La hora del baño o la “toilette” (expresión francesa vinculada a la praxis de la higiene personal), es el auténtico “momento del cuerpo”. Del cuerpo sin trampa ni cartón. El momento de la verdad que nos devuelve el espejo implacable, que aún así también nos engaña con falsas promesas hechas a menudo de artificios, lentejuelas y telas finas.
“Vernos bien” y cuidarnos a nosotros mismos como un mandamiento y una alianza con el propio yo. Es el “cuidarnos” haciendo una pausa en trajín y la realidad seca y fea. Ser indulgentes y no demasiado implacables con nosotros mismos para saber disfrutar del hecho de parar y sentir las gotas de agua recorriendo la piel para luego evaporarse. El momento del cuerpo nos dice -siempre en íntimo diálogo- que nuestro cuerpo es quizás lo único que en realidad poseemos. Para algunos el cuerpo será un templo y para otros una simple cabaña: nuestra “casa del alma”, hecha de carne mortal.