89 HNO ALBIN GABRIEL León Hippolyte Marius Mercier 1875 1+ 8 X 1945
León Gabriel nació en St. Jean Chazorne en Languedoc, tercer vástago de una familia de nueve, dos de los cuales llegaron a ser Hermanos. Su padre y su madre, modestos cultivadores, eran animados de una gran fe y de un verdadero espíritu cristiano, una de sus preocupaciones era la de educar a sus hijos en el santo temor de Dios.
La oración de la mañana y de la tarde era hecha en común; desde que tenía una edad conveniente cada hijo ayudaba la misa en la iglesia parroquial. Cuando llegaba el mes de mayo y de octubre, el santo rosario era rezado en familia.
Habitualmente era presidido por el menor de la familia. Los domingos toda la familia asistía a la Misa solemne y por la tarde asistían al rezo de vísperas: era realmente un día del Señor.
Los ocho muchachos asistían a clase con un maestro cristiano que practicaba la religión sin respeto humano, llevaba a sus alumnos a la iglesia y les enseñaba el catecismo. El joven León Mercier se hacía notar por su aplicación en las clases y en sus deberes como cristiano.
A sus 17 años se presenta en el Noviciado Menor de Mende. Su piedad sincera, su buena conducta y su seriedad le ayudaron para que en seis meses juzgaran que podía entrar al Noviciado de Paris, donde revistió el hábito de los Hermanos el 4 de mayo de 1893 fiesta del Beato de La Salle y será en adelante el Hermano Albin Gabriel.
El novicio puso toda su aplicación y buena voluntad en su formación religiosa. Terminada su probación pasó al Escolasticado, y terminado este debuta como maestro en San Nicolás de Vaugirard; poco después fue llamado al cuartel donde estuvo tres años. Nuestro querido Hermano tomó todas las provisiones necesarias para poder resistir a las tentaciones que le ofrecía la vida militar. Durante su estancia en la Guarnición de Beziers, escribió a uno de sus más jóvenes hermanos; recuerdo haber visto y hecho en mi casa todas las prácticas religiosas con mucha dignidad. Frecuentemente pedía consejo a los Superiores, conservo siempre una respuesta recibida de parte del Hermano Exupérien que le decía: “Estoy muy contento de su carta. Usted acepta cristianamente las dificultades y toma todas las precauciones posibles para asegurar su perseverancia. El buen Dios cumplirá sus deseos y volverá sus esfuerzos eficaces”
Apruebo las prácticas de las cuales me habla, apéguese a ellas, le ayudaran a mantenerse en su estado. Será de gran utilidad que se trace un horario y lo siga fielmente.
La época del cuartel terminó, nuestro Hermano se reintegra a su querida comunidad de Vaugirard. En 1901 siguió los cursos del escolasticado superior, que funcionaba en Buzenval, después del cual regresa de nuevo a Vaugirard.
Durante su estancia en San Nicolás se distinguió por su jovialidad y su entrega a la clase; tenía algunas veces un poco de dificultad para dominar la disciplina de sus alumnos, pero era muy estimado. En comunidad se distinguía por su fidelidad a los ejercicios y el respeto a la autoridad.
Un día el Hermano Asistente Allais Charles, estando de visita en San Nicolás, la conversación se orientó sobre el Hermano Albin Gabriel; “!oh ¡dice el superior, es un muy buen religioso yo quisiera tener muchos como él.
He aquí el testimonio de su hermano menor que entró al Instituto atraído por la vida de su hermano mayor: “Fue el Hermano Albin Gabriel que me llevó al Noviciado Menor de Paris en 1900 y que me dio el hábito en 1901 y me ayudo a mi regreso del servicio militar; fue para mí el hombre de quien recibía consejos y estimulaba mi entrega. En el momento de las leyes combistas, en 1904, el me invitó a expatriarnos con él para ir al Canadá y conservar integra nuestra vida religiosa.
Dejando hacer, los superiores, cuando se cerró San Nicolás, nuestro Hermano a la edad de 35 años se dirige a Caluire para aprender la lengua de Cervantes.
En los designios de Dios, no fueron las riveras del San Lorenzo a las que el Hermano Mercier dirigiría sus pasos sino a México.
Llegado al nuevo campo de apostolado es enviado al Liceo Católico de Querétaro, como responsable de una de las clases superiores, como responsable de la enseñanza del español en los dos primeros años del bachillerato. Pronto se habitúa a su patria de adopción. Conociendo bien el español se entrega por completo a sus alumnos, conservando una perfecta autoridad, y haciéndose estimar por sus alumnos a causa de su entrega, de la calidad de sus lecciones preparadas cuidadosamente y de la corrección exacta de los trabajos.
En abril de 1910, el Hermano Asistente Allais Charles escribió a nuestro Hermano, con el humor que le era característico: “Me siento muy feliz de saber que ya está muy bien aclimatado en Querétaro y que es un paraíso terrestre por el cual se puede ganar el paraíso celestial. Consérvelo y conduzca a muchos jóvenes a Dios. Renueve su espíritu de fe y celo; por su fidelidad a los ejercicios conducirá con usted a sus alumnos hasta el cielo. En clase considérese como mensajero de Nuestro Señor y del Instituto. En comunidad sea muy caritativo y que reine el buen espíritu siempre”. En esta carta se ve el cariño que el superior tenía hacia el Hermano.
En octubre de 1912 fue nombrado director de Acatzingo, siendo su trabajo de entera satisfacción para los padres de familia y las autoridades. Supo mantener la regularidad y el espíritu de familia en la pequeña comunidad; las vocaciones religiosas y sacerdotales surgieron de esta buena clientela.
Desgraciadamente su estancia como director fue corta; una revolución sectaria destruyo las obras de los Hermanos en México. El Hermano Albin Gabriel fue enviado con unos cuarenta Hermanos a reforzar las obras de las Antillas. Los superiores designaron al Hermano Albin como director fundador de la escuela de San Antonio, que por dificultades posteriores poco duró, a pesar de la tristeza de la gente.
El Hermano Albin es enviado como maestro al floreciente Colegio De La Salle del Vedado donde permaneció hasta 1924; en que se reintegra a México como procurador del Distrito, asumió el puesto con diligencia organizando nuevas ediciones. Su forma de ser afable, su tacto, su cortesía y buen humor le atrajeron pronto una clientela cada vez más numerosa.
Yo tuve la oportunidad de vivir varios años con el Hermano Albin Gabriel, escribió un Hermano, cuando era procurador del Distrito de México. Lo que más me impactó fue su gran espíritu religioso, su regularidad y su trato delicado y prudente con el mundo, así como su respeto por los superiores.
Durante la visita del Hermano Superior General Allais Charles a las casas de México en septiembre de 1925, fue para el Hermano Albin Gabriel un momento de consuelo. Fue providencial pues nuestras obras iban a sufrir la prueba de la persecución religiosa desencadenada el mes de febrero siguiente. La persecución de que fueron objeto las escuelas católicas y las inspecciones vividas durante años obligaron a la Procura a salir de nuestros colegios y buscar un local fuera.
El trabajo continuó y la fatiga se acumuló al grado que los Superiores, le ofrecieron en 1931 un descanso de varios meses en Francia. A su regreso reemprendió el trabajo con nuevas fuerzas. Un día apareció una enfermedad nerviosa que le obligó a dejar el trabajo de la Procura y pasar Internado de la Ciudad de México como subdirector. Como en los puestos anteriores tomo muy a pecho sus deberes; primero en los ejercicios espirituales, trabajo de escritorio en la sala de comunidad, siempre en su puesto, servicial en las vigilancias. Teniendo que suplir de tarde en tarde al Hermano Director en los ejercicios de la tarde; había hecho un ramillete de reflexiones espirituales que facilitaran a los Hermanos la revisión semanal y el retiro mensual.
Su director resume así la personalidad del Hermano Albin Gabriel: aún en sus últimos años de su vida conservo su porte digno, su porte impecable, alto y siempre recto que anunciaba una personalidad franca y vigorosa.
Religioso de gran rectitud, orden perfecto en su trabajo, era enemigo de las cosas mal hechas. Su tiempo muy bien distribuido le permite atender a muchas ocupaciones y trabajos. Su puntualidad exacta tanto a los ejercicios espirituales como a todos sus deberes. Religioso de una piedad sincera, era muy estimado de sus cohermanos que veían en él un pilar de la comunidad.
Encargado de la vigilancia y organización de los talleres de encuadernación que representaba siete clases seguidas diarias, tenía un orden maravilloso, los materiales siempre listos, el seguimiento del avance de los alumnos totalmente controlado, a pesar de que eran grupos numerosos, obtenía muy buenos resultados. Su voz fuerte y con autoridad controlaba a los traviesos y flojos, recibían buenas reprimendas, pero una vez que estos alumnos habían mostrado un cambio y buena voluntad la bondad del Hermano se hacía presente y nadie le guardaba rencor.
Durante el año escolar el Sr. Mercier sufrió una hemiplejía y tuvo que abandonar su trabajo, los alumnos manifestaron su tristeza por haber perdido a su profesor.
Quedó casi inmóvil sujeto a estar todo el tiempo acostado, dependiendo de otras personas para las necesidades más corrientes de la vida, soportó esto con paciencia y resignado a los designios de la Providencia. Durante este martirio de 13 meses en su lecho de dolor, fue un enfermo admirable, paciente, obediente al Hermano Director y a las indicaciones del médico, agradecía a todos los que lo visitaban o le prestaban el más mínimo servicio. Su estado de salud se fue agravando y se aprovechó un momento de completa lucidez para administrarle los últimos sacramentos. Su muerte llego el 18 de octubre. Revestido de su hábito religioso fue expuesto en la capilla ardiente a donde acudieron alumnos, ex alumnos, padres de familia y antiguos clientes del Hermano para rezar por su eterno descanso.
En palabras de su Hermano Director resume el pensamiento de los Hermanos del Distrito: “Nuestro querido Distrito ha ganado un intercesor con la partida del Hermano Albin Gabriel hacía la eternidad, un nuevo protector que intercederá en el cielo por la prosperidad sobrenatural de nuestras obras”