Les cuento que soy comunicadora y activista, vivo en Buenos Aires y desde este lugar del mundo intento difundir, generar y atravesar información urgente, ante el colapso socioambiental en el que nos encontramos. Preferiría no saberlo, o poder omitirlo y sólo focalizar en mis sueños individuales, tener ahorros y dedicarme a viajar por el mundo en un camino de autodescubrimiento y exploración. Sin embargo hace ocho años tomé la decisión de tomar un rol activo respecto a cómo veo la sociedad en la que vivo, y poder cuestionar lo establecido. Conocí el mediactivismo y fue una gran puerta a conocer gente que trabaja y dedica su vida a dar la batalla cultural en contra del capitalismo. Vivo en un país con mucha gente maravillosa, pero con una identidad fundante basada en el negacionismo y en el genocidio indígena. No creo que en otras partes del mundo sepan que Argentina es el país de todo el continente que cometió el genocidio indígena más grande de la historia.
Pero los territorios tienen memoria, y los pueblos indígenas están vivos y nos traen la verdad que ha sido omitida por siglos.
La batalla es muy desigual, pero la sabiduría ancestral de los pueblos late cada vez más fuerte.
Trabajo todos los días, 24/7, en sumar mi aporte e intentar descolonizar la comunicación que nos rodea. En el país existen cientos de asambleas conformadas por personas comunes, como vos y como yo, que se comprometieron a cambiar sus realidades. No somos pueblos sumisos, las resistencias se multiplican todos los días, y es mi deseo poder visibilizar esa fuerza porque la destrucción también avanza día a día. Mientras escribo estas lineas de presentación en el gran Chaco desmontan sin cesar, en Jujuy las máquinas suben al cerro escoltadas por la policía para avanzar con la megaminería, vulnerando los derechos de las comunidades como Caspalá que sostiene su dignidad todos los días poniendo el cuerpo, así como en Río Negro en el Lof Cayunao junto a les Defensores del Río Chubut resguardan las nacientes de ríos y lagunas, allí también a unos kilómetros de distancia, 4 mujeres Mapuche son presas políticas junto a sus hijes, por un gobierno que se dice democrático, pero que viola derechos indígenas. En cada una de las 23 provincias hay gente organizada poniendo un freno a múltiples focos de violencias *terricidas.
(*Terricidio: es la síntesis de todos los modos de asesinar la vida que encontró el sistema capitalista. Concepto parido por el Movimiento de Mujeres y Diversidades Indígenas por el Buen Vivir. https://linktr.ee/mmujeresindigenas?utm_source=linktree_profile_share ).
En Argentina no se respetan las leyes que protegen los bosques, los glaciares, los derechos de los pueblos preexistentes, los gobiernos no quieren proteger los humedales con la importancia vital que tienen. Las zonas de mayor Vida, hoy están amenazadas por toda clase de proyectos extractivistas, que también tienen forma de incendios, sequías y contaminación intencionales. La situación no sólo es de emergencia humanitaria, la emergencia abarca a todo lo vivo y existente. Mueren cientos de animales todos los días, sin contar con los miles asesinados por la industrialización a gran escala que les tortura y nos envenena.
Ya hemos sobrepasado puntos de no retorno.
Me desvela que se comprenda que lo que sucede en Argentina no es inocente, no es casualidad y no es secundario en la inercia del sistema capitalista, muy por el contrario, geopolíticamente nos han contado que somos un país del subdesarrollo, pero somos clave en las actividades más depredadoras del planeta. Por ende lo que pasa acá afecta en buena parte al ecosistema mundial. Es por ello el esfuerzo para tratar de que circule la información. No soy experta en investigaciones científicas, no soy periodista, soy una persona con inquietudes y muchas preguntas, que no quiere ser cómplice de este sistema basado en destruir. Me apasiona escribir, estudié fotografía y filosofía, soy comunicadora feminista por que no encuentro alternativa posible. Este sistema opresor, patriarcal, colonialista, racista, antropocentrista y especista se está derrumbando y eso está bien, pero requerimos de enlaces urgentes, tejidos de amistad y solidaridad para organizarnos desde el respeto, afrontando los desafíos que nos tocan. Es urgente que sepamos que existe una fuerza organizada, en cada pueblo fumigado, en cada comunidad indígena, en cada barrio popular, para comprender y aprehender que podemos hacer la diferencia.
Carina Inés Fernández. Marzo 2023.