones de los lagos Bulera y Ruhondo. El gobierno restringió en concreto las actividades agrícolas y de pastoreo a 10 metros de las orillas de los arroyos y ríos y a 50 metros de las orillas de los lagos. El área Rugezi-Bulera-Ruhondo también se incluyó en la lista Ramsar de Humedales de Importancia Internacional en diciembre de 2005, y el gobierno de Ruanda designó los humedales de Rugezi como área protegida en 2008.

Estas acciones fueron posibles en primer lugar gracias a la política medioambiental existente en el país (2003) y posteriormente gracias a su política agrícola nacional (2004), su ley de medioambiente (2005) y su ley sobre la propiedad (2005).

FOMENTAR LOS MEDIOS DE VIDA SOSTENIBLES

Estas acciones, sin embargo, dejaron a muchas de las poblaciones rurales de la región sin posibilidades de acceder a los recursos clave. Según una fuente, cerca del 70% de la población de Rugezi había cultivado tierras cercanas a los humedales o dentro de ellos antes de que las nuevas restricciones entraran en vigor, sin embargo, no se ofreció ninguna compensación a quienes ya no tenían acceso a sus tierras. En respuesta a la preocupación de la población respecto a la pérdida de sus medios de vida, el gobierno de Ruanda estableció medidas agrícolas y para la gestión de las cuencas hidrográficas para compensar los impactos negativos de las medidas de conservación, entre las que se encuentran:

- Fomentar las prácticas agrícolas medioambientalmente sostenibles.

- Plantar árboles y construir estructuras para controlar la erosión en las laderas circundantes.

- Distribuir hornillos de menor consumo.

- Promover prácticas agrícolas ecológicas y nuevas actividades que generen ingresos, tales como la apicultura.

Estas actividades fueron implementadas por varios ministerios del gobierno, entre ellos los responsables de medio ambiente, agricultura, ganadería, explotación forestal y defensa.

Con el tiempo, la combinación de las intervenciones políticas y las actividades de restauración ha contribuido a la rehabilitación gradual de los humedales de Rugezi y al aumento de la producción de energía hidráulica del país. Se ha mejorado la capacidad de filtración de los humedales, reduciendo las tasas de sedimentación y aumentando el flujo del agua en el lago Bulera. Otras acciones, como por ejemplo alternar el uso de turbinas en la central hidroeléctrica de Ntaruka también contribuyeron al aumento del nivel del lago. Ruanda vio recompensados sus esfuerzos cuando, en 2007, la central de Ntaruka volvió a funcionar plenamente. Para el año 2009, su producción de energía había alcanzado una capacidad de 7 megavatios.3

El grado de responsabilidad que tienen las leyes de 2005 en la restauración del ecosistema es discutible. Según algunas fuentes, las restricciones de 10 y 50 metros no se implementaron adecuadamente en Rugezi; el informe sobre el estado del medio ambiente del gobierno hace la misma observación respecto a la aplicación de estas normas en los humedales de Ruanda.4 Sin embargo, también se ha sugerido que las autoridades locales disponen de las facultades para decidir sobre la implementación de las leyes,5 creando así la posibilidad de una aplicación más estricta en los humedales de Rugezi, dada su importancia a la hora de hacer frente a los problemas energéticos del país.

El impacto de los esfuerzos de restauración de los humedales Rugezi-Bulera-Ruhondo en la población local es una cuestión más difícil. Al principio, muchos medios de vida locales se vieron negativamente afectados, ya que las familias perdieron acceso a la tierra para el cultivo. Desde entonces, sin embargo, parece que los esfuerzos de restauración han comenzado a aportar beneficios. Las radicales actividades agroforestales y de construcción de terrazas han aumentado la productividad de los cultivos; los pastos sembrados en las terrazas y en las orillas de los lagos proporcionan alimento para el ganado; la flora y la fauna han aumentado en los humedales de Rugezi; y ha surgido un ecoturismo en la zona. Las consecuencias de estos esfuerzos de restauración en la población local sólo se apreciarán plenamente con el tiempo.

LECCIONES APRENDIDAS

Los factores que desencadenaron la crisis eléctrica de Ruanda en 2004 y las diversas acciones llevadas a cabo por el gobierno para responder a ella constituyen valiosas lecciones para la seguridad energética y para la toma de decisiones de adaptación.

Una de ellas es el valor de una estrategia integral para resolver problemas complejos. Restaurar los humedales Rugezi-Bulera-Ruhondo requirió esfuerzos relacionados entre sí para hacer frente a los problemas ecológicos, sociales, económicos y culturales, que se complementaron con los esfuerzos por parte del sector eléctrico para mejorar su gestión y funcionamiento. La cooperación de los ministerios y organismos en los ámbitos nacional, regional y local también fue importante.

Aunque las políticas y acciones de Ruanda no estaban específicamente diseñadas para ello, la mejora de la salud y el funcionamiento de los humedales Rugezi-Bulera-Ruhondo podría aumentar la resiliencia del país al cambio climático. Las prácticas de gestión de uso de la tierra que minimizan la erosión del suelo y protegen los ecosistemas más sensibles suelen ser de vital importancia para reducir la vulnerabilidad a los impactos climáticos.

Finalmente, este estudio destaca la importancia de buscar un equilibrio entre los objetivos de adaptación a corto y largo plazo, así como la necesidad de implementar medidas que mitiguen los impactos negativos a corto plazo en las poblaciones locales.

Notas finales

1 MINIFRA 2010.

2 PNUD 2006.

3 MINIFRA 2009.

4 RMNR s. a.; Willetts 2008a.

5 Pottier 2006a.

Este estudio destaca el conflicto de intereses entre los objetivos de adaptación a corto y largo plazo.

Estudio de caso

CHINA: La adaptación al cambio climático en el sector agrícola de China

La llanura de los ríos de las 3H en China es crítica para la economía agrícola del país, y, por lo tanto, para su seguridad alimentaria. Estos 350.000 kilómetros cuadrados, que abarcan áreas de cinco provincias diferentes y entre los que se encuentran las ciudades de Pekín y Tianjín, contienen el 25% de la tierra cultivable del país y alimentan a casi un tercio de la población. Sin embargo, su productividad en el futuro es incierta, debido a la escasez de agua: la disponibilidad de agua por habitante equivale a un tercio de la media nacional y a sólo la mitad de la cantidad establecida por la ONU para mantener el desarrollo socioeconómico.

Wang Lanying, Oficina para el Desarrollo Agrícola

Integral de China

Qun Li, Banco Mundial

En los últimos 50 años, la llanura de las 3H ha experimentado un aumento de las temperaturas de 1,18 º C. La media de precipitación anual ha descendido 140 milímetros (mm) entre los años 1954 y 2000, un descenso anual de 2,92 mm por año, lo que ha provocado sequías primaverales más frecuentes que han perjudicado gravemente los cultivos.1 El aumento de la demanda de agua para uso industrial y doméstico y la intensificación del cambio climático, que obliga a los agricultores a utilizar más agua debido a una mayor evaporación, harán que gran parte de la región se enfrente a un grave déficit de agua para el año 2030.2

En 2004, el gobierno de China respondió con el lanzamiento de un proyecto financiado por el Banco Mundial que tenía como objetivo trabajar tanto con agricultores como con expertos técnicos para implementar medidas de ahorro de agua en las cinco provincias. La Oficina para el Desarrollo Agrícola Integral de China (CAD), que pertenece al Ministerio de Finanzas, coordinó actividades con la ayuda de los ministerios responsables de recursos hídricos, agricultura, uso de la tierra y explotación forestal. El objetivo general era revertir el uso ineficiente del agua en la agricultura y aumentar los beneficios económicos de los agricultores.

Entre 2005 y 2010 se implementaron medidas agronómicas, de gestión y de ingeniería de riego con un costo de 463 millones de dólares en 107 condados. El objetivo era mejorar

505.505 hectáreas de cultivo con rendimiento bajo y medio, beneficiando así a 1,3 millones de familias.

La formación de asociaciones de usuarios de agua, promovida por el gobierno, dio lugar a la creación de foros para introducir una formación para el uso de nuevas técnicas de gestión del agua, así como un mecanismo para mejorar la gestión local de agua basado en la participación de los agricultores. Los sistemas de riego que se construyeron como parte del proyecto se entregaron a estas asociaciones de usuarios de agua para que los agricultores pudieran empezar a gestionar y mantener esta infraestructura. Dado que en ciertas partes de la región más del 70% de la población de agricultores son mujeres, se hizo uso de un fondo fiduciario de igualdad de género para llevar a cabo diversos programas de formación sobre prácticas agrícolas innovadoras para mujeres y también para directivos de gestión y expertos. Este fondo también financió iniciativas para aumentar la participación y las habilidades de las mujeres en la implementación y gestión de las asociaciones de usuarios de agua, y otras actividades del proyecto. Las actividades locales se coordinaron a través de las oficinas de la CAD en las provincias, municipios y condados, con los agricultores como protagonistas.

Dado que el diseño del proyecto no integró sistemáticamente los riesgos que presenta el cambio climático en todas sus actividades, en 2006 la CAD solicitó, y recibió, una subvención del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) para incorporar las actividades de adaptación al programa de riego y agricultura3 del proyecto financiado por el Banco Mundial. Esta fue la primera vez en la que la adaptación al cambio climático se introdujo en un proyecto financiado por el Banco Mundial. Junto con los asesores de recursos hídricos, se envió a expertos en agricultura al área para introducir nuevas variedades de trigo resistentes a las sequías y a las plagas, que se ajustaban mejor a las condiciones de cultivo que se esperan para el futuro. Fueron necesarias varias temporadas de cultivo para que muchos agricultores sembraran las nuevas variedades de cultivo, pero finalmente superaron su reticencia a dejar atrás la confianza que durante décadas tuvieron en el que un lugareño denominó "el trigo de siempre" al ver que las nuevas variedades tenían una mayor productividad. Del mismo modo, los programas piloto dirigidos por el gobierno que introdujeron nuevas técnicas para una mejor gestión del agua de riego tuvieron éxito entre los agricultores una vez que estos vieron sus ventajas: menor desperdicio de agua, riego más barato, y un menor uso de la escasa reserva de agua subterránea. Esto resultó en una mayor productividad del agua.

En el área rural de Xinyi, se construyeron 17 presas nuevas, con capacidad para 24.000 metros cúbicos de agua de riego al año. Cuando se combinó con otras medidas de ahorro de agua, la tasa de producción de agua aumentó de 1,14 a 1,5 kilogramos por metro cúbico. Estos cambios también han mejorado la capacidad de la región para resistir a los fenómenos meteorológicos extremos. En febrero de 2009, el condado de Huaiyuan, en la provincia de Anhui, sufrió la peor sequía de invierno de los últimos 50 años. Sin embargo, gracias al buen funcionamiento de los sistemas de riego, a la mejor gestión del agua y a las nuevas variedades, se conservaron las plantas de los semilleros de trigo y ningún cultivo quedó dañado por la sequía.

Mediante la sensibilización, la construcción de la capacidad y la demostración de medidas de adaptación, el proyecto del FMAM ha aumentado la capacidad de adaptación en la producción agrícola de la llanura de las 3H durante los últimos cuatro años, convirtiéndose en un ejemplo del uso más generalizado de medidas de adaptación en la agricultura china.

LECCIONES APRENDIDAS

El papel del CAD a la hora de coordinar las acciones de los sectores de finanzas, recursos hídricos, agricultura, explotación forestal y recursos de la tierra fue esencial para la correcta implementación de las medidas de adaptación en un área tan extensa. Como programa que se ocupa de la agricultura, el medio rural y los problemas de la agricultura, tiene un gran poder a la hora de dirigir las actividades de adaptación al cambio climático en China, además de un diseño institucional bien establecido, una buena reputación entre los agricultores, un sólido programa de inversión en curso que combina el desarrollo de infraestructuras y del software, y muchos años de experiencia con proyectos financiados por el Banco Mundial. Esto, a su vez, ha permitido una integración relativamente fácil de las iniciativas de adaptación al clima en el proyecto en curso de mejora de la agricultura.

También fue crucial para el éxito del proyecto la cooperación y creación de propiedad conjunta con los agricultores, así como la colaboración de las principales instituciones de investigación científica y agrícola, que aportaron apoyo técnico. Además de posibilitar la creación de las asociaciones de usuarios de agua, la CAD envió cuestionarios a los agricultores para conocer sus opiniones y sugerencias respecto a las medidas de adaptación, garantizando así que las medidas tomadas eran técnicamente sólidas y estaban apoyadas por la población agrícola. Para hacer frente a la falta de concienciación en cuanto al cambio climático, la CAD también contrató a expertos del Departamento de Cambio Climático de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, el Centro de Gestión de Fondos para el Mecanismo de Desarrollo Limpio de China (MDL), la Academia de las Ciencias de China, y la Academia de las Ciencias Agrícolas de China para informar a los agricultores.

Para mejorar la adaptación al cambio climático en el ámbito de la agricultura de regadío, el programa del CAD debería continuar explorando nuevas tecnologías para aumentar la eficiencia del agua y mejorar la agricultura en base a las lecciones aprendidas. Además, los departamentos del gobierno tienen que involucrarse más a nivel técnico para que las estrategias de adaptación se apliquen de manera más general en el desarrollo de la agricultura.

Por último, y teniendo en cuenta que los impactos climáticos seguirán manifestándose, las medidas de adaptación deben estar continuamente controladas y mejorarse de acuerdo con las condiciones del terreno.

Notas finales

1 Tianzhan 2006.

2 Mo 2010.

3 Academia de las Ciencias de China 2007.

Fueron necesarias varias temporadas de cultivo para que muchos agricultores sembraran las nuevas variedades de cultivo, pero finalmente superaron su reticencia al ver el aumento de la productividad de sus cultivos.