Tu deseo sea de ver a Dios; tu temor, si le has de perder; tu dolor, que no le gozas, y tu gozo, de lo que te puede llevar allá, y vivirás con gran paz. – Santa Teresa de Jesús.
La segunda vela, también de color morado, representa la paz que viene con la llegada de Cristo. La paz que Jesucristo trae no es la paz superficial o temporal, sino la paz verdadera que solo se encuentra en Él. La Vela de Belén recuerda el nacimiento de Jesús en un humilde pesebre, lo que trajo paz entre Dios y la humanidad.
“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por Él!” (Lucas 2, 14).
El mensaje de los ángeles a los pastores en la noche del nacimiento de Jesús es un anuncio de la paz que Cristo trae al mundo. No es una paz que se consigue con el esfuerzo humano, sino una paz que es don de Dios.
¿Qué cosas me quitan paz?
¿Qué cosas me dan paz?
¿Puedo yo ser paz para los demás?
Señor, Jesús,
en este tiempo de Adviento,
ponemos en Ti nuestra confianza.
Fortalece nuestra espera
para saber descubrirte
ya presente en nosotros.
Descubrirte en la gente buena
que pasa por la vida haciendo el bien.
Despiértanos de nuestros sueños
y levántanos de nuestro egoísmo.
Prepara nuestros corazones
para que se conviertan en la casa
amable y humana
en la que Tú puedas nacer.
Te esperamos y salimos a tu encuentro.
Cuando llegues, llenos de alegría
te daremos el mejor de nuestros abrazos.
Señor, que este tiempo de Adviento
nos ayude a vivir centrados en Jesús.
En este Adviento continuamos ofreciéndola a la Virgen nuestro esfuerzo por preparar un pesebre cálido en nuestro corazón para Jesús.
Oh Señora mía, oh madre mía, yo me ofrezco en todo a ti.
En prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo tuyo, oh madre de bondad, guárdame, defiéndeme y utilizame como instrumento y posesión tuya.
Amén.