EL EJERCICIO DE INCOMODARSE
Esta semana fue el día del periodista, en un contexto de noticias abrumadoras, dignas del bíblico apocalipsis, o de una película yankee de ciencia ficción, sólo que es real pero por algún motivo advierto que estamos mirando sin ver, oyendo sin escuchar, comiendo sin alimentarnos y así sumale la acción que quieras.
¿Será que el trauma colectivo de la pandemia nos dejó más autómatas de lo que ya éramos?
¿Te incomoda si te pregunto qué estás dispuesta a permitir?
¿Quién fija tus límites? ¿Hasta dónde?
La contaminación y el envenenamiento ya son un presente en el aquí y ahora, para el gran conjunto de la sociedad argentina. Privilegios más, privilegios menos todes tenemos glifosato en sangre y microplasticos en nuestro organismo, tanto en el cerebro como en lo que cagamos. Por mucho o poco dinero que tengas en la cuenta bancaria, no podés en la misma ciudad respirar aire más puro, ni bañarte con agua más limpia. Es lo que es, y estamos donde estamos por haber permitido pasar límites que nunca se tendrían que haber sobrepasado.
Países que muches romantizan hacen en América Latina lo que en sus propios países prohíben, de eso se trata la colonización en el siglo XXI. Y ninguna doctrina partidaria plantea un proceso de verdadera independencia, te hablan de “soberanía nacional” cuando la extranjerización de la tierra es avasallante, hablan de progreso y desarrollo cuando firman acuerdos y leyes que dejarán a los territorios saqueados y con más pobreza y enfermedades. Todas las identidades partidarias han quedado demasiado desfasadas con las exigencias del presente, ningún partido tiene una real propuesta para afrontar una transición energética justa, sustentable y sobretodo realizable, y no es porque no haya gente que no sepa qué hay que hacer para mejorar determinados problemas, sino es que no quieren resolverlos. Nuestro continente es zona de sacrificio para los países colonizadores. No es una referencia histórica, y de ahí quizás el negacionismo de base.
Lo dicen todas las asambleas del país: "El Agua vale más que el oro", vale más que los dólares, vales más que los yuanes. El Agua vale más que una reelección de turno, y mucho más que una ideología partidaria. ¿Qué parte no se entiende?
En este año electoral el peligro no es sólo quién vaya a ser el presidente, el peligro es lo que están dispuestos a hacer desde presidencia y los feudales gobernadores.
Muchas provincias se están encargando de criminalizar y prohibir la protesta social, ¿entendemos la dimensión antidemocrática que eso conlleva?
Como comunicadora me siento desconcertada, pensando en cuál es la forma más efectiva de comunicar si es que la hay, cómo generar un mayor compromiso en les lectores o en las personas allegadas, porque la información que tenemos en nuestras manos habla por sí sola y quema.
Me da la impresión de que la grieta prefabricada sigue funcionando tan bien, que no se si alguien llega a hacerse las siguientes preguntas, o acaso sí?
¿Estás de acuerdo con la exploración sísmica en el suelo marino, sabiendo que va a dañar de manera irreversible la vida en el océano?
¿Estás de acuerdo con la explotación del litio, con el desperdicio de agua que el proceso requiere?
¿Estás de acuerdo en dinamitar montañas por la megaminería, usando también millones de litros de agua dulce?
¿Estás de acuerdo en secar ríos enteros por esas industrias que generan muerte, como hace YPF en Vaca Muerta?
Entiendo que muches crecimos con la idea de que el extractivismo no se puede sortear, como si fuera inevitable. Pero hoy sabemos que la crisis socioambiental nos está poniendo el límite que no supimos poner antes, ya no es una opción seguir destruyendo porque nos estamos destruyendo a nosotres mismes.
No podemos contar con los medios de comunicación ya sea por la pauta oficial del estado o por la pauta de las empresas terricidas. Hay temas que son vedados, que están implícitamente prohibidos. Y parece ser que de manera personal no garpa llevar preocupaciones a un feed donde debemos mostrarnos exitosas y sonrientes para creer que tenemos una validación social.
Lo que está pasando es lo suficientemente grave, comunicar es una responsabilidad no sólo de les periodistas, sino de cada une. No hacer una crítica profunda de la realidad que estamos atravesando, es un mecanismo de negación peligroso individual y colectivamente.
El pacto extractivista es un pacto de muerte y hay que romperlo, como estamos rompiendo el pacto patriarcal.
No reaccionar a él es someternos a enfermarnos y morir como si no tuviéramos la capacidad de pensar, de reflexionar y de elegir cómo queremos vivir.
¿Cómo queremos vivir?... ¿Queremos vivir?