Beatriz Sarlo
En Borges, "La incertidumbre sigue allí porque se alimenta de la cualidad que no vacilaría en proclamar típicamente borgeana: como pocos, Borges es el escritor de la ironía."
'En el curso y en el libro analizo esa relación entre pensamiento y literatura que hay en Borges. Él desarrolla como pocos el pensamiento poético y lo hace con un punto de ironía, con escepticismo, precisamente porque sabe que la búsqueda de lo profundo es una tarea que no se cierra', afirma Savater.
Es el único autor importante del que he leído todo lo que ha escrito', dice Savater. 'Empecé con El Aleph y busqué sus libros por todas partes',
'Los dos admitimos esa vocación por la lectura. Lo emocionante es el hecho de leer, el descubrimiento de algunos libros es de las cosas más importantes que me han ocurrido en la vida', cuenta.
'Precisamente los autores desasosegantes son los que nos ayudan más a encontrar la verdad. Causar desasosiego no es malo. La verdad puede estar en lugares diferentes de los que pensamos, nunca en la autocomplacencia', dice.
'Se adelantó a la posmodernidad con su juego de fuentes, con la creación de una erudición inventada, con su utilización de la supertextualidad', explica.
'Juzgar a Borges por sus opiniones políticas sería como hacerlo por sus juicios deportivos. Lo primero con lo que tiene que comprometerse un autor es con su obra', asegura
https://elpais.com/diario/2001/08/29/revistaverano/999036004_850215.html
"En efecto: afrontando el mayoritario dictamen de que la excelsitud literaria de Borges cuenta muchísimo más que las cuestiones filosóficas que ocasional y estéticamente aborda, quiero sostener en lo que sigue que gran parte de dicho atractivo y también de su dignidad estética proviene precisamente del afectuoso contagio que buscan su prosa y su verso en las preocupaciones de la filosofía. Es decir, que lo verdaderamente cierto no es que Borges haga fascinante a la filosofía sino que la filosofía hace fascinante a Borges." F. Savater
Rasgos de Borges: humor, gusto por la brevedad, profundidad disfrazada de ligereza o amable paradoja,
Su obra en verso y prosa, a su modo sobrio y nada enfático, es sutilmente original: un revolucionario sin aspavientos pero sin concesiones. Y sus principales temas son a fin de cuentas los enigmas básicos de nuestra condición humana, -el tiempo, el infinito, la identidad personal, la perplejidad ética- tratados siempre con una suave y eficaz ironia metafisica. Por eso se nos ha hecho imprescindible.
El milagro fundamental logrado por Borges es el de convertir un prototipo del escritor de minorías en autor de masas: lograr que su prosa erudita, alusiva y alegóricamente irónica, complementada por una sosegada poesía metafísica de sesgo arcaizante, resultara pábulo anhelado para una multitud de lectores que jamas perdonarían tales vicios a ningún otro.
Borges ha llegado a serlo todo para todos. En los laberintos y espejos, en los multiplicados tigres de su obra (ya alzados a fetiches literarios redundantes) se acomodan los mas exigentes y los mas populistas
Pocos autores del siglo XX han merecido tantas glosas, paráfrasis y citas, tantos estudios y menciones; de los de lengua castellana, sin duda ninguno.
En estas páginas solo podré contar el efecto de Borges sobre uno de sus lectores: cómo me afectó lo que lei y supe de él, qué deleites o reflexiones le debo, cuál ha sido mi Borges y en qué sentido he quedado transfigurado por su trato, por su contagio .
Intentaré juntamente ser objetivo en los datos relevantes y subjetivo en la consideración que haré de ellos.
« El Aleph ». No puedo decir, como hiperbólica y bellamente afirmo Emir Rodriguez Monegal, que al leerlo «para mi acabo la literatura y empezó Borges» pero sin duda a partir de «El Aleph» ya no volví a concebir la literatura sin Borges. E incluso quizá comenzase a repensarla por completo desde Borges. Todo amor arrebatado (es decir, todo amor) revela un esplendor y plantea un problema: cómo tener acceso a lo amado. En aquellos tiempos del franquismo, los libros editados en Hispanoamérica -que tan esenciales fueron para la formación de los chicos de mi quinta- llegaban a nuestras librerías siguiendo criterios irregulares y caprichosos.
De modo que así fui poco a poco (con una lentitud que entonces me exasperaba pero que ahora se que aumentaba enormemente mi placer) logrando leer «Discusión», «El Aleph», «Otras inquisiciones», la primera «Antología personal» (donde descubrí asombrosamente que Borges componía también poemas) y el resto de los prodigios. No me cansaba, no me hartaba: estaba poseído. Perdonen esta confesión de ingenuidad atroz, pero me pareció haber descubierto a alguien que escribía exacta y estrictamente para mi.
Constituyó durante casi un lustro mi secreto literario, la revelación exquisita que tuve ocasión de hacer a unos cuantos contemporáneos amados como prenda del mayor afecto.
No llegue a estar con él ni media docena de veces, en ese y algún otro viaje sucesivo a nuestro país.
. Y mientras tanto, viendole y escuchandole, yo pensaba que algun dia alguien aun no nacido me envidiaría por haber estado así con el, como yo envidiaba a esos seres dichosos y casi increíbles que tuvieron una vez cerca a Dante en las calles de Florencia o compartieron una pinta de cerveza con Chesterton. En otra ocasión, aun más lastimosamente y solo para hacerle hablar, le interrogue por la influencia que había tenido sobre él tal o cual autor ingles de su preferencia. Me respondió, con una ironía dulcificada por su perfecta cortesía: «Bueno, digamos que no he leído en vano,». No, no leyó en vano. Vivir no es necesario, pero navegar por la lectura si lo es
No olvido, desde luego, esa ultima pagina de El hacedor en la que precisa: «Pocas cosas me han ocurrido y muchas he leído. Mejor dicho: pocas cosas me han ocurrido más dignas de memoria que el pensamiento de Schopenhauer o la música verbal de Inglaterra». Ahora, al hacer memoria de Borges, pocas cosas puedo recordar dignamente salvo la experiencia de cuanto le lei. Y el gozo constante, perdurable, de esa lectura.
« los años que he vivido en Europa son ilusorios, yo he estado siempre (y estaré) en Buenos Aires». (J. L. Borges)
Jorge Luis Borges -que se llamo en la pila bautismal y afortunadamente solo allí Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo- nació en el 840 de la calle Tucuman, ciudad de Buenos Aires, el 24 de agosto de 1899. Su madre, Leonor Acevedo, procedía de familias argentinas y uruguayas tradicionales y era sólidamente catolica. También fue solida en otros aspectos, porque vivió hasta los noventa y tantos anos conservando hasta el final una salud y una lucidez admirables. Sin duda fue la compañía más duradera en la vida de su primogénito Jorge Luis, sobre todo a partir de que la ceguera de este se hiciera completa. Ella se encargaba de leerle, de transcribir sus textos y del resto de los aspectos de su cuidado personal. En uno de sus últimos viajes a Madrid, con más de setenta anos, le preguntamos por su madre y nos comento un poco melancólicamente que se encontraba bien pero como es lógico algo debilitada por la edad: «Ahora ya no puede bañarme».
"Para mí siempre ha sido una compañera -sobre todo en los últimos tiempos, cuando me quedé ciego- y una amiga comprensiva y tolerante. Hasta hace muy poco, fue una verdadera secretaria: contestaba mis cartas, me leía, tomaba mi dictado, y también me acompañó en muchos viajes por el interior del país y el extranjero. Fue ella, aunque tardé en darme cuenta, quien silenciosa y eficazmente estimuló mi carrera literaria." Autobiografía I
Siempre fui miope y usé lentes, y era más bien débil. Como la mayoría de mis parientes habían sido soldados -hasta el hermano de mi padre fue oficial naval- y yo sabía que nunca lo sería,
Su padre, Jorge Guillermo, fue abogado y enseñaba psicología en la Escuela Normal de Lenguas Vivas. Daba las clases en ingles -que era literalmente su lengua materna, pues Frances Haslam, su madre, era oriunda de Staffordshire- utilizando como libro de texto una version abreviada del manual de William James. Según su hijo, era un sosegado anarquista individualista de la escuela de Herbert Spencer. En su esbozo autobiográfico dictado en 1970 , Borges lo rememora asi: «Mi padre era muy inteligente y como todos los hombres inteligentes muy bondadoso. "
Destino,
Se sabe predestinado a la ceguera y a ser escritor cumpliendo el destino literario de su padre cuya ceguera le impidió concretar. Muchos escritores, entre ellos Macedonio Fernández, visitan su casa.
1914, Europa
En Ginebra completa su bachillerato. 1919 pasan por España donde conoce al vanguardista Cansinos Assens
1923, Buenos Aires
Publica Fervor de Buenos Aires, poemas. Aparecen ya los temas de los que Borges nunca se apartarà: el asombro metafìsico de lo cotidiano, la intimidad secreta de la urbe compartida, la memoria de los hechos heroicos y desvanecidos del pasado, la perplejidad de la muerte, los espejos, el enigma del tiempo ...
Se observa la mirada desde el idealismo de Berkeley.
En su regreso a Bs. As. se reencuentra con Macedonio Fernandez. Ciertas de sus teorìas como la del estado de repetición, según la cual no es el segundo inventor sino el primero quien comete el plagio, no dejaron sin dudas indiferente a Borges.
Borges sigue publicando
poesía: Luna de enfrente, Cuaderno San Martín. "olvidadizo de que ya lo era, me propuse ser argentino"
prosas: Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza, Evaristo Carriego, Discusión.
Textos periodísticos: reseñas y biografìa que publicó en la revista familiar El hogar entre 1936 y 1939. También escribió artìculos para la revista Sur.
Primeros relatos se publicaron en el suplemento dominical.
1935, Historia universal de la infamia, Borges puro, lùdico, vivaz.
Hombre de la esquina rosada inaugura la mitologìa borgeana de la exaltación del coraje por el coraje, del coraje estéril y hasta nocivo de cuchilleros, compadritos y malevos. Borges rindió enfático culto a la rama militar de sus ancestros, así como a antiguos reyes ingleses o normandos que supieron pelear y morir heroicamente en ocasiones ilustres. Le interesaba el gesto de arrojo personal.
1936, Historia de la eternidad.
Ironìa del título. Ensayos. Exploración estètica de una idea metafísica, las antiguar literaturas nordicas y el papel de la metáfora.
Lo mejor son las dos notas finales: El acercamiento a Almostatin y Arte de injuriar.
1937, empleo como auxiliar primero en la biblioteca Miguel Cané.
1838, muere su padre.
Estilo de Borges
Capacidad de condensar minuciosamente, de sintetizar intensificando, abreviar y detallar al mismo tiempo
Toque atractivo y juguetón del humor. Humor inteligente
Vivacidad de Borges, casi no tiene líneas inertes.
Escritura portátil
Inaugura una forma de leer convertida en escritura, permanente palimpsesto de toda su obra. Era un lector hedónico, rechazaba cualquier uso penitencial de las obras literarias. En su lectura y su escritura hay un íntimo gozo, el júbilo de quien hace lo que le gusta hacer.
Borges rechaza de sus primeros libros la afectación, el color local, la búsqueda de lo inesperado y el estilo del siglo XVII
Pero ya en los primeros poemas se descubren sus características perdurables: el comercio estètico con temas filosòficos, el uso de la reflexión como fuente de emoción poètica, condensar una doctrina o una biografía en pocas lìneas, el uso magistral de la hipálage, la erudición como retórica amable o misteriosa pero nunca como pedanterìa
Se puede advertir
el goce juguetón en el ejercicio de las letras
deleite de poder ver las palabras escritas
el asombro ante lo familiar
no fue un escritor comprometido, su compromiso era con el lector
Borges era un charmeur, inteligentemente delicioso, sus conferencias tenían el aura de una ceremonia cultural, la celebraciòn vívida de una conciencia intelectual que busca asilo grato en otros.
Su selección personal de textos Borges alcanzó su acmé literario, su plena madurez, en las décadas del 40 y del 50
Ficciones, 1944. Relatos
El Aleph, 1949. Relatos
Otras inquisiciones, 1952. Ensayos
El hacedor, 1960, poemas y prosas breves
Sus 4 mejores libros, los más redondos, más definitivos, más completos y los màs irrevocablemente audaces.
Sabe ser narrativo en sus poemas, poético en sus ensayos y filosóficamente indagatorio en sus cuentos. Convierte en ficciones los géneros literarios.
Acuña unos cuantos mitos: la biblioteca, la lotería, la noticia enciclopédica, el mago, el punto milagroso.
Parábolas narradas sin énfasis excesivo, siempre desde un ángulo levemente irónico que aumenta su capacidad de sugestión.
En cuanto a fuerza narrativa en sentido más tradicional, los dos cuentos que prefiero son Las ruinas circulares y El Aleph.
También:
La lotería de Babilonia
La muerte y la brújula,
Funes el memorioso
La busca de Averroes
La secta del fénix
En los ensayos de Otras inquisiciones tiene un estilo concentrado y epigramático, con un humorismo tajante, una adjetivación cuya precisión se convierte en desconcertante originalidad.
Borges no sólo se preocupa de lo que un escritor o pensador dice, sino sobre todo de lo que nos dice, de la interacción que suscita con quienes lo leen. Su arte estriba en leer de manera inusual, descentrada, desde un sutil cambio de perspectiva. Sus notas despiertan invariablemente el apetito de leer, su voz es contagiosa.
Los poemas de El Hacedor optan por la rima y un cierto aire conservador. Descarta las orgías jeroglíficas. Escribe
Ajedrez
Blind Pew
El otro tigre
Borges y yo (prosa)
Septiembre de 1955, Golpe militar, derrocamiento de Perón.
Lo nombran director de la Biblioteca Nacional, pero los mèdicos le prohiben leer y escribir para no agravar su ya avanzada ceguera.
Destino paradójico que repite lo sucedido con otros directores de la BN: Paul Groussac, José Mármol
Empieza el momento gratificante de la memoria.
"Creo con firmeza que para escribir bien hay que ser discreto"
Exito internacional, se funda en su calidad propulsada por un premio (Formentor 1961) y otro que no consiguió (el Nobel)
Ficciones y otras obras fueron traducidas. Se convirtió en icono de todas las culturas. Viajes, conferencias. La ceguera lo llevó a cultivar la poesìa, abandonar el verso libre en favor de la métrica clásica. Debe recurrir a la memoria. "El verso rimados es portàtil. Uno puede caminar por la calle o viajar en subterràneo mientras compone y pule un soneto, ya que la rima y el metro tienen virtudes mnemotecnias"
El otro, el mismo 1964
Poema conjetural
El Golem
El otro tigre
Al vino
El alquimista
Borges, mujeres inspiradoras
Cuentos, El informe de Brodie (1970), prosa sencilla, historias de corte naturalista.
El duelo
El otro duelo
La señora mayor
La intrusa
Evangelio según San Marcos
Quizás la auténtica irrupción de Borges como mentor lùdico del pensamiento en la segunda mitad del siglo XX ocurrió en 1966, cuando Michel Foucault inició su primera obra famosa Las palabras y las cosas declarando ·Este libro , nació de un texto de Borges" (El idioma analitico de John Wilkings, ensayo de Otras Inquisiciones
Ultimo tercio de su vida, viajes a lugares conocidos por la literatura que leyó: EEUU (la aceptación contribuyò a su hipóstasis como escritor universal), Inglaterra, Irlanda, Alemania, Italia, Suecia, París, Japón, Islandia, Escocia, Egipto, España.
Pasó a convertirse en un fetiche popular, el Borges hablado desplazó al escritor sin la precisión exigente de sus textos. El Borges creador no es oral sino escrito. Algunas entrevistas nutrieron su leyenda negra y trivializaron su imagen: "Espero ser juzgado por lo que he escrito, no por lo que he dicho o me han hecho decir".
1973, peronismo, renuncia a la Biblioteca Nacional
1975, su madre queda postrada y muere a los 99 años. Publica El remordimiento.
1975, La rosa profunda (poemas), El libro de la arena (cuento fantàstico) Borges y yo, El otro, 25 de agosto de 1983, Ulrica (ùnico cuento decididamente erótico), There are more things, El congreso.
El Nobel se quedó sin Borges.
Continuó activo y lúcido hasta el final
La moneda de hierro, Historia de la noche, La cifra, Los conjurados (poemas)
Nueve ensayos dantescos
86 años, Biblioteca personal, escribe 74 prólogos: siempre el encanto del enfoque. Sin encanto no hay Borges
Muerte: 14 de junio de 1986, Ginebra, Suiza
"El alivio que tú y yo sentiremos en el instante que precede a la muerte, cuando la suerte nos desate de la triste costumbre de ser alguien y del peso del universo."
El alivio que habrá sentido César en la mañana de Farsalia, al pensar: Hoy es la batalla.
El alivio que habrá sentido Carlos Primero al ver el alba en el cristal y pensar: Hoy es el día del patíbulo, del coraje y del hacha.
El alivio que tú y yo sentiremos en el instante que precede a la muerte, cuando la suerte nos desate de la triste costumbre de ser alguien y del peso del universo.
En Los conjurados (1985)
Cementerio de Plainpalais donde está enterrado Borges
Mi escritor favorito, maestro de la ironìa metafísica, sonrisa irónica de nuestro desconcierto metafísico.
Temas filosòficos presentes en las obras de Borges: la infinitud de los mundos, los arquetipos platónicos, el yo ilusorio, las paradojas del tiempo.
Borges carece de filosofía propia y solo se interesa por esas notables ideas acuñadas por otros con motivos estèticos o lúdicos. "Yo he usado la filosofía, la metafísica como instrumento literario. No soy un pensador. Creo que soy incapaz de pensamientos propios".
Las preguntas filosóficas no son meros problemas sino cuestiones vitales en las que estamos total y perdurablemente implicados, no tanto como sujetos de conocimiento, sino como personas, preguntas que nos constituyen como humanos. Las respuestas a preguntas filosòficas nunca cancelan las preguntas, sirven para mantenerlas abiertas. Los filósofos dudan.
Humorismo reflexivo..
Borges contempla las grandes construcciones especulativas no como productos refinados del uso lógico de la razón, sino por el contrario como obras maestras de la imaginación.
"Yo he compilado alguna vez una antología de literatura fantástica [...], pero delato la culpable omisión de los insospechados y mayores maestros del género: Parménides, Platón, Juan Escoto Erígena, Alberto Magno, Spinoza, Leibniz, Kant, Francis Bradley. En efecto, ¿qué son los prodigios de Wells o de Edgar Allan Poe [...] confrontados con la invención de Dios, con la teoría laboriosa de un ser que de algún modo es tres y que solitariamente perdura fuera del tiempo?"
El eclecticismo de Borges es consecuencia de un radical y poético escepticismo, una toma de postura especulativa. El escepticismo borgiano no absolutiza ni la misma propensión a la duda: la punzante capacidad de descreer no le lleva invalidar la propuesta de creencias tentativas.
"Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso." Jorge Luis Borges: Avatares de la tortuga
Por medio de una sonrisa, jugar en serio. La filosofía es juguetona. Nadie jugó tanto literariamente y tan en serio como Borges.
Ahora somos los lectores quienes debemos contestar por él., a partir de él . Estas páginas han sido mis respuesta desde la fidelidad a lo que causó placer. Porque también es un placer y casi un remedio para conocer los quilates y los meandros de lo irremediable.
Borges, poseído por la literatura, hechizado por cuentos y tratados.
La literatura como unico secreto es ela clave de la obra de Borges. Constante presencia de objetos literarios en sus pàginas: libros, bibliotecas, citas, referencias eruditas, comentarios...
Motivo central LA DUPLICACIÓN. La literatura es el doble del mundo real. El tema del doble aparece bajos todas sus formas y todos sus matices. El principio de duplicación se realiza en Borges mediante la recurrencia a 3 ceremonias:
ceremonia del ESPEJO, forma de la duplicación: Groussac, Borges, Funes. Los espejos son los símbolos.
ceremonia del LABERINTO, camino se bifurca en otro, que se bifurca en otro. Reiteración de duplicaciones. El prototipo es la ciudad o la biblioteca (la palabra duplica la cosa), cada patio de la fervorosa Bs. As. El laberinto es nuestra relación con los espejos
ceremonia de la IMAGO MUNDI (representación del mundo). Puntos privilegiados, concentración de perspectivas, un objeto que duplica el mundo en un solo punto aboliendo el espacio y el tiempo. El Aleph, el Zahir, el libro infinito (el libro de arena). Duplicación no discursiva, el universo entero. La plenitud del significado sin la mediación.
Debemos habernos mudado pronto al suburbio de Palermo, porque tengo recuerdos tempranos de otra casa con dos patios, un jardín con un alto molino de viento y un baldío del otro lado del jardín. En esa época Palermo -el Palermo donde vivíamos, Serrano y Guatemala- era el sórdido arrabal norte de la ciudad, y mucha gente, para quien era una vergüenza reconocer que vivía allí, decía de modo ambiguo que vivía por el Norte. Nuestra casa era una de las pocas edificaciones de dos plantas que había en esa calle; el resto del barrio estaba formado por casas bajas y terrenos baldíos. Muchas veces me he referido a esa zona como “barriada”. En Palermo vivía gente de familia bien venida a menos y otra no tan recomendable. Había también un Palermo de compadritos, famosos por las peleas a cuchillo, pero ese Palermo tardaría en interesarme, puesto que hacíamos todo lo posible, y con éxito, para ignorarlo. No como nuestro vecino Evaristo Carriego, que fue el primer poeta argentino en explorar las posibilidades literarias que tenía allí al alcance de la mano. En cuanto a mí, no era consciente de la existencia de los compadritos, dado que apenas salía de casa.
En casa hablábamos indistintamente en español o en inglés. Si tuviera que señalar el hecho capital de mi vida, diría la biblioteca de mi padre. En realidad, creo no haber salido nunca de esa biblioteca. Es como si todavía la estuviera viendo. Ocupaba toda una habitación, con estantes encristalados, y debe haber contenido varios miles de volúmenes.
Mi padre era muy inteligente y como todos los hombres inteligentes muy bondadoso. Una vez me dijo que me fijara bien en los soldados, en los uniformes, en los cuarteles, en las banderas, en las iglesias, en los sacerdotes y en las carnicerías, ya que todo eso iba a desaparecer y algún día podría contarle a mis hijos que había visto esas cosas. Hasta ahora, desgraciadamente, no se ha cumplido la profecía. Mi padre era un hombre tan modesto que hubiera preferido ser invisible. Aunque se enorgullecía de su ascendencia inglesa, solía bromear sobre ella. Nos decía, con fingida perplejidad: “¿Qué son, al fin y al cabo, los ingleses? Son unos chacareros alemanes”. Sus ídolos eran Shelley, Keats y Swinburne. Como lector tenía dos intereses. En primer lugar, libros sobre metafísica y psicología (Berkeley, Hume, Royce y William James). En segundo lugar, literatura y libros sobre el Oriente (Lane, Burton y Payne). Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música. Cuando ahora recito un poema en inglés, mi madre me dice que lo hago con la voz de mi padre. También me dio, sin que yo fuera consciente, las primeras lecciones de filosofía. Cuando yo era todavía muy joven, con la ayuda de un tablero de ajedrez, me explicó las paradojas de Zenón: Aquiles y la tortuga, el vuelo inmóvil de la flecha, la imposibilidad del movimiento. Más tarde, sin mencionar el nombre de Berkeley, hizo todo lo posible por enseñarme los rudimentos del idealismo.
"Para mí siempre ha sido una compañera -sobre todo en los últimos tiempos, cuando me quedé ciego- y una amiga comprensiva y tolerante. Hasta hace muy poco, fue una verdadera secretaria: contestaba mis cartas, me leía, tomaba mi dictado, y también me acompañó en muchos viajes por el interior del país y el extranjero. Fue ella, aunque tardé en darme cuenta, quien silenciosa y eficazmente estimuló mi carrera literaria." Autobiografía I
Siempre fui miope y usé lentes, y era más bien débil. Como la mayoría de mis parientes habían sido soldados -hasta el hermano de mi padre fue oficial naval- y yo sabía que nunca lo sería,
Fue en la ciudad de Paraná donde Fanny Haslam conoció al coronel Francisco Borges. Ocurrió en 1870 o 1871, durante el sitio de la ciudad por los montoneros de Ricardo López Jordán. Borges, montado a caballo al frente de su regimiento, comandaba las tropas que defendían la ciudad. Fanny Haslam lo vio desde la azotea de su casa; y esa misma noche organizaron un baile para celebrar la llegada de las tropas gubernamentales de relevo. Fanny y el coronel se conocieron, bailaron, se enamoraron y con el tiempo se casaron.
De chico le oí contar a Fanny Haslam muchas historias sobre la vida de frontera de aquellos tiempos. Una de ellas aparece en mi cuento “Historia del guerrero y de la cautiva”. Mi abuela había hablado con varios caciques, cuyos nombres algo burdos, me parece, eran Simón Coliqueo, Catriel, Pincén y Namuncurá. En 1874 -durante una de nuestras guerras civiles- mi abuelo, el coronel Borges, encontró la muerte. Tenía entonces cuarenta y un años. En las complicadas circunstancias que rodearon su derrota en La Verde, envuelto en un poncho blanco, montó un caballo y seguido por diez o doce soldados avanzó despacio hacia las líneas enemigas, donde lo alcanzaron dos balas de Remington. Fue la primera vez que esa marca de rifle se usó en la Argentina, y me fascina pensar que la marca que me afeita todas las mañanas tiene el mismo nombre que la que mató a mi abuelo.
Fanny Haslam era una gran lectora. Cuando ya había pasado los ochenta la gente le decía, para ser amable con ella, que ya no había escritores como Dickens y Thackeray. Mi abuela contestaba: “Sin embargo yo prefiero a Arnold Bennett, Galsworthy y Wells”. Cuando se estaba muriendo, a la edad de noventa años, en 1935, nos llamó a su lado y en inglés (su español era fluido pero pobre), con aquella voz débil, nos dijo: “No soy más que una vieja muriéndose muy, muy despacio. Eso no tiene nada de notable ni de interesante”. No veía ninguna razón para que toda la casa se alterara, y se disculpó por tardar tanto en morir.
Una tradición literaria recorría la familia de mi padre. Su tío abuelo Juan Crisóstomo Lafinur fue uno de los primeros poetas argentinos, y en 1820 escribió una oda a la muerte de su amigo el general Manuel Belgrano. Uno de sus primos, Álvaro Melián Lafinur, a quien yo conocía desde la infancia, era un destacado “poeta menor” y logró entrar en la Academia Argentina de Letras. El abuelo materno de mi padre, Edward Young Haslam, dirigió uno de los primeros periódicos ingleses en la Argentina, el “Southern Cross”, y se había doctorado en Filosofía o en Letras, no estoy seguro, en la Universidad de Heidelberg. Haslam no tenía medios para matricularse en Oxford o Cambridge, de modo que fue a Alemania, donde consiguió su título después de hacer todos los estudios en latín. Finalmente murió en Paraná.
Mi padre escribió una novela, que publicó en Mallorca en 1921, sobre la historia de Entre Ríos. Se llamaba El Caudillo. También escribió (y destruyó) un libro de ensayos, y publicó una traducción de la versión de FitzGerald del poema de Omar Khayyam en la misma métrica del original. Destruyó un libro de historias orientales -a la manera de Las Mil y Una Noches- y un drama, Hacia la nada, acerca de un hombre desilusionado por su hijo. Publicó además algunos buenos sonetos al estilo de Enrique Banchs.
Desde mi niñez, cuando le sobrevino la ceguera, se consideraba de manera tácita que yo cumpliría el destino literario que las circunstancias habían negado a mi padre. Era algo que se daba por descontado (y esas convicciones son más importantes que las cosas que meramente se dicen). Se esperaba que yo fuera escritor.
Empecé a escribir cuando tenía seis o siete años.
Recordar mis primeros años escolares no me produce ningún placer. Para empezar, no ingresé a la escuela hasta los nueve años, porque mi padre -como buen anarquista- desconfiaba de todas las empresas estatales. Como yo usaba lentes y llevaba cuello y corbata al estilo de Eton, padecía las burlas y bravuconadas de la mayoría de mis compañeros, que eran aprendices de matones.
Mi primera experiencia verdadera de la pampa se produjo allá por 1909, durante un viaje a la estancia de unos parientes que vivían en las proximidades de San Nicolás, al noroeste de Buenos Aires. Recuerdo que la casa más cercana era una especie de mancha en el horizonte. Descubrí que esa distancia desmesurada se llamaba “la pampa”; y cuando me enteré de que los peones eran gauchos, como los personajes de Eduardo Gutiérrez, adquirieron para mí cierto encanto. Siempre llegué a las cosas después de encontrarlas en los libros.
Autobiografía (1899-1970) , Cap. I
Título Original: Autobiographical Essay, 1970
©1970, Borges, Jorge Luis
©1970, The New Yorker
Traductor: Marcial Souto y Norman Thomas di Giovanni
Buenos Aires, El Ateneo, 1999
https://borgestodoelanio.blogspot.com/2014/11/jorge-luis-borges-familia-e-infancia.html