Hace ya unos años, en una ciudad de Bélgica, un día se produjo un fuerte incendio en una residencia de dos pisos. Todas las personas procuraron salir de allí lo antes posible. Se hizo de forma ordenada, gracias a la ayuda y colaboración de los bomberos. Sin embargo, de pronto se dieron cuenta de que faltaba un niño de cinco años. En el momento de la huída el niño tuvo miedo y se refugió en el segundo piso.
Todos, nerviosos, no sabían qué resolución tomar. Las llamas y el humo no permitían que nadie se acercara.
Entonces, el niño ya se había asomado a una ventana y estaba pidiendo auxilio desesperadamente. En esos momentos llegó el padre del niño y horrorizado, le reconoció en medio de una inmensa humareda. Entonces con voz firme gritó a su hijo:
‐ “Salta, hijo mío, salta”
‐ “No te puedo ver, papá”, respondió el chico.
‐ “Pero yo sí te veo. Puedes saltar, que yo te cojo”.
En aquel mismo momento, ante el asombro de todos los presentes, el niño saltó decidido y fue recibido en los brazos de su padre, pudiéndose salvar.
¿En qué personas confiamos?
¿Qué significa confiar?
Gracias Jesús, porque nos invitas a confiar en las personas que nos quieren y queremos.
Gracias Jesús, porque con tu ayuda, podemos hacer grandes cosas y muy buenas.
Gracias por nuestros padres, por nuestros amigos, por nuestros profesores, por los hermanos...
Esta semana podemos ofrecer al capital de gracias, los compromisos que queremos acoger este trimestre. Los compromisos de grupo y los compromisos individuales, pequeñas metas que nos ayudan a crecer en el aprendizaje y en nuestra relación con Dios.
Oh señora mía, oh madre mía, yo me ofrezco en todo a ti.
En prueba de mi filial afecto te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo tuyo, oh madre de bondad, guárdame, defiéndeme y utilizame como instrumento y posesión tuya.
Amén.
Lector: REINA DE LA FAMILIA Y MAESTRA DEL HOMBRE NUEVO
Todos: ¡Ayúdanos en la misión!