La tanatología es una disciplina interdisciplinaria que estudia la muerte y los fenómenos relacionados con ella, como el proceso de morir y el duelo. La palabra proviene del griego thanatos, que significa muerte, y logos, estudio.
La tanatología es una disciplina interdisciplinaria que estudia la muerte y los fenómenos relacionados con ella, como el proceso de morir y el duelo. La palabra proviene del griego thanatos, que significa muerte, y logos, estudio.
El DSM-5 presenta una categoría diagnóstica denominada trastorno por duelo complejo persistente (TDCP) que permite establecer diferencia entre el proceso del duelo normal y el complicado. El TDCP se da cuando un año después de la muerte, la persona presenta principalmente los siguientes síntomas, casi diariamente o en grado intenso: anhelo, dolor, preocupación por la muerte del ser querido, dificultades para aceptar la pérdida y recordar aspectos positivos de la persona fallecida, aturdimiento, tristeza, ira, culpabilidad, evitación excesiva de estímulos que recuerden al fallecido o al fallecimiento, autoconcepto negativo, deseos de muerte, sentimientos de soledad, confusión sobre la propia identidad o dificultades para pensar o marcarse proyectos futuros (APA, 2014).
La TCC ha sido ampliamente adaptada a diferentes problemas de salud mental pero se mantiene la estructura del modelo teórico cognitivo propuesto por Beck et al. (2010), quienes argumentan que el organismo humano es un sistema conformado por cuatro subsistemas: cognitivo, fisiológico, afectivo y conductual, mismos que se interrelacionan entre sí, siendo el componente cognitivo el de mayor importancia ya que es el encargado de recibir, procesar y enviar información a los otros subsistemas que hacen que el organismo reaccione a nivel fisiológico y afectivo, y que se comporte de cierta manera, respondiendo a los diversos estímulos a los que se enfrenta.
En esta línea se ha encontrado que la TCC en la atención del duelo complicado demanda de una combinación de técnicas conductuales y cognitivas, siendo las más eficaces la psicoeducación, la restructuración cognitiva, la resolución de problemas y el entrenamiento en habilidades sociales y comunicación asertiva, pues permite a los pacientes enfrentar el dolor de la pérdida y modificar las creencias cognitivas disfuncionales asociadas a la evitación (Boelen et al., 2011; Rosner et al., 2011).
¿Cómo saber que el duelo se ha llevado a cabo?
El duelo finaliza cuando la persona es capaz de hablar del fallecido sin experimentar el dolor y el sufrimiento que caracterizó el
nido del proceso. Cuando, al recordar a la persona que murió, ya no se presentan las siguientes manifestaciones físicas:
• Llanto incontrolable e inconsolable.
• Alteraciones del sueño.
• Desaparecen las sensaciones como el nudo en la garganta, opresión
en el pecho, palpitaciones, etcétera.
• La persona es capaz de vislumbrar su futuro aceptando los retos
que se le presenten.
• Existe interés por la vida.
• Puede planear su vida futura con alegría.
Emocionalmente, podemos observar que la tristeza que se presenta al finalizar el duelo es diferente de la del inicio: la persona ha
cambiado su perspectiva y visión de la vida, lo cual lleva a la madurez.
Las cicatrices que nos dejan estas heridas emocionales no desaparecen jamás; curarlas no significa olvidar, pues la cicatriz nos acompaña durante toda nuestra vida, pero al tocarla no duele con la misma intensidad que cuando estaba abierta.