"El relator" o "Relatora" de las novelas e integrante de los Exploradores Dinámicos, es un misterio que ahora mismo vamos a resolver.
Relator: (con una voz suave y envolvente) Ah, estás ahí. ¿Te has dado cuenta de que, a pesar de todas las páginas que has pasado, no me has visto jamás? No hay un nombre, ni un rostro en esta historia, porque, querido/a lector/a, no me necesitas. Lo que necesitas eres tú.
Tú: ¿Yo? Pero yo sólo estoy aquí para leer, para seguir la aventura de un relator, de un personaje que me mostrará el camino.
Relator: (riendo suavemente) ¡Oh, la deliciosa ironía! No hay relator aquí, ni personaje que siga un hilo narrativo. Tu curiosidad ha tejido esta trama, este laberinto de palabras donde solo puedes encontrarte contigo mismo. Cada línea escrita es un eco de tus propios pensamientos, de tus viejas dudas.
Tú: Pero… ¿Qué hay de la historia? ¿No hay un principio o un final?
Relator: (con un tono burlón) ¿Dónde están esas fronteras en la vida real? ¿Acaso hay un inicio claro en tu propia existencia? La historia, mi amigo, es un río caudaloso que fluye sin cesar, y tú, como un pez, nadas en sus aguas. Esta novela simplemente es un reflejo, un espejo de tus pensamientos más íntimos.
Tú: Entonces, ¿por qué estoy aquí? ¿Por qué me estoy sintiendo tan perdido/a?
Relator: Porque la pérdida es una parte esencial de tu ser. En la búsqueda de respuestas, te encuentras a ti mismo en cada rincón de la página. Cada duda que brota es una puerta que se abre, y cada pregunta que te haces es una chispa que aviva la llama de tu identidad.
Tú: (pensando) ¿Y si al final no encuentro lo que busco?
Relator: (con suavidad) Ese es el verdadero viaje, ¿no? No hay una meta fija. A veces, el hallazgo más valioso es el camino en sí mismo. Aquí no hay verdades absolutas, solo la libertad de cuestionar, de dudar. ¿Quién dice que el personaje no eres tú? ¿Quién afirma que la experiencia no es válida si acaba en un laberinto?
Tú: (con una nueva perspectiva) Así que, en cierto modo, soy el autor de esta historia…
Relator: Exactamente. Eres el hilo conductor, el protagonista de tu propio relato. Cada decisión, cada reflexión teje el destino que eliges. Así que sigue explorando. Esta novela es solo una invitación a perderse para luego encontrarse.
Tú: (sonríes) Entonces, continuaré. Dejaré que mis pensamientos fluyan con la historia.
Relator: (desvaneciéndose en la penumbra) Perfecto. Recuerda, cada página es tuya, cada palabra resuena en ti. Ahora, avanza. Tu vida secreta apenas comienza.