📆 Martes 23 de septiembre
📖 Evangelio – Mt 11,2-15
En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»
Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»
Cuando se marchaban, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis? ¿A ver a un profeta? Sí, y más que profeta. Él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el que preparará tu camino ante ti.”
En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la Ley profetizaron hasta Juan; y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga.»
Reflexión breve: Jesús se muestra con hechos, no con palabras. Y se revela en obras de vida y compasión.
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Microrrelato (Opcional): La playa amanecía solitaria, con la arena todavía húmeda por la marea de la noche. Un niño corría hacia el agua con un cubo, empeñado en construir un castillo enorme en la orilla. Los pescadores, al verle, se rieron: “El mar se lo llevará antes de que acabe.” Pero él siguió, colocando con paciencia torre tras torre, muralla tras muralla. A media mañana, una niña pequeña se acercó, lo miró fascinada y empezó a ayudarle. No hablaban, solo compartían la ilusión. Cuando la marea subió, el agua derribó las torres una a una, hasta no dejar rastro. Los adultos volvieron a burlarse, pero la niña, sonriente, dijo: “Este fue el día más bonito de mi verano.” El niño, cansado y lleno de arena, levantó la vista y comprendió que su obra no había sido inútil: había hecho feliz a alguien. Y esa alegría no se la llevó ninguna ola.
Reflexión: lo que parece frágil o inútil puede tener un valor eterno cuando toca un corazón.
Propósito del día: Hoy no me preocuparé de lo que dure lo que haga, sino de que lo que haga lleve esperanza a alguien.
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