La teoría del apego de Bowlby
El psicólogo John Bowlby fue uno de los primeros en desarrollar la teoría del apego, una de las más influyentes en el campo de la psicología del desarrollo. Señaló que los niños desarrollan diferentes estilos de apego según las respuestas que reciben de sus cuidadores. No obstante, también puede aplicarse a las relaciones entre adultos, donde las personas pueden experimentar patrones similares de apego basados en sus experiencias pasadas.
Es importante tener en cuenta que el apego es un concepto complejo y multidimensional que involucra aspectos emocionales, cognitivos y comportamentales. Juega un papel fundamental en el desarrollo humano y en la forma en que nos relacionamos con los demás a lo largo de nuestras vidas.
Los niños nacen profundamente dependientes de sus padres. A medida que se hacen mayores, dejarán esa dependencia para ganar en autonomía. La clave, como bien describe Rafael Guerrero, es llegar a ser autónomo siendo antes dependiente. Un niño se convierte en un adulto autónomo si ha sido muy dependiente de sus cuidadores en la infancia. Los padres, al cubrir esas necesidades, van mostrando el camino hacia la autonomía. Parece contradictorio, pero demostrar acercamiento, compañía y afecto a un niño le ayuda a asentar las bases de la seguridad y la autoestima. Cuando no hemos recibido amor de forma sana durante la niñez, a veces intentamos cubrir o tapar ese vacío con relaciones que no nos convienen cuando nos hacemos mayores.
Al no conocer cómo es una relación basada en un amor sano, aceptamos situaciones no recomendables y en ocasiones tóxicas y dañinas. Eso puede desencadenar un gran miedo al fracaso, una baja autoestima e inseguridad a la hora de enfrentarnos a los retos y a la hora de tomar decisiones.
Tras estudiar estas variables, describió tres diferentes estilos de apego:
— Seguro: niños con conductas de exploración activa, que se disgustan ante la separación de su madre, pero que, cuando esta vuelve, tienen una respuesta positiva y se consuelan con facilidad.
— Evitativo: niños que presentan conductas de distanciamiento, no lloran al separarse del progenitor, suelen concentrarse en los juguetes y evitan el contacto cercano. En estos pequeños existe una desconexión de su mundo emocional y parece no importarles que su madre se aleje.
— Ambivalente: niños que reaccionan fuertemente a la separación, presentan conductas ansiosas y de protesta, como llorar y aferrarse. Suelen mostrar rabia, no se calman con facilidad y no retoman la exploración.