En la noche tormentosa del 10 de julio de 1856, en un pequeño pueblo llamado Smiljan, en lo que hoy es Croacia, nació un hombre destinado a moldear el futuro. Nikola Tesla, hijo de un sacerdote ortodoxo y una madre ingeniosa que creaba herramientas con sus propias manos, llegó al mundo bajo un cielo iluminado por relámpagos. "Será un hijo de la tormenta", dijo la partera. Y no se equivocaba.
Desde pequeño, Tesla mostró una mente inquieta y brillante. Mientras otros niños jugaban, él imaginaba máquinas que aún no existían. Poseía una memoria extraordinaria y un don para visualizar sus inventos con una claridad tan real que podía construirlos sin planos. Su fascinación por la electricidad lo llevó a desafiar las creencias de su tiempo, embarcándose en una cruzada para dominar los misterios de la energía.
Tesla viajó a Estados Unidos con solo unos pocos centavos y un sueño tan grande como el cielo estrellado. Allí, comenzó a trabajar para el famoso inventor Thomas Edison. Sin embargo, pronto sus caminos se separaron. Tesla creía en el poder de la corriente alterna (CA), una forma más eficiente de transmitir electricidad, mientras Edison defendía la corriente continua (CC). Lo que siguió fue una feroz "guerra de las corrientes", donde Tesla demostró que sus ideas podían iluminar ciudades enteras con menos recursos.
Con el apoyo del magnate George Westinghouse, Tesla electrificó la Feria Mundial de Chicago en 1893, deslumbrando al mundo con su sistema de corriente alterna. Poco después, su visión se materializó en las majestuosas Cataratas del Niágara, donde construyó la primera planta hidroeléctrica a gran escala. Tesla había demostrado que su genio podía transformar la energía de la naturaleza en progreso humano.
Pero Tesla no se detuvo allí. Su mente era un torrente interminable de ideas, muchas de las cuales parecían salidas de un libro de ciencia ficción. Imaginó redes inalámbricas de energía, tecnología que podría transmitir electricidad a través del aire, e incluso dispositivos para comunicarse a largas distancias, ideas que hoy conocemos como radio y Wi-Fi.
A pesar de su genio, Tesla fue un hombre adelantado a su tiempo, y muchas de sus ideas no fueron comprendidas ni financiadas. Vivió sus últimos años en soledad, en un pequeño hotel de Nueva York, alimentando a las palomas, las únicas criaturas que, según él, comprendían su alma.
Nikola Tesla murió el 7 de enero de 1943, pero su legado brilla con más fuerza que nunca. Cada vez que enciendes una luz, usas un teléfono móvil o conectas un dispositivo inalámbrico, estás tocando un pedacito del sueño de Tesla.
Era un hombre que desafió las leyes de la naturaleza, que vio el futuro con una claridad que pocos podían entender. Para los jóvenes de hoy, Tesla es más que un científico; es un símbolo de imaginación, perseverancia y valentía. Porque, como él mismo dijo: "El presente les pertenece a ellos, pero el futuro, por el que realmente he trabajado, es mío".
Si alguna vez te atreves a soñar más allá de lo posible, recuerda a Nikola Tesla, el señor de los rayos, cuya chispa de genialidad aún ilumina el mundo.