El trauma se define como la respuesta emocional y fisiológica frente a un evento que percibimos como amenazante para la vida o la integridad física o psicológica.
Según el Dr. Gabor Mate, el verdadero trauma en los niños emerge no solo del daño en sí, sino de la soledad emocional que acompaña a este daño. Esta soledad es a menudo el resultado de un ciclo de trauma no resuelto, donde los padres, afectados por sus propias experiencias traumáticas, perpetúan patrones de abandono emocional.
Ese estrés tóxico en una edad temprana activa el cortisol de forma crónica y frena el correcto desarrollo de las conexiones neuronales, lo que conlleva fallos decisivos en el aprendizaje y el desarrollo de la conducta.
Cuando aparece el trauma, el hipocampo y la amígdala se llenan de cortisol; de hecho, los niños con traumas severos presentan niveles de cortisol más elevados que los grupos control. El que lo padece no procesa ese momento como algo finalizado, sino que se queda en modo alerta. Y ahí nacen muchos de los TEPT —trastornos de estrés postraumático—. Esto afectará la capacidad que tiene el cuerpo para regular de forma correcta el sistema
nervioso simpático y parasimpático, es decir, la manera que tiene el organismo de responder al estrés y al mundo emocional.
Los niños con traumas son más vulnerables a enfermar. Hoy se sabe que presentan un diez por ciento más de probabilidad de cáncer, diabetes y algunas enfermedades cardiovasculares. En el ámbito emocional y psicológico son más vulnerables de desarrollar depresión, ansiedad, trastornos psiquiátricos más severos, así como autolesiones.
Las imágenes cerebrales nos permiten ver que cuando acontece un trauma se produce como un apagón del cerebro llamado disociación. Se trata de una desconexión de la mente —que se percata del enorme sufrimiento que está aconteciendo o que está por llegar— y del cuerpo. Una paliza, una violación, una imagen de agresividad, una humillación, insultos severos…
La mente evita la verdad y el sufrimiento en pro de la supervivencia.
Tipos de traumas psicológicos
Existen diversas clasificaciones para los tipos de traumas psicológicos dependiendo de en qué etapa de la vida han sucedido, con qué frecuencia y quién o qué fue la causa del trauma. A continuación, se nombran los principales tipos de trauma:
Trauma tipo I
Se trata de un evento crítico único, puntual, como una agresión sexual o un accidente de tráfico. Por lo general no tiene consecuencias o afectaciones en la personalidad a largo plazo. No obstante, puede generar: reexperimentación del evento desagradable (como flashbacks), evitación de situaciones que recuerden al trauma, así como una gran lista de sintomatología que puedes encontrar en el artículo trauma emocional.
Trauma tipo II
Hay un estresor crónico, es decir, sucede de forma prolongada y repetida en el tiempo. Esta característica, además de la sintomatología de trauma tipo I, hace que desarrollemos ansiedad anticipatoria. Puedes sentir un elevado miedo a que pueda volver a ocurrir aquello que te horrorizó. El trauma tipo II provoca que utilices mecanismos de defensa (negación, represión, disociación…) y alteraciones en el desarrollo de la personalidad.
Trauma complejo
Este tipo de trauma (trauma complejo) se refiere a aquellos casos en que el evento es causado por otra persona de forma intencionada. Además, se da durante la etapa de desarrollo infantil-adolescente y de forma continuada y prolongada en el tiempo. De entre todos los tipos de traumas psicológicos este es quizá el más difícil de abordar.
La sintomatología es grave y muy amplia: alteraciones en la regulación emocional, en la atención (por ejemplo, episodios disociativos), somatizaciones (dolores físicos), distorsiones en la autoestima y autoconcepto. También puede implicar alteraciones en las relaciones con el resto y con la persona agresora y cambio en las estructuras de significado, en cómo se ve el mundo.
Otros tipos de trauma psicológico
Los sucesos traumáticos no tienen por qué ser eventos claramente identificados o de características concretas como las anteriormente definidas. Existen otros tipos de traumas psicológicos como los siguientes:
Trauma relacional
Sin necesidad de vivir hechos violentos específicos, un menor puede desarrollar un trastorno debido a un apego inadecuado o experiencias desagradables leves. Estas se dan prolongadas en el tiempo y tienen un valor emocional negativo. Es decir, pequeñas manifestaciones, por ejemplo, de desprecio día tras día de un padre a su hijo pueden desencadenar en sintomatología traumática.
Traumatización secundaria
Este tipo de trauma lo suelen desarrollar profesionales que se exponen a diario a las penurias y sufrimiento de otras personas. Experimentan sintomatología similar a la que se esperaría si hubieran vivido dichos eventos traumáticos.
Que una situación no sea grave o dura para ti, no significa que no lo pueda ser o haya sido para otra persona. No conocemos todo el pasado de quien nos rodea. Por eso, practicar la empatía es imprescindible para mejorar nuestras relaciones y sentirnos con más calma.