LOS CIMIENTOS EMOCIONALES
Durante la niñez suceden acontecimientos que van a marcarnos toda nuestra vida. El cerebro asimila esas situaciones como conocidas —lo vivido en casa se ve como normal— y a esta base estructural que se forma yo la llamo la zona conocida del cerebro. En ella se asientan las bases —los cimientos emocionales— con las que crecemos, y es esa la zona de la mente que hará que detectemos como buenas o malas cosas que posteriormente nos sucedan en la edad adulta.
Los ladrillos —cerebro— y el cemento —el corazón— que configuran en gran parte cómo seremos capaces de querer en el futuro y cómo aprenderemos
a gestionar las emociones se ponen en la edad más tierna.
Imaginemos a alguien que sufrió una infancia donde había un padre alcohólico, unos padres que se hablaban y trataban mal, una niñez en la que se
convivió con agresividad o gritos, donde uno experimentó penurias económicas o una mala gestión del dinero o presenció mentiras y engaños
habituales. Todo ello dejó su poso y ha tenido influencia en quién se ha ido convirtiendo de mayor.
Los ladrillos —cerebro— y el cemento —el corazón— que configuran en gran parte cómo seremos capaces de querer en el futuro y cómo aprenderemos
a gestionar las emociones se ponen en la edad más tierna. Imaginemos a alguien que sufrió una infancia donde había un padre alcohólico, unos padres que se hablaban y trataban mal, una niñez en la que se convivió con agresividad o gritos, donde uno experimentó penurias
económicas o una mala gestión del dinero o presenció mentiras y engaños habituales. Todo ello dejó su poso y ha tenido influencia en quién se ha ido
convirtiendo de mayor.