FECHA: 31/08/2026
FECHA: 31/08/2026
✨ EL CUENTO DE ACOGIDA DE QUIEN TRAE MAGIA AL CEIP NEBRIXA
Cuento iniciático para quienes transforman el mundo desde el aula
Dicen que, en un rincón luminoso de Lebrija, existe una escuela donde la magia no se esconde en varitas ni en hechizos, sino en algo mucho más poderoso: la capacidad de acompañar a quienes aprenden. Ese lugar es el CEIP Nebrixa, un espacio donde cada día se encienden pequeñas chispas que iluminan caminos, preguntas y descubrimientos ubicado en número 1 de la calle Cuesta Belén.
Una mañana esperanzadora, una persona caminaba hacia el centro con paso sereno y corazón expectante. No era un mago ni una maga, aunque llevaba magia en las manos. No era un héroe ni una heroína, aunque tenía el poder de transformar el mundo. Era alguien que había elegido enseñar, y eso ya era suficiente para que el aire a su alrededor vibrara con posibilidades.
Al llegar a las puertas del Nebrixa, se detuvo. Las puertas parecían respirar, como si reconocieran a quien llega con vocación. Las vetas de la fachada dibujaban constelaciones, y los gigantes pilares guardaban el paso con la paciencia de quienes han visto generaciones crecer.
Al cruzar el umbral, una brisa suave le envolvió. No era viento: era bienvenida. El patio y su huerto escolar despertaban, las aulas esperaban, y tras las puertas todo el centro descansaba, como si supiera que esa persona iba a llegar.
Al entrar, y situarse en el Hall junto a administración y consejería, el cole le habló. No con voz humana, sino con un murmullo cálido que parecía surgir de las paredes, del suelo, de los árboles del patio. Se encontraba en el pasillo de Primaria, donde el Aula Específica brillaba con los colores del arcoíris, donde la atención a la diversidad mostraba su cara amable en las aulas de PT y AL y donde el primer ciclo se iniciaba en los misterios de los libros de los hechizos.
“Bienvenida, bienvenida… o bienvenido, o bienvenide. Aquí no importa cómo te nombren, sino cómo acompañas. Has llegado a un lugar donde enseñar es un acto de magia cotidiana.”
El centro se abrió y comenzó a mostrar escenas vividas o por vivir en su interior: aulas que eran torres de conocimiento, patios donde la convivencia florecía, una biblioteca que respiraba palabras, espacios de apoyo donde cada persona encontraba su ritmo, y rincones digitales donde la tecnología se convertía en herramienta creativa.
Cada espacio tenía su historia, su propósito, su luz, como la que entraba por las cristaleras del primer tramo de escaleras que le guiarían a siguiente planta del edificio, donde el segundo y tercer ciclo hacen de las suyas, PT y Orientadoras cierran el fortín al final del mismo y donde un aula de recursos cargada de ilusión y diferentes formas de enseñar se guardaba al retornar de la subida. Pero el mismo tramo que subía tenía su semejante que bajaba al pasillo inferior y que conducía a lugares cargados de magia e ilusión, un aula multisensorial donde proyectar fantasía, un SUM donde hacer realidad los sueños de grandes grupos de aprendices y un comedor en el que saciar a los más hambrientos y hambrientas del lugar. Pero no todo quedaba ahí, ese pasillo servía de entrada a los más infantes aprendices del lugar y les guiaba a su patio, que era también de todos y todas, y a sus ilusionantes aulas.
Desde una mágica agenda para docentes que desprendía brillo de su interior, el centro habló de los rituales del Nebrixa: cómo cada mañana el sol entra por las ventanas y despierta las risas, cómo quienes aprenden se acompañan entre sí, cómo quienes enseñan se reúnen para compartir ideas, dudas y soluciones, como alquimistas que mezclan saberes para crear aprendizaje. En su interior se podía encontrar recursos enlazados a portales que descubrían los misterios del centro y como descubrirlos, la planificación anual que revelaba todo el camino hacia la sabiduría, las actuaciones y hechizos hacia una ilusionante convivencia, y demás elementos fundamentales necesarios para convertirse en un miembro más de la comunidad educativa del Nebrixa.
Explicó que el Proyecto Educativo era el corazón del centro, el ROF su brújula, el Plan de Convivencia su escudo, y el Plan de Atención a la Diversidad su mapa de caminos múltiples.
No eran documentos: eran herramientas mágicas que sostenían la vida del Nebrixa.
También, usando esta mágica agenda para docentes, el centro habló de la coordinación, de la figura de acompañamiento: una persona del centro que guía a quien llega, que no vigila, no examina, no juzga, sino que acompaña con calma y experiencia.
“Quien te acompaña conoce los senderos, las rutinas, los proyectos, las voces del centro. Te ayudará a encontrar tu lugar, a comprender el ritmo del Nebrixa, y a recordar que la magia se aprende caminando en compañía.”
La persona que escuchaba sonrió. Sabía que no estaría sola.
Los días pasaron, y el centro se fue llenando de murales, dibujos y recuerdos. En sus diferentes espacios aparecieron nombres de quienes aprendían, frases escuchadas en los pasillos, momentos en que la magia se hacía visible: una pregunta inesperada, una sonrisa compartida, una clase que terminaba con un brillo especial en los ojos.
Al llegar al último rincón, el centro habló de la evaluación. Pero no como un examen, sino como un espejo amable:
“Mira tu propio viaje. Pregúntate si has comprendido el ritmo del centro, si te has sentido acompañade, si tus palabras han encendido curiosidad, si tu presencia ha traído calma. Esa es la verdadera medida de la magia.”
La persona cerró los ojos. El sol caía sobre el patio y las voces llenaban el aire. Sintió que algo dentro había cambiado: ya no era visitante, sino parte del hechizo.
Desde entonces, cada persona que llega al CEIP Nebrixa recibe ese mismo susurro del propio centro. No como un simple ritual, sino como una promesa: que enseñar es un acto de magia, que cada aula es un universo, y que juntas, juntos —quienes enseñan, quienes aprenden y quienes acompañan— pueden transformar el mundo con sus manos.
Mapa con las entradas y salidas para no perderse en este mundo mágico: