El charango y el carnaval






Notas sobre el charango de Arequipa
Marcela Cornejo D.
Publicado el 7 de julio de 2010
Última revisión: 16 jul. 2013



Mestizaje singular

Siglos antes de la fundación española de Arequipa en 1540, el valle del río Chili ya estaba poblado.   Estaban distintos núcleos humanos como los chumbivilcas, yanahuaras, chilques, collaguas y cabanas (1); otras etnias mencionadas son las de los lupacas, julis, yarabayas, copoatas, caguanakuntis, chuquibambas, nazcas y paracas (2).  Esta presencia multicultural respondía al patrón de asentamientos discontinuos y movibles destinados a aprovechar un máximo de pisos ecológicos, desde la costa (o región yunga) a la meseta del Collao.  Desde 1540 estos pobladores fueron desplazados de sus asentamientos originales hacia los extramuros de la ciudad en núcleos llamados rancherías. Las Reducciones Toledanas las consideraron pueblos de indios que abastecían de mano de obra y servicios varios a la ciudad.  Sin embargo, hasta bien entrado el siglo XVIII siguieron siendo identificadas como rancherías.  Eran las principales: San Lázaro, San Jerónimo, La Ranchería, La Pampa y Santa Marta (3).

En la Colonia y las décadas iniciales de la vida republicana Arequipa se mantuvo en estado de relativo aislamiento geográfico, económico y social respecto a Lima.   Históricamente, sus vínculos  socio-culturales y económicos  han sido y son más cercanos al sur peruano y  la zona del Collao (hoy peruano-boliviano).  Recién con el boom lanero, que tomó impulso con el inicio de operaciones del ferrocarril Arequipa-Mollendo en 1871, la ciudad logró posicionarse como centro hegemónico mercantil del sur andino.

Hasta entonces lo habitantes de este valle forjaron un mestizaje singular, mayoritario, expresado en el dualismo  loncco chacarero - ccala citadino; el uno campesino, de cultura oral, y el otro cada vez más aburguesado, letrado y "moderno".  El denominador común era el mestizaje, el culto devoto al yaraví y una peculiar forma de hablar, salpicada de arcaísmos castellanos y de vocablos quechuas, aymaras y puquinas (4).  Con la dinamización de la economía lanera la circulación de bienes, servicios y personas  se vio  significativamente ampliada y acelerada, alentando cada vez más la migración indígena proveniente de la zona alto-andina, y haciendo más complejo y diverso el panorama socio-cultural local, situación que no deja de fraguarse hasta hoy.

 

Huellas de una ruta musical

Como en toda colonia hispana la música arequipeña tuvo dos grandes ámbitos: culta y popular; cada cual a su vez, en faceta religiosa o profana.  Sólo la música culta (principalmente religiosa)  ha sido referida en la documentación histórica, y es por lo general a partir de estas referencias que tenemos atisbos sobre  las prácticas musicales de los indígenas, por lo general como constructores de  instrumentos y servidores de oficios religiosos (5).  Las primeras referencias a una música popular que expresa la identidad mestiza arequipeña remiten a la obra de Mariano Melgar (1790-1815) quien, siguiendo una larga tradición hispana de culto a los cantos de amor fino o cortés,  compuso sentidas canciones a su amada Silvia.  La filiación autógrafa de sus poesías  es aún problemática; sólo podemos decir que han llegado a nosotros 10 canciones (12 según otras fuentes), a las que pocos lustros después de su muerte, cantores anónimos pusieron música y bautizaron como yaraví.  Esta música fusionaba elementos del cromatismo occidental con música pentafónica andina, produciendo lo que podemos llamar un yaraví mestizo de tradición señorial.  Otros géneros que desarrollaron matices propios en la provincia de Arequipa fueron la marinera, llamada en el siglo XIX “baile de pañuelo”, “mozamala”  o “cueca”, el huaynito de origen quechua, la pampeña (una variante local del huayño collavino), el pasacalle, el fox andinizado, el vals romántico y el carnaval en forma de coplas contrapuntísticas (llamadas en algunos distritos, bifalas).

El charango en Arequipa ha estado principalmente vinculado a la música popular mestiza de la campiña –hecha por el loncco chacarero- que se tocaba en las fiestas de carnaval.  Hoy en día, varios de estos poblados tradicionales  han sido párcial o totalmente absorbidos dentro del casco urbano (Yanahuara, Cayma, Miraflores), siendo los distritos que aún conservan algo de vida rural, Tiabaya, Socabaya, Paucarpata, Sabandía, Characato, Chiguata, Quequeña, Yarabamba, Pocsi, Mollebaya y Polobaya.  

Este pequeño cordófono tiene presencia documentada en una amplia zona del actual sur peruano y el Collao peruano-boliviano desde al menos la segunda mitad del siglo XVIII.  En Arequipa sus cuerdas ya eran pulsadas  en esas épocas, según  refiere el clérigo   Antonio Pereira y Ruiz [1790-1858] en su Noticia de la Muy Noble, y Muy Leal Ciudad de Arequipa, escrita por 1816 a 1818, ya de vuelta en su tierra.  Cumplió funciones entre los años 1809 y 1816,  durante los cuales pudo observar diferentes aspectos de la vida  socio-económica de la provincia de Arequipa; influenciado por la Ilustración, escribió con ánimo documental, proto-etnográfico, su experiencia americana.  Sebastián Hernánez refiere: :   "...Noticias... de Arequipa" es un conjunto de manuscritos de una gran riqueza historiográfica, ya que independientemente de los juicios subjetivos  vertidos por el autor, ofrece al lector contemporáneo un cúmulo de informaciones que se equipara a cualquier crónica de la época.  Desde los datos demográficos, la fundación y trazado de urbes, las riquezas minerales, la alimentación, los temblores sísmicos, la vestimenta, la agricultura, o la música, fueron objetos de interesantes anotaciones acumuladas por Pereira durante los siete años de su estancia peruana..." [Pereira Pacheco y su visión americana - S. Hernández G.]

En la sección "Nombres provinciales de la ciudad de Arequipa" (cap. Subdelegaciones del Obispado de Arequipa Pereira rescata  un gran número de voces locales que en buena medida, mantienen vigencia en nuestros días.  La señalada con el N° 77 dice:  Guitarra chica.  Charángo.   Define  así, concisa y certeramente, con la acentuación denotativa correcta, un cordófono de pequeño tamaño que ya era conocido con el nombre charángo en Arequipa.  No ofrece mayores detalles sobre sus características morfológicas, pero acaso al compararla con una guitarra, denota en  4, 5 o 6 la cantidad de sus cuerdas, muy probablemente hechas de tripa animal,  distinto a los charangos evolucionados de hoy.   

Bien sabemos que una práctica popular -sobretodo en el plano lingüístico- toma tiempo en arraigarse en un lugar,  y que para concitar la atención de un observador foráneo, debía tener un uso relevante.  Por ello podemos imaginar con asertividad que el charango se tocaba en Arequipa por lo menos desde  algunas décadas atrás, en la segunda mitad del siglo XVIII.


Folio 48 del manuscrito de Pereira
Imagen tomada de www.charangoperu.com


La siguiente referencia temprana que tenemos la ofrece el viajero francés Paul Marcoy, quien lo vió por estas tierras en la década de 1840 (6). En el trayecto de Arequipa a Lampa, estando en el pueblito de Cabana, pone en boca del arriero que lo guía la siguiente descripción: "nuestros indios van a  estar diez o doce días en campaña.  Al cabo de ese tiempo, si han llenado su chuspa con metal, separarán algunas piastras que adeudan a las autoridades superiores.  Con el resto comprarán aguardiente, coca, y luego, ya de retorno a casa, bailarán al son de la trompeta de hojalata y del charango, beberán hasta embriagarse y zurrarán a sus esposas para enseñarles a no abandonar otra vez el techo conyugal..." (p. 152).    Reconstruyendo una ruta de flujo, hace una segunda mención  cuando llega al pueblo de Pucará (Puno), refiriéndose a las danzas que se dan en la feria  local de diciembre: "Durante los quince días que dura la feria, los ecos de la puna, acostumbrados como están a no repetir sino el balido de los rebaños o los suspiros del viento, retumban con el redoblar de los tambores, la fanfarria de las cornetas de latón, los mugidos cavernosos de los pututos o cuernos de Amón, los acordes melódicos de la quena y del pincullo, dos tipos de flautas, y el charango, guitarra nacional de tres cuerdas que los indígenas fabrican ellos mismos con la mitad de una calabaza,  a la que adaptan un mango y las tripas de un gato.  Las vociferaciones de la multitud, los ladridos de los perros, los relinchos de los caballos y de las mulas, la crepitación de las frituras y el chisporroteo de los fogones que arden al aire libre, forman el bajo de ese salvaje concierto" (p. 191). 

El charango hecho con tripas de gato o de otros animales, tuvo vigencia en Arequipa hasta hace pocas décadas para luego ser reemplazado por cuerdas de alambre o de metal.  Don Ángel Muñoz cuenta que su madre le regaló su primer charango cuando era niño, que éste tenía cuerdas de tripa de gato y que poco después se las cambió por cuerdas de alambre (más precisamente, de cobre).  El sonido chillón de las cuerdas de alambre (usadas por los lonccos pobres cuando no podían poner cuerdas de metal), unido  a la idiosincrasia local, le han dado un sonido característico al charango rural arequipeño: un tanto rudimentario, bullicioso y al mismo tiempo muy sentimental.  Los charanguistas urbanos como Ángel Muñoz o Nicanor Abarca, usan cuerdas de metal y  han creado afinaciones y digitaciones propias, de compleja ejecución en charangos que generalmente, tienen 5 órdenes de 3 cuerdas.  Otro destacado charanguista arequipeño fue Oswaldo Lima Manrique, natural de Cerro Colorado y fundador del grupo Los Mistianos

Los dos grandes espacios de intercambio entre los lonccos lugareños y los viajeros altoandinos, fueron los tambos y las chacras de la campiña aledaña a la ciudad.  Los pobladores  viajaban largas distancias para comerciar sus productos; algunos eran pobres, otros más opulentos (arrieros mestizos);  llegaban y se instalaban temporalmente en los tambos de las afueras de la ciudad.  Con el tiempo, en estos tambos asentaron su vivienda numerosos artesanos mestizos e indígenas para atender la fuerte demanda de servicios de viajeros y cada vez más, de parroquianos de la zona (7).  En estos centros de intercambio no sólo fluían bienes de consumo, sino cantos, instrumentos y danzas, que ayudaban a disipar el cansancio y las soledades.  Podemos decir que uno de esos instrumentos fue con certeza, el charango.  En el caso de las chacras circunvecinas, muchos camayos y gañanes de origen indígena que prestaban sus servicios temporales o permanentes a los pequeños propietarios agrícolas también venían con sus cantos y sus instrumentos, que compartían en las labores del campo con los lonccos.

 

¡Apujllay!

Francisco Mostajo  dice que no bien llegados los conquistadores, la fiesta que aclimataron más rápido  fue la del carnaval, que el primero que se jugó debió darse en 1541.  Este carnaval se abría con la procesión de la Virgen de Copacabana que salía de la iglesia de San Agustín, precedida de  bailes de indígenas disfrazados  “contra cuya subsistencia, hasta mediada la República, no dejaban de tronar los periódicos..." (8).  Según Mostajo, en las primeras décadas de la República el carnaval ceremonioso de la Colonia fue dando paso a un festejo más multitudinario donde confluían las distintas clases sociales, la ciudad y el campo.  Sobre ese auge carnavalesco, Paul Marcoy  dejó un elocuente apunte ("Martes de carnaval en Arequipa") en el que  las fiestas llegaban a un clímax de batalla campal (9).  Si bien las familias de la elite tenían su forma de celebrar el carnaval, más al estilo europeo, el que nos ocupa es el carnaval loncco, cuya fecha más intensa era el martes de carnaval, día de "bifalas" (wifalas):

"De Yanahuara y de Miraflores bajaban a la ciudad ruedas de cholos y cholas, o de indias e indios, transeúntes éstos, bailando huaynos, cashuas, etc.,  al son de vigüelas o charangos.  Todos polveados, otros por disfraces, adefesios,  algunos portando cañas de maíz ya en espiga y cantando una canturía triste pero de letras intencionadas.  Desde luego, todos yá inecuánimes  por las libaciones de chicha en todas las picanterías del trayecto, que las botellas de licor blanco ellos las llevaban y a cada rato la empinaban.  Se detenían en los cruceros en los que el baile en círculo era más animado, y los dichos cantares partían  como otros tantos cascaronazos, sobretodo si era tiempo de agitación política.  Era uno de los modos de desfogue de la sátira popular cargada de gruesa sal criolla" (10)

Las  comparsas y pandillas de cada pueblo (Yanahuara, Cayma y Miraflores…), al son de guitarras, requintos, mandolinas, charangos, quenas y bombos,  bajaban armadas de coplas desafiantes, muchas veces pícaras o burlonas:

Las de Miraflores

zapatos bordados

Las de Yanahuara

Zapatos mojados

 

Cantemos, bailemos, ¡apujllay!

Sobre una granada

Hasta que reviente  ¡apujllay!

Agua colorada

"Cuando se encontraban dos bifalas, la batalla era inevitable.  Principiaba por las sátiras, seguía con los insultos, se reñía con las trompadas y terminaban con la trabajosa intervención de la Policía, que obligaba a seguir un camino contrario.  El martes de carnaval popular se concretaba en el Cerrito de San Vicente  al extremo de Yanahuara, pero ahí se jugaba al uso serrano, a duraznazos y a golpes en las pantorrillas.  El miércoles era de Miraflores, pues ahí se iba a enterrar el carnaval, representado por un muñeco cargado con cuanto adefesio se le podía cargar y cabalgando en un borrico de mala muerte. Aún se jugaba en el lugarejo.  Y las bifalas abundaban, sobretodo las de los indios, de modo que las quenas y charangos se oían por doquiera (...) Mientras todo esto ocurría en el paraje del popular paseo que es la pampa, las picanterías del pueblo estaban bullendo de plena diversión..." (11)

 

El carnaval loncco de Yanahuara

Yanahuara ha sido y es protagonista principal de las fiestas del carnaval en la ciudad.  Graciela Zumaria (sobrina de Don Ángel) (12),  dice que el carnaval loncco se originó en Yanahuara, que a pesar de que el interés y el entusiasmo colectivo ya no es el mismo, sigue organizando hasta hoy el “verdadero carnaval loncco” de su jurisdicción.  Ella da la primera voz de las coplas de carnaval, seguida de Luz y Epifania Gonzáles.  Hace memoria y cuenta  cómo  el carnaval ha conocido mejores tiempos (13)

Cuenta que el primer día, domingo de carnaval, era  la entrada de Ño Carnavalón y el Corso de Flores, el segundo día, lunes de carnaval, salían las pandillas de muchachos y muchachas con serpentinas en el cuello, se echaban  agua, pintura en la cara, y jugaban con mistura; el tercer día, martes de carnaval, era el día de la Feria en el Cerrito de San Vicente, a donde concurrían comparsas celebrantes desde Miraflores, Cayma, Cerro Colorado, Tomilla, Tiabaya, Sabandía y Acequia Alta, cada cual con sus guitarras, sus charangos, su acordeón.    Para la ocasión se hacían polvos con almidón, se perfumaba agua con cedrón y arrayán, se la coloreaba con airampo con la que se llenaban cascarones de huevos para jugar.  “De allí sale pues: chancáme chancáme, chancáme los huevos, si no me los chancas quedáte con ellos…” 

En la plazoleta del cerrito, las señoras traían comida, los caballeros traían cerveza, chicha, mote, y ahí hacían una fiesta esperando a los vecinos y comparsas que llegaban, bailando y cantando.  “Ahí se les cantaba a las de Miraflores:

Ahí van  las pampeñas

Montadas a burro

Con las piernas ccalas

Enseñando el culo

El carnaval son indirectas que nos damos de pueblo a pueblo, como un contrapunto.  Ellos cantan para Yanahuara,  nosotros les cantamos a ellos, cantamos para Miraflores, Sabandía, Paucarpata, Characato, para las de Tiabaya, para Tingo, después nos vamos al Cerro Colorado, después vamos a Acequia Alta, Cayma, La Tomilla por Carmen Alto, a veces nos vamos a Mollendo también… le hacemos versos a cada pueblo de acuerdo a lo que ellos también nos cantan

Las comparsas continuaban con su recorrido por  las calles de Yanahuara, recalando en picanterías y casas de familia, cantando y bailando, hasta entrada la noche.  El miércoles, la gente iba a misa, arrepentida, para luego proceder a enterrar el carnaval en la zona llamada Quimssa Mocco, de la Pampa de Miraflores. (14)

Angel Muñoz Alpaca ha sido por generaciones un personaje central de los carnavales de Yanahuara, proviene de la familia de los caciques Alpaca de Cayma y Yanahuara, en la que siempre hubo músicos virtuosos.  Doña Graciela  recuerda algunos charanguistas ya fallecidos:  su abuelo Juan Alpaca, su padre Manuel Zumaria, Víctor Muñoz Alpaca (hermano mayor de Don Ángel), Mariano Gudiel Alpaca, Justo Ramos Huertas, un señor Gonzáles (padre de Luz y Epifania).   Otros músicos como Manuel Aguilar (guitarra y charango), Gerardo Alpaca Palomino el “Sioca” (guitarra), Pablo Llosa (guitarra), Carlitos Fuentes (mandolina),  y otros muchos más, serpentina al cuello y rostro empolvado, gozaban y creaban  las coplas y el canto vivo de los carnavales de Yanahuara.  No faltaban yanahuaras que supieran tocar algún instrumento.

“El Torito es lo mejor que tenemos en Arequipa, lo mejor en su música, en personalidad.  Su música es auténtica de Arequipa…

De dónde aparece

Ese hermoso Toro (bis)

Si pierde el charango

Lo ha perdido todo”

Actualmente la Municipalidad de Cayma procura re-actualizar las fiestas de carnaval incluyendo  comparsas con charango, una de las zonas en las que la tradición aún se conserva es Acequia Alta.   

Coplas o bifalas, huayños, pampeñas, marineras, resonaban en los días de carnaval, bien en las zonas rurales aledañas, bien en las casas hospitalarias del campo o la ciudad, o en esos santuarios de la cultura popular arequipeña que eran las picanterías.  Y el charanguito, siempre presente.



Natividad del alma (marinera) - Palomita blanca (pampeña)
Nicanor Abarca
Grabación casera en vivo, c. 1980's - archivo de la familia Abarca-Huirse
vídeo de carlosabarca1989









(1) Francisco Mostajo, citado por Eusebio Quiroz Paz Soldán en Visión histórica de Arequipa 1540-1990 (1991, pp. 23-39.)

(2) Juan Guillermo Carpio Muñoz : Diccionario de Arequipeñismos,  1999, t. 1, p. 18

(3) Quiroz Paz Soldán, op. cit., pp. 35-36

(4) Carpio Muñoz calcula que 35% de arequipeñismos provienen del quechua, 30% del español, y 15% del aymara.  También hay una notoria cantidad de toponimias de origen puquina, una lengua muerta hace unos tres siglos.

(5) Helard L. Fuentes  ha publicado algunos artículos sobre esta materia desde los años 80, en particular en el diario El Pueblo y la Revista del Archivo General de la Nación.

 (6) Paul Marcoy.  Viaje a través de la América del Sur.  Lima: PUCP, 2001, T.1,

(7) Tambos vigentes: Tambo de Bronce, Tambo del Matadero, Tambo Ruelas, Tambo de la Cabezona, Tambo de la Ranchería, Tambo de los Jesuitas, Tambo Las Carmelitas, Tambo Negrón, Tambo Salas, Tambo Flores, Casa Rosada, Castillo del Diablo.  Tambos históricos: Tambo Morte Musca, Tambo de Santiago, Tambo de la Quiteña, Tambo de Barreda, Tambo del Buque, Tambo de la Palla, Tambo de Gutiérrez, Tambo de la Ranchería (demolido hace poco).

(8) Francisco  Mostajo transcrito en Mostajo y el Folklore arequipeño, de Hector Ballón Lozada (Arequipa, 1999, p. 218)

(9)  Marcoy, op. cit., p. 117

(10) Hector Ballón Lozada. Op. cit.,  p. 221

(11) Hector Ballón Lozada. Op. Cit., p. 222

(12) Información proporcionada por Graciela Zumaria en entrevista del 29 enero de 2009

(13) Graciela Zumaria expresa: “ya no hay yanahuaras, [ahora]  es gente nueva que ha venido a vivir”

(14) Hoy totalmente urbanizada



Enlaces:


Catorce recuerdos divertidos del carnaval de Arequipa 

Carnaval arequipeño

Algunas coplas de carnaval



Una forma de citar este texto:

Cornejo Díaz, Marcela
2010    El charango y el carnaval.  En: Colesuyo.  Recuperado de:  https://sites.google.com/site/colesuyo/costumbres-tradicionales/notas-sobre-el-charango-de-arequipa  [día/mes/año]