49 HERMANO BERTIER Gaston Jean Batiste Engel 1863- + 31 V 1933
Director fundador de la Concordia en Puebla, del Instituto del Sagrado Corazón en Morelia y Director del Colegio de San Pedro y San Pablo hasta su clausura.
Nace en París siendo el último de una familia muy cristiana y honorable de cuatro hijos, de los cuales dos se consagrarán al Señor, su hermana fue Hermana de la Caridad y Gastón que tuvo el honor de recibir una educación impregnada de fe y piedad. Su padre, cristiano íntegro y generoso en obras de caridad, y que tenía una amable autoridad, por las tardes les leía diariamente la vida de los santos u obras propias para alimentar la imaginación juvenil.
En este hogar modelo, su mamá aparecía como un ángel de bondad, de delicadeza y de piedad en la formación de las tiernas almas que el Señor le había confiado. Ella le inculcó, sobre todo, una gran devoción a la Santísima Virgen por medio del rezo diario del Santo Rosario y la celebración del mes de María. Cuando el reloj tocaba la hora, ella hacia recordar la presencia de Dios. Esta formación creó en nuestro Hermano un profundo sentimiento religioso que fue fuerza y consuelo a lo largo de su vida.
Cuando tenía diez años, entra con uno de sus hermanos al colegio de San Nicolás de Vaugirard. Alumno estudioso, inteligente y de conducta irreprochable, se distinguió entre todos sus condiscípulos.
Fue miembro de la congregación Mariana, siendo uno de los más fervorosos. Cuando el llamado de Dios se le presenta misteriosamente en su corazón dio gracias a Nuestra Señora de las Victorias por la gracia de su vocación de religioso educador y desea responder sin dilación a ese llamado., que quedaron grabados en el alma del adolescente,
El anuncio en casa de esta decisión causó sorpresa, ya que soñaban que fuera ministro del altar. El consentimiento fue concedido en estos términos: “Tú vas a ser hermano y está bien, yo hubiera preferido que fueras sacerdote. Pienso que has reflexionado bastante y orado mucho, creo que no obedeces a ninguna presión por parte de tus profesores y que sólo has escuchado la voz de tu conciencia, vete y persevera. Pero si un día cambias de idea sabe que tú no podrás entrar en esta casa, porque la puerta estará cerrada irremediablemente a tu inconstancia”. Escribió estas palabras en su libreta y las conservó siempre. Nuestro Hermano agregó lo siguiente: “Yo sé que así será”.
El 1 de octubre de 1877, Gastón Engel con catorce años cumplidos entra en el Noviciado Menor de Paris; escribió lo siguiente al celebrar sus bodas de oro de entrada a esta casa: “ me acostumbré muy rápido, la capilla me encantaba, las reflexiones del Hermano Andrés me entusiasmaban, fui conquistado por las lecciones de estilo del Hermano Paphnucius”. En este asilo bendito nuestro Hermano vive dos años de dulce paz y trabajo.
Con el alma llena de alegría espiritual, Gastón, comienza su postulantado el día de la fiesta de la Natividad de María de 1879. Toma el Hábito el 25 de octubre en la fiesta del Patronato de la Santísima Virgen; el joven Hermano Berthier se dedicó con toda su alma a la formación religiosa bajo la sabia dirección del Hermano Alban Joseph.
Al año siguiente, el día de nuestra Señora del Rosario llega al Noviciado Menor para recibir una iniciación practica en la enseñanza, antes de volver a su escuela de San Nicolás de Vaugirard, en enero de 1881 que regresa a esa gran escuela que le trae tantos gratos recuerdos. Se inicia como maestro en la clase de los más pequeños; para el mes de octubre lo cambian a la décima clase y en noviembre a la novena.
Se daba por entero a sus clases con gran celo y en sus tiempos libres se dedicaba a estudiar los cursos establecidos en la comunidad para profundizar en algunas materias.
Un largo y fecundo apostolado parecía que iba a tener nuestro Hermano en esta gran casa de Vaugirard cuando, por petición propia, la obediencia lo incardina en el Distrito del Puy como una forma de alejarse de su querida familia, demasiado cercana, ofreciendo a Dios este acto de meritoria renuncia.
En el Puy trabajó dos años en el Pensionado de Nuestra Señora de Francia y en octubre de 1884 es enviado al Pensionado de Mende donde estuvo cinco años. El Hermano director de ese internado apreció mucho el don que la Providencia le hizo al enviarle al Hermano Berthier.
Provisto de su titulo de Brevet superior, pronto accede al título de Enseñanza secundaria especial; al joven maestro de 21 años se le confió la primera clase. Sus lecciones cuidadosamente preparadas y su exposición de la clase con palabras claras, precisas, su lucidez de espíritu, espontáneo y metódico, le atrae la estima de sus alumnos, sobre los cuales ejerce una gran influencia por sus virtudes religiosas, su forma de ser, su carácter alegre y su distinción como persona.
Sus lecciones cuidadosamente preparadas, expuestas con claridad y con el don de la palabra al servicio de un espíritu lúcido, metódico hicieron que se despertara en sus alumnos la estima y admiración, obteniendo un gran ascendiente sobre sus alumnos por su espíritu religioso y la distinción de su personalidad.
Animado de un gran espíritu de familia, se mostraba, a los ojos de los Hermanos, como la personificación de la alegría franca y de una cordialidad caritativa, fuente de encanto comunitario.
1889, Precediéndole una meritoria reputación el Hermano Berthier al colegio de Saint-Michel importante escuela del Puy, para hacerse cargo de la clase de honor; antes de ser nombrado director. En este campo de apostolado estuvo catorce años, durante los cuales pone a trabajar todas sus cualidades que siempre fueron superiores a las dificultades que se presentaron.
En pleno fuerza de la edad y teniendo todos los medios para poder actuar, el Hermano Berthier se entrega con generosidad, entusiasmo y el optimismo que le caracteriza. Sus cualidades pedagógicas y su espíritu de servicio le permitió ganarse el cariño de sus alumnos.
Uno de ellos escribió: “El Hermano Berthier era un educador notable, un profesor emérito. Tenía el don de despertar y de cautivar la atención de los alumnos, así como conocer sus caracteres, dirigía y formaba con esmero. Su exquisita cortesía y su modestia lo hacían muy agradable. Personalmente yo le estoy infinitamente agradecido por haber guiado mis aptitudes para el dibujo y poder desarrollarme en lo que ahora trabajo”.
Después de un ferviente Segundo Noviciado, bajo la dirección del Hermano Reticius recibe la obediencia como Director del Colegio de San Miguel, donde había sido profesor nueve años.
De su entrada en funciones, escribió uno de los Hermanos: “tuve el gusto de formar parte de la comunidad, el cambio que acababa de tener me había sido muy doloroso, pero el sentirme muy bien recibido y de encontrarme muy bien bajo su autoridad cambió todo”.
“La unión, la paz y la alegría reinaba en la vida de esta comunidad, a pesar de la sobre carga de trabajo por el numeroso alumnado que se atendía y en algunos momentos también por las penurias económicas; no importaba todo el mundo estaba contento, porque los corazones estaban muy contentos y gustosos hubieras cantado `¡Ecce quan bonum!´”
El Hermano Director apreciaba por igual a todos los Hermanos y procuraba cualquier ocasión para demostrarles su cariño dentro del marco de sus obligaciones religiosas. Sus atenciones disminuían las dificultades y momentos difíciles que hubiera. Para con los Hermanos más jóvenes era especialmente atento, alentándolos, motivándolos y reconociéndoles sus adelantos. El arte de su gobierno era hacer agradable, motivador el trabajo pero sobre todo ganarse los corazones de los Hermanos.
Los días de fiesta, le ayudaba gustoso al Hermano cocinero a preparar la comida de la comunidad resaltado el día con algún platillo especialmente preparados y muy bien presentado.
Bajo el terciopelo de su autoridad existía una voluntad atenta para exigir el cumplimiento del deber, del cual él mismo era ejemplo, si había alguna falla a la regularidad la hacía notar y la corregía con su habilidad de siempre , a menudo imponiendo una penitencia pública al transgresor.
Tenía el talento y la forma para hacerse obedecer sin contrariar, pues sus órdenes e indicaciones llevaban el sello de un espíritu reflexivo y de un corazón amoroso.
Por su excelente cortesía y el conocimiento de las costumbres sociales, daba una excelente impresión a los padres de los alumnos y a las personas que seguido visitaban o se interesaban por la escuela.
El Hermano Director dirigía la escuela con maestría y celo. Para las frecuentes inspecciones que se realizaban y para los exámenes, él mismo elaboraba el programa y velaba para su consecución. Las visitas que realizaba a las clases eran deseadas por los alumnos y los maestros; seguido impartía una clase modelo muy apreciado por los maestros noveles y por el alumnado.
Sus catecismos diarios en una u otra clase eran particularmente deseados y gustados, sabía ilustrarlos con ejemplos interesantes, sus reflexiones eran especialmente deseadas y gustadas.
Consciente de la necesidad de mantener a los antiguos alumnos en contacto con la escuela creó un Patronato y les asigno una sala en el edificio escolar. Este Patronato progreso y se convirtió en la Asociación San Miguel, uno de los organismos con más actividades de la región.
Un gran espíritu de fe y una piedad esclarecida animaba y sostenía el celo de nuestro querido Hermano Berthier. Su devoción a María Inmaculada, preciosa herencia de su virtuosa mamá, parecía dominar toda su espiritualidad. En sus escritos personales, se encontraron muchas alusiones sobre los momentos en que protección de María Santísima se hizo patente en situaciones especiales.
Su piedad mariana tenía libre expresión en sus visitas al célebre santuario de “Notre Dame du Puy” los días que acudía para la santa Misa. En sus conferencias sobre la Santísima Virgen, dejaba a su corazón desbordarse de filial ternura, para hacer partícipe de sus sentimientos hacia la Reina del Cielo.
Parisiense, de gusto fino, no usaba nunca el lenguaje rudo de los nativos del Puy, pero lo oía con gusto y conservaba en su memoria algunas expresiones regionales. El dialecto de Lozere y de Vellave los aprendió.
Para un digno religioso, la voz de la obediencia era la voz de Dios sismo; el obedecía a los Superiores con filial sumisión
El año 1903, es el inicio, para nuestro Hermano, de una era de sacrificios. Una obediencia lo separa de la escuela de San Miguel y del Santuario de la venerada Señora; y es enviado a la comunidad de la Canourgue; que el año siguiente sería clausurada por las leyes combistas.
El colegio de Brioude, es confiado a su dirección, pero tiene que secularizarse, sucedió a un Hermano autoritario en extremo, pero él gracias a sus relaciones amables y corteses realiza pronto un gran cambio, de la atmósfera fría y áspera que existía en torno al colegio por mucho tiempo se tornaron más amable y cálida.
Deseoso de salvo guardar la integridad de su vida religiosa, se decide por la expatriación y su determinación se vuelve inquebrantable ante la súplica de muchos de sus amigos, de sus inferiores y del comité de la Escuela que le suplican que se quede.
Se inicia con gran entusiasmo en el aprendizaje del castellano, en el escolasticado misionero de Clermont. El Hermano Berthier se embarca en Barcelona en noviembre de 1905 a la cabeza de doce Hermanos que van a la fundación del Distrito de México.
En Puebla, nuestro Hermano, toma la dirección de la escuela gratuita llamada de la Concordia. Una pobreza franciscana reina en la nueva comunidad. Las cajas de embalaje sirven de mesas y sillas. El mobiliario escolar es rudimentario. A pesar de no dominar el castellano, los maestros en clase fueron bien recibidos y sus clases se vieron llenas de alumnos indulgentes y simpáticos.
Poco duró en la Concordia ya que en diciembre de 1907, su carisma de pionero, lo señalo como Director fundador de Morelia. Llegaron los Hermanos, a esta ciudad, el 28 de diciembre; el Hermano Berthier hombre con mucho don de gentes, supo sobrellevar las dificultades que en un inicio fueron muy penosas. Después de múltiples peripecias por los arreglos de la escuela se inició el 25 de enero de 1908. Pronto los lugares resultaron insuficientes y el internado tuvo que refugiarse en el seminario. En el mes de mayo el Hermano Berthier es cambiado a Puebla, lo que causo fricciones con la Sagrada Mitra de Morelia. Desde esa fecha asumió la dirección del Colegio de San Pedro y San Pablo, al fin del curso escolar su salud sufre un quebranto y es nombrado Procurador del Distrito.
Cuando la revolución mexicana de 1914 expulsa al Hermano Berthier, Cuba le acoge y durante unos meses fue el director de Sagua. Por su tacto y distinción adquiere un buen prestigio con los Padres Jesuitas de quienes dependía la escuela.
El 16 de septiembre de 1915 regresa a México el Hermano Berthier y el Hermano Adrias Bernard para velar por los intereses del Instituto, fijando su residencia en San Borja.
El 9 de enero de 1920, el Hermano Berthier, director y ocho hermanos más abren L´École française de San Borja, con su internado. Con la habilidad del Hermano Director pronto adquiere gran prestigio recibiendo alumnos internos de todo el país. La escuela tendrá que crecer con adaptaciones y nuevas construcción y clientela diferente, pero la base existe gracias a la inteligencia, habilidad y distinción del Hermano Berthier. Las cualidades que la Providencia le había dado, le sirvieron en la consecución de esta importante empresa de la cual fue la cabeza hasta 1925.
Poseyendo una extensa cultura, el Hermano Director, podía reemplazar, si era necesario, a cualquier profesor, sin importar la especialidad: literatura, ciencias naturales, matemáticas. Cuando hablaba, en las fiestas del colegio, dejaba en su auditorio la impresión de un hombre sabio y lleno de espiritualidad, profundamente religioso.
Los quebrantos en su salud son la causa de que lo releven de la dirección, aunque permanece en el Colegio San Borja como subdirector y responsable de la enseñanza de la Botánica, y Zoología así como de las clases de canto.
Dando un apoyo total a su joven sucesor, se apresura en dar ejemplo de su pronta e inteligente sumisión a las decisiones de la autoridad ya sea con respecto a la comunidad, internado o colegio.
Una nueva empresa le espera; en 1919, el Hermano Berthier, encontró, el antiguo claustro del convento de la Concepción, un local habitado por cantidad de familias pobres, los muros por dentro estaban ennegrecidos por el polvo de carbón de madera que salía de un depósito existente en el interior del edificio. Y poco a poco inicio su transformación para la fundación del Colegio de La Salle de Belisario Domínguez 5.
1930, como su salud seguía mal, los Superiores deciden que regrese a Francia, y ayude como adjunto al Hermano Secretario General del Instituto. La comunidad de la Procura General del Instituto le atendía con amor, y cuando se presentaban las crisis de salud y su vida estaba en peligro realizaban novenas fervientes al Hermano Benildo para obtener la salud del querido paciente.
La insuficiencia renal y la afección cardiaca que sufre el Hermano Berthier le obligan a tomar un reposo en la enfermería de Athis Mons, donde vivirá sus últimos cinco meses de vida.
El 31 de mayo recibió, nuestro Hermano, los últimos sacramentos, con plena consciencia y con un sentimiento de alegría interior como se los manifestó a los Hermanos presentes. Como una lámpara que se extingue, nuestro Hermano se fue debilitando y en la última hora del mes de María, la Buena Madre del Cielo vino a llevarse a su devoto servidor. Su rostro tenía un celeste gesto de felicidad que a todos les llamaba la atención. “Hacer cada cosa por Dios y hacerla muy bien hecha” fue el lema de su vida.