75 HNO AGATON LUCIEN Joseph Lucien Daniel 1868 + 28 VIII 1942
Nació en Dondrexange, en Metz 1868. En el verano de 1883 el joven José Daniel deja su natal Lorena para entrar en el noviciado menor de Paris, donde el bondadoso Hermano Amos Marie lo recibe. Su gusto por la piedad se manifiesta de inmediato, mientras que su carácter se forja en un medio de virtud y de inocencia. Entrón, voluntarioso y activo en el juego esa misma actitud la tiene en el estudio.
Con estas buenas disposiciones se prepara para la probación del Noviciado que se inició con la toma de hábito del 7 de octubre de 1883, donde recibe el nombre de Hermano Agaton Lucien.
El noviciado menor donde había dejado gratos recuerdos, fue el campo de su primer apostolado. En ese lugar de privilegio el Hermano Agaton Lucien despliega toda la actividad de su exuberante naturaleza. “Fue para mí, escribió uno de sus compañeros de trabajo, un modelo de fidelidad integral a los ejercicios espirituales. Se acostaba tarde, porque tenía dolores de cabeza que le quitaban el sueño, pero nunca fueron motivo válido para prolongar el descanso matinal. Sobre este punto fue el mismo durante toda su vida.
En la capilla su postura era enérgica y respetuosa; su voz fuerte se oía perfectamente en las oraciones vocales y mantenía un tono moderado y piadoso. Siendo un maestro en el arte de la música, preparaba con excelencia los cantos sagrados. Cada domingo, todo el personal de la Casa Madre, gozaba de un banquete al oído por las piezas ejecutadas por los novicios menores durante la Misa dominical.
Como profesor, nuestro querido Hermano, se desenvolvía muy bien, a pesar de lo fuerte de su voz que invadía las clases de sus vecinos por su gran resonancia y en momentos creaba en las clases vecinas ciertos problemas de atención o disciplina. De las asignaturas que enseñaba, la de su preferencia era el Catecismo. Un interesante interrogatorio donde preguntas iban y venían, ejemplos, reflexiones morales, y conclusiones todo estaba hecho por escrito.
Se anunciado su cambio de comunidad, él me comentó, enseñándome sus cuadernos de catecismo: He aquí lo que más me importa, lo demás me es indiferente. Su ejemplo era contagioso, pues cada maestro preparaba por escrito sus catequesis. Por mí parte yo era fiel imitador de su forma de actuar.
En enero de 1888 el Hermano Agaton Lucien fue con un grupo de aspirantes que fundarían el nuevo noviciado menor de Buzenval.
Entusiasta, emprendedor, nuestro Hermano, fue un importante obrero de esta fundación, estuvo a la cabeza de la organización de todos los detalles de la casa que como toda fundación era precaria en bienes. Estaba el Hermano Agaton- Luicien en la fuerza de la juventud, su voz fuerte y bien timbrada y sus gestos autoritarios, su gran estatura, imponían el orden y la disciplina alrededor suyo. Si era exigente en el trabajo, no por eso dejaba de motivar y alentar el esfuerzo de sus alumnos. Su buen sentido común y su alegría eran patentes en los tiempos de recreo.
Maestro de capilla, como músico, realzaba las ceremonias religiosas con hermosos cantos que dirigía y acompañaba al órgano, y cantaba la voz del bajo.
Hábil y brillante obrero de la viña del Señor, trabajaba duro con el sudor de su frente. Pero su carácter en ocasiones lo traicionaba ante algunas exigencias de la vida comunitaria que exigían humildad, renuncia y obediencia. En una ocasión no pudo dominar su amor propio, irritado y enojado, por haber sido cambiado de la primera clase para regresar al Noviciado Menor de Paris, donde enseñaría en la segunda.
Nombrado subdirector del Noviciado de Paris, fue un gran apoyo del Hermano Director Aaron Juien. Consciente de la importancia y santidad del Noviciado, cuidaba los más mínimos detalles, en especial la alimentación de los Novicios. Notaba de inmediato descubría cualquier síntoma de enfermedad en los novicios y hacia todo lo posible por curarlos.
Un novicio de esa época nos da el siguiente testimonio sobre nuestro Hermano: “Personalmente, yo tengo un agradable recuerdo y admiración por sus catecismos llenos de doctrina y muy interesantes, así como comprensibles. Una vez en un catecismo de formación, que me tocaba dar, ya en escena me quedé totalmente mudo, ni sus palabras para darme valor ni su invitación a que leyera lo que tenía escrito y no pude vencer mi estado de congelación.”
“Recomenzarás con tu clase el próximo domingo” me dijo con un tono de voz más suave que de costumbre. Esta forma de proceder revelaba su conocimiento de la psicología y sabía de mi forma de carácter y timidez. De ahí en adelante fui adquiriendo confianza y cuando llegó el momento hice mi ensayo como catequista, sin sufrir ninguna intimidación”.
Siendo, después de un tiempo, su compañero de clase en San Nicolás de Buzenval, me sentí feliz de su forma de proceder para conmigo. En cierta ocasión le recordé la doctrina sobre el Espíritu de Fe, abnegación y de sacrificio que me había enseñado en el Noviciado, que en momentos tenía él que poner en práctica. Con muy buen humor me respondió: Todo eso, querido colega, es más fácil enseñarlo que practicarlo… Pero es más meritorio… le repliqué y el comentario termino.
El Hermano Agathon Lucién estuvo dos años, como responsable de la clase de los mayores en el orfelinato de Fleury Meudon, hasta que en 1906 se decidió, como muchos Hermanos de la región parisiense, ir al nuevo Distrito de México.
La comunidad de Saltillo lo recibe en enero de 1907, después pasa al Colegio de San Pedro y San Pablo de Puebla donde desarrolló una gran labor apostólica. En 1912 fue nombrado director de la escuela gratuita de San Ignacio, se acababa de fundar en la misma ciudad. Inspirado en el más puro y auténtico espíritu lasallista, amaba a los niños pobres con todo su corazón; y para poder ayudarles en sus necesidades organizaba la coral con ella fiestas en la parroquia para obtener algunos fondos.
Tanto las familias como los niños tenían un gran cariño por el Hermano Director y cuando el 15 de abril de 1914, el Hermano Visitador, ordenó salir de Puebla, fue para él un duro golpe. La triste noticia causa conmoción y consternación en los hogares de los alumnos; las escenas de despedida fueron un adiós desgarrador. Con lágrimas, los padres de los alumnos, suplicaban a los Hermanos que regresaran. “Sí, regresaremos apenas las circunstancias nos lo permitan”. La promesa era sincera, los Hermanos estaban muy apegados a las obras en México. El triunfo de las armas revolucionarias estableció un régimen que frustró las esperanzas.
Dejando las playas mexicanas, nuestro Hermano exclamó: “Este es el más grande sacrificio que Dios me ha pedido, cuando la tormenta pase y si los superiores me dicen: Regrese con sus alumnos mexicanos, esa será mi más grande alegría”; esos mismos sentimientos tenían todos sus compañeros de viaje.
Al inicio del curso escolar de 1914, la primera clase de San Nicolás de Buzenval le tocó como cotitular. Su colaborador nos dice: bajo un semblante austero, serio y en momentos espinos, el Hermano Agathon Lucien tenía un corazón lleno de sensibilidad y muy bueno. A primera vista sus alumnos tenían un sentimiento de miedo, pero ese miedo desaparece pronto, cuando experimentan muchas atenciones y delicadezas que les brinda.
Hombre de gran fe y una entrega absoluta, con una gran capacidad de trabajo y recursos profesionales destacados salpicados de humor y de su inflexible voluntad, ocupando puestos importantes y buscando sin duda el más grande bien. Seguramente San Juan Bautista de La Salle lo habrá reconocido como uno de sus discípulos más cercanos.
En 1925 la escuela gratuita de Athis Mons, fue por el resto de su vida, el campo de trabajo, que cultivará con su habitual tenacidad hasta caer en el surco. La edad avanzada no disminuía el fuego y cada año tenía la satisfacción de ver triunfar a sus alumnos en los exámenes para obtener el certificado de primaria, así como en los concursos de catecismo organizados por la diócesis.
Con el fin de aumentar el número de alumnos y que más niños se beneficiaran de la educación cristiana organiza el servicio de transportación; igualmente la “amicale” sociedad de antiguos alumnos que ayudaban admirablemente para subsanar las necesidades económicas de la escuela.
Religioso enérgico y convencido, el Hermano Agathon -Lucien, en todas las estaciones del año se levantaba una hora antes para estar en oración antes de los ejercicios comunitarios: muy devoto de San José, solemnizaba sus fiestas con bellos cantos ejecutados con maestría, haciendo gala de excelente músico.
Gracias a su robusta constitución, nuestro querido Hermano ignora, por así decirlo, lo que es una enfermedad, hasta los primeros días del año de 1941 se presentan los síntomas de una afección cardiaca; no le presta gran atención, no quiere en nada disminuir su labor apostólica en la escuela. En las vacaciones que se prolongan por razón de un viaje realizado y que no puede regresar en el tiempo previsto.
A su regreso se agudiza el mal de su corazón y el médico le manda reposo absoluto, le costó lagrimas obedecer y pensar que tenía que dejar la enseñanza. El 27 de agosto, con gran aceptación de la voluntad de Dios, entrega la dirección de la escuela a su sucesor. Al día siguiente se levanta como de costumbre para asistir a la santa Misa y comulgar, haciendo un gran esfuerzo llega hasta la puerta de la capilla y como un valeroso soldado caen en la línea del deber cumplido.
Una gran muchedumbre de antiguos alumnos y padres de familia asisten a sus funerales presididos por el Señor Cura decano de Juvisty y muchos sacerdotes de las parroquias vecinas que vinieron a rendirle homenaje a la acción educativa de nuestro querido Hermano. (Notice necrologique 189)